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Gabriel Loza propone un tipo de cambio programado para el país

En  Bolivia: crisis externa y política cambiaria  Loza propone un tipo de cambio que se mueva de forma gradual y que anticipe las expectativas del nivel que va a tener a lo largo de una determinada trayectoria.

Gabriel Loza propone un tipo de cambio programado para el  país

Francisco Pereira / Página Siete. Gabriel Loza es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.

María Ortiz García  / Inversión
 
Las letras que inundan las páginas de  Bolivia: Crisis externa y política cambiaria, el nuevo libro del economista Gabriel Loza, buscan abrir un debate en torno a la necesidad de levantar el ancla del tipo de cambio nominal, que se mantiene fijo desde el 2011;  y entre ellas el autor propone un tipo de cambio programado que ayudaría a Bolivia a enfrentar los persistentes déficits de balanza de pagos en cuenta corriente, así como la caída de las reservas internacionales.
 
Para amortiguar los desequilibrios externos que viene afrontando el país en 2015 y 2016, (con probabilidad de que continúe en los próximos años), Loza deja la puerta abierta a nuevas opciones de política cambiaria, con el fin de que el costo del ajuste no recaiga sólo en las reservas internacionales, que han bajado de 15.000 millones en 2014 a 10.000 millones en la actualidad.
 
"Tenemos un buen colchón (en cuanto a nivel de reservas), pero este colchón cada vez es menor; es decir, nos ha permitido nuestros ahorros, tener un buen nivel, pero hemos ido perdiendo esos ahorros. La pregunta es: ¿hasta cuándo va a durar ese colchón?”, cuestiona el experto.
 
Lo que recomienda Loza es que, dado que las reservas internacionales aún están en niveles favorables para absorber el shock de balanza de pagos en cuenta corriente, y antes de que disminuyan más, se levante el ancla al tipo de cambio fijo y se establezca un régimen de tipo de cambio "flexible pero programado”.
 
Según Loza, este tipo de régimen preanunciado reduciría la incertidumbre, puesto que anclaría las expectativas cambiarias y de inflación de antemano al establecer una meta específica del tipo de cambio oficial en forma periódica, otorgando así  un cierto equilibrio a la economía.
 
Más competitividad
 
Asimismo, según explica Loza, este régimen incrementaría los ingresos en moneda nacional de las exportaciones tanto del sector público como del privado, por lo que haría a Bolivia más competitiva de cara al mercado exterior.
 
Hasta ahora, la estabilidad en el tipo de cambio ha beneficiado a los importadores, dado que los precios de los productos han permanecido bajos y, en consecuencia, ha beneficiado a los consumidores bolivianos, mientras que los exportadores y los productores nacionales que compiten con las importaciones han sido los más perjudicados con este tipo de régimen, revirtiéndose esta situación en un mediano plazo con la propuesta que hace el autor.
 
"Pero esto es gradual. Va a ser un proceso que vaya moviendo poco a poco el tipo de cambio hasta que realmente constituya un incentivo para poder competir con nuestras exportaciones y con la producción nacional”, apostilla el economista.
 
"Bolivia tiene una capacidad de financiamiento externo muy buena (...). Lo que tenemos que hacer es que esa capacidad de financiamiento pueda orientarse a los sectores exportadores para aumentar las divisas y que compitan con las importaciones”, continúa y alerta que otra opción, la que según él parece seguir el Gobierno, es no mover el tipo de cambio y seguir endeudándose.
 
Aún con todo esto, el economista sostiene que existe cierta reticencia por parte del Gobierno a dar este salto, ya que la modificación en el tipo de cambio tiene un efecto sobre la inflación y, por ende, supondría un reajuste de los salarios de los trabajadores.
 
"Si caemos en eso no sirve de nada haber modificado el tipo de cambio, porque lo que ha ganado el exportador  vía incremento del ingreso de exportación lo pierde vía aumento de costos”, apunta Loza.
 
Por ello, el tipo de cambio del que habla el economista se movería poco a poco, sin caer en las fluctuaciones que tienen lugar en las economías de mercado plenamente flexibles, donde el tipo de cambio lo determina en un grupo de agentes económicos con poder.

Medidas complementarias
 
En su libro, Loza también sugiere algunas medidas complementarias a cierto tipo de situaciones que podrían derivarse de levantar el ancla cambiaria y que podrían llevar a la experiencia post 1985.
 
Para evitar que las minidevaluaciones programadas afecten de manera severa a la bolivianización, el objetivo es consolidar la moneda nacional en un contexto de suaves y anunciados movimientos del tipo de cambio.
 
Según explica el autor, probablemente, al moverse el tipo de cambio se tendería a un aumento en los depósitos en moneda extranjera, como una reacción natural, empero un desincentivo es la tasa de encaje diferenciada en dólares y si se mantiene una tasa de interés pasiva en dólares que sea menor a la tasa en moneda nacional, incluyendo la devaluación esperada o programada, esta reacción se estima que sea pequeña.
 
"Va a haber una tendencia de ir hacia el dólar pero va a ser poco significativo mientras el Gobierno emita, por ejemplo, los bonos del Banco Central a una tasa que incluya la variación que podría suceder en el tipo de cambio a lo largo del año”, enfatiza Loza.
 
Como conclusión, y en referencia al prólogo del libro, escrito por el también ex presidente del Banco Central de Bolivia, Juan Antonio Morales, Loza destaca cómo dos economistas que han estado en administraciones diferentes tienen "muchos puntos de consenso” y "preocupación por lo que pasa en la economía boliviana”, algo que se debería extender a todo el país, para hacer ver que existen opciones para enfrentar la crisis externa.
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