¿Fase de declinación o de recuperación?

domingo, 10 de septiembre de 2017 · 12:00:00 a.m.

Mirada global / Gabriel Loza Tellería es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.

 

 
El ritmo de la actividad económica no tiene a través del tiempo, medido en trimestres o en años, un comportamiento lineal y plenamente estable, sino que está sujeto a fluctuaciones. El arte de los economistas será tratar de explicar qué factores producen esas variaciones con la finalidad de predecir su comportamiento futuro y recomendar medidas de política económica para corregir o atenuar dichas oscilaciones.
 
Donde no existe consenso es en tratar de establecer ciertas regularidades en dichas fluctuaciones, las cuales corresponderían a un comportamiento de carácter cíclico, con claras fases periódicas de auge y declinación. 
 
Para una parte de los economistas, los ciclos económicos son variaciones en el ritmo de crecimiento del PIB que se producen de manera repetitiva en el tiempo. Así, si se observa la evolución durante un largo periodo del ritmo de crecimiento del PIB, se puede observar cómo va describiendo ondas con cierta regularidad, donde cada onda corresponde a un ciclo económico.
 
En la evolución a largo plazo del PIB se pueden distinguir cuatro fases. La primera de ellas, la tendencia,  es la dirección que presenta a largo plazo. En segundo lugar, los ciclos económicos, que son desviaciones que se producen de la tendencia y que se repiten con cierta periodicidad. Suelen durar varios años. En tercer lugar, las variaciones estacionales, movimientos recurrentes que se producen en cada ejercicio. Y, por último, las variaciones aleatorias, que son variaciones de carácter irregular.
 
Donde existe mayor discrepancia es en determinar un periodo de duración de los ciclos. El profesor Samuelson decía que "el ciclo económico es una oscilación de la producción, el ingreso y el empleo de un país, que suele durar entre dos y 10 años y que se caracteriza por una expansión o contracción general de la mayoría de los sectores de la economía”.
 
En el caso de Bolivia, parece que ha sorprendido tanto al propio Gobierno como a la oposición la tasa de crecimiento acumulada del PIB al primer trimestre  de 2017, que fue de 3,3%, en un contexto en que las previsiones para cada uno de los últimos años rondaban el 5%.
 
Con base a los datos disponibles en el sitio web del Instituto Nacional de Estadística (INE), para el periodo contemplado desde el primer trimestre de 2010 al primer trimestre de 2017, observamos en el gráfico un ciclo corto de tres años  (2010-2012) que se inició paradójicamente con una tasa de 3,2% en enero de 2010 y alcanzó un máximo de 6,2% en el primer trimestre de 2011. Luego, encontramos un ciclo más largo  que iría por el quinto año y que tuvo una tasa de crecimiento más alta, del  7,1% en el tercer trimestre de 2013, para declinar hasta registrar por ahora la tasa del 3,3%, la más baja después de 27 trimestres. 
 
Otra discrepancia se refiere a la causa de la declinación del ciclo entre monetaristas y keynesianos sobre si es debido principalmente a un alza en la tasa de interés o, lo que Keynes creía, debido a "un colapso repentino de la eficiencia marginal  del capital”, es decir, el rendimiento del capital.
 
En Bolivia salta a la vista la relación entre fase de declinación de la actividad económica trimestral y el declive del índice promedio trimestral de los precios de los commodities a partir del tercer trimestre de 2014, asociado al desplome de los precios del petróleo. Sin embargo, los precios de exportación empezaron a recuperarse  en el tercer trimestre de 2016, por lo que la continuación de la desaceleración del PIB estaría más relacionada con otros factores, entre ellos el shock de demanda de gas del Brasil.
 
La pregunta del millón es si ya hemos tocado piso en la desaceleración del PIB y empieza la recuperación, pero a mi juicio sería para alcanzar una tasa del 4% cercana al del producto potencial.
 
La política anticíclica aplicada fue la fuerte expansión del gasto fiscal, generando déficit fiscales crecientes en los tres últimos años, debido a elevados niveles de inversión pública.
 
Empero, surgen dos preocupaciones. Por un lado, si la inversión pública es la variable dinámica del crecimiento de la economía, ¿por qué su bajo nivel de ejecución? Según el VIPFE, era un 32,5% a julio de 2017. Por otro lado, sería conveniente conocer un indicador de la Eficacia Marginal del Capital, o los rendimientos del capital invertido en los proyectos de inversión pública, en especial en las empresas públicas. 
 
Debería ser la hora de cosechar el tremendo esfuerzo realizado en las empresas estatales.
 
La continuación de la desaceleración del PIB a partir de 2016 estaría más relacionada con factores como el shock de demanda de gas del Brasil.