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Empresas Públicas deficitarias

Empresas Públicas deficitarias
Miguel Ángel Marañón Urquidi es economista.

 

Los últimos días salió la noticia que las Empresas Públicas registraron (al mes de abril de la presente gestión) un déficit de 1.841 millones de bolivianos;  aunque el título de la presente puede ser bastante tendencioso, es preferible analizar los hechos en su real dimensión.
 
Para empezar, debemos hacer notar que existen ingresos y egresos corrientes, además de ingresos y egresos de capital.
 
Los ingresos corrientes son las acciones administrativas propias de las empresas, generadas por la venta de productos o servicios a la cual se dedican las empresas públicas, como por ejemplo la venta de hidrocarburos en el caso de YPFB. De la misma manera, los egresos corrientes son aquellos recursos asignados para producir el bien o servicio;  así tenemos el pago de sueldos, pago de servicios básicos como luz, agua y otros, con la particularidad de que dentro de estos gastos están las regalías e impuestos que están destinados a gobernaciones, municipios y universidades. 
 
La diferencia entre los ingresos y los egresos es lo que genera el superávit o el déficit. De acuerdo con  los datos obtenidos durante los cuatro primeros meses, el déficit corriente fue de 12 millones de  bolivianos (ingresos por valor de 13.422 millones de bolivianos y egresos por valor de 13.434 millones de bolivianos).
 
Si observamos los egresos por regalías e impuestos sobre hidrocarburos, éstos alcanzan los 1.008 millones de bolivianos. Este egreso corriente es el pilar fundamental de las inversiones en gobernaciones, municipios y universidades. Por su parte, los  pagos de tributos (3.223 bolivianos) también son ingresos importantes para el Estado, y de igual modo se distribuyen a las entidades beneficiarias.
 
Los ingresos y egresos de capital están relacionados con las inversiones que realizan las empresas y sus respectivos pasivos y patrimonios. En el caso de las empresas públicas, como ingresos de capital están las donaciones y transferencias de capital, tanto externas como internas. Entre los egresos de capital tenemos las inversiones en activos reales, tales como edificios, equipamiento y maquinarias; es en este rubro en el que se genera el "alarmante déficit”, ya que los ingresos alcanzaron a 489 millones de bolivianos y los egresos a 2.318 millones de bolivianos. La diferencia, de 1.829 millones de bolivianos,  es financiada mediante crédito interno.
 
Este déficit entre ingresos y egresos de capital  también se da en iniciativas privadas, es lo que popularmente nos dicen "los primeros años del negocio siempre hay pérdidas”, y ésta se encuentra en directa relación con el retorno de la inversión, la cual se recupera de acuerdo con  la tasa de rendimiento, que en la mayoría de los casos dura entre ocho y 12 años.
 
En este aspecto no se debe satanizar la participación del Estado en la administración de empresas. Evidentemente, el Estado por naturaleza debe estar más inclinado a lo social que al lucro comercial o financiero, pero no olvidemos que en la década de los años 90 y la primera década del 2000, las empresas transnacionales enajenaban las regalías e impuestos a los hidrocarburos para un mayor beneficio empresarial.
 
Bajo la premisa del premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz (uno de los principales críticos de la globalización y del neoliberalismo), los dogmas rígidos de la economía ya no tienen cabida en la economía moderna. Los países latinoamericanos que siempre hemos obedecido los lineamientos del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y otras entidades, no nos trajeron nada bueno; por ello es recomendable que la actual participación del Estado en la economía sea más dinámica, para obtener mejores resultados que beneficien a la mayoría de los bolivianos.
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