Debate

La democracia más allá del voto

Para la autora, la democracia está deteriorada; las elecciones han ido perdiendo credibilidad y el voto ya no tiene el mismo valor que antes.
domingo, 15 de abril de 2018 · 00:00

Florencia A. Ávila Terzo Estudiante de Ciencia Política UCB-La Paz

Cuando se habla de democracia, generalmente se asume que con el hecho de escoger a las autoridades mediante el voto popular  ya estamos ejerciéndola en su totalidad, cuando en realidad esta es solamente una de las características de la misma. La democracia se basa fundamentalmente en el respeto; respeto a los derechos civiles, personales y privados, respeto al equilibrio de poderes, respeto y reconocimiento a los partidos políticos, respeto a los ciudadanos y sobre todo respeto a la ley. 


“El voto en realidad es icónico, no hace a la sustancia. En estos años de democracia que tiene Bolivia  han habido avances, pero también retrocesos. Porque cantidad es más votos, más movimientos sociales, más instituciones, pero no es democracia. La cantidad debe ir de la mano de la calidad y eso es lo que debemos de tener en claro” (Ricardo Paz, 2016). 


La democracia se ha ido deteriorando en nuestro país, el actual Gobierno, que llegó al poder por vías democráticas, hoy en día se ha apoderado de ella, utilizándola solamente como disfraz a para todos sus actos de corrupción y para mantenerse eternamente en el poder, sin respetar en lo absoluto el régimen bajo el que los bolivianos hemos decidido vivir. Incluso se dan el lujo de afirmar que Bolivia nunca en su historia ha vivido una era de democracia tan próspera como esta, cuando a nivel internacional nos encontramos entre los países menos democráticos de América Latina. 


Si nos ponemos a hacer un análisis de la actualidad, la situación es alarmante. Para empezar, las elecciones han ido perdiendo credibilidad. El voto popular ya no tiene el mismo valor que tenía antes.

Es decir, “legalmente” sí, pero poniendo los pies sobre la tierra  se ha formado todo un sistema impresionante de corrupción por detrás. 


Parte de las urnas son siempre reemplazadas, muchos de los votantes están presionados o han vendido su voto, y quién sabe con certeza que otros mecanismos existan por debajo. 


Pero aquí también surge otra cuestión todavía más fuerte, si después de todos sus esfuerzos, la elección no resulta favorable para el Gobierno, pues simplemente no se la respeta y punto, claro ejemplo es el caso del referéndum del 21 de febrero. 


Así mismo, no hay fuentes de equilibrio, la independencia de poderes está de adorno, ya que el Presidente los controla casi en su totalidad, lo que hace que pierdan su valor y, sobre todo, sus funciones. 


La gran argumentación de nuestro Presidente es que  “la independencia es un invento del imperialismo y que debemos acabar con este de una vez”, entonces, ¿esto nos lleva a acabar con la democracia también?


Tampoco existe respeto por la libertad de expresión, hay quienes han sido oprimidos por pensar diferente al MAS. Ni qué decir del manejo y control de los medios de comunicación, que cada vez le pertenecen más al Gobierno. Poder expresarte libremente hoy en día  ya no es una vía segura. 


En todos estos casos de corrupción uno lógicamente podría acudir al respaldo de la ley, pero lamentablemente también es exclusivamente de uso de nuestros gobernantes, que se apoyan en ella cuando les conviene, como también la ignoran cuando no les es tan favorable.

 
En conclusión, valoramos el voto sobre otros aspectos más importantes de la democracia. La vida democrática sin tolerancia, sin reconocimiento de los otros, de sus opiniones, no tiene sentido. 


Independientemente de la ideología bajo la cual nos manejemos, debemos luchar porque ésta se respete, no dejar que nadie nos la arrebate, porque finalmente la democracia es y será siempre nuestra única manera de defender nuestra libertad.

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