Memoria e identidad. Sopocachi en sus escritores y artistas

El proyecto Tras la memoria de Sopocachi, que corona en estos días su esfuerzo con la exposición fotográfica: “Sopocachi: memorias de un espacio singular 1900-1980”, abierta en el Espacio Simón I. Patiño, da pie para rescatar y reivindicar la faceta artística y literaria del barrio de Julio de la Vega, la Segunda Gesta Bárbara y tantos otros artistas e intelectuales.
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Memoria e identidad. Sopocachi en sus escritores y artistas
Fotos: Proyecto Tras la memoria de Sopocachi.Una vistade la calle Fernando Guachalla.
Memoria e identidad. Sopocachi en sus escritores y artistas
La familiaCajías de La Vega al ingreso del Montículo.
domingo, 23 de abril de 2017 · 00:00

Martín Zelaya Sánchez

"Ya no te tocó el refugio dominguero”, le dice Julio de la Vega a Huáscar Cajías de la Vega. De un sopocacheño a otro, de tío a sobrino, ambos -para seguir con don Néstor Portocarrero- con mil y un "sueños juveniles”1  vividos en los derredores del Montículo.
  
"¡Sopocachi! Escribiendo / en serenata para ser cantada / con voces de silencio / y para ser tocadas por cuerdas esparcidas / de respuestas que separan / en ruidos de bocinas / y llantas distendidas / de arenas estancadas / y de ruedas frenadas. / No lo viste o no querías verlo / porque exclamaba ¡Sopocachi!”2.

Dice el mito urbano que La Paz, en la literatura, es ladera, Cementerio, Chijini o Periférica. Que de una bodega en la zona Norte, al cementerio de elefantes; que de los prostíbulos de Villa Fátima o Churubamba, a los recovecos de la Buenas Aires... Romanticismo puro, ficción.
 
Imágenes preconcebidas.

En los alrededores de la peatonal Florida, en Buenos Aires; en La Habana Vieja de la capital cubana, o en la inconfundible Coyoacán mexicana. Borges, Lezama Lima o Frida Kahlo. Sí hay zonas inevitablemente ligadas a sus personalidades. ¿Y en La Paz? ¿Qué barrio puede identificarse más con el arte, la literatura, la bohemia? El Sopocachi de Cecilio Guzmán de Rojas, claro. De Flavio Machicado  o María Esther Ballivián. De Marina Núñez del Prado, Gilberto Rojas, Walter Solón Romero, Guillermo Viscarra Fabré, Enrique Arnal…  

"Este es el más paceño de los parques, con ocultos vericuetos, con misteriosos senderos que suben y bajan, y con una plazoleta circular, abierta a las montañas del sur, donde se ofrece el más imponente panorama que imaginarse pueda”3. 

Así describe Jaime Saenz al Montículo por el que Julio de la Vega fue y vino infinitas veces durante más de medio siglo, tropezándose quizás al salir y entrar de su casa con Huaqui y sus nueve hermanos Cajías -escritores, antropólogos, fotógrafos, historiadores, textileros…- que correteaban por la vieja plazuela, quién sabe -tal vez los mayores- entre los apurados pasos de Gustavo Medinaceli, Armando Soriano Badani y otros cultores de la Segunda Gesta Bárbara, crucial episodio de las letras bolivianas en buena parte gestado en las empinadas y empedradas calles de Sopocachi.

Y más abajo, en la hoy celebérrima calle Goitia, doña Yolanda Bedregal, también por aquellos días, en la medianía del siglo pasado, no dejaba -me imagino- de escribir poemas y prosas, sin por ello escatimar su tiempo para apuntalar la vida artística y cultural paceña… a veces en el atelier de Gil Imaná e Inés Córdova en la calle Aspiazu, a veces, tal vez, en la imponente casa-taller de Alfredo La Placa o, de pronto, en alguno de los cafetines que recreaban los reputados locales parisinos y españoles. 

¿No se habrán cruzado por ahí, alguna vez doña Yolanda, su amiga Marina Núñez, o incluso el maestro Juan Rimsa que frecuentaba la Escuela de Bellas Artes en la Rosendo Gutiérrez?
 
¿Habrán coincidido, tal vez, con el  Toqui  Borda que vivió un tiempo en la Belisario Salinas, donde hoy está instalado un boliche con motivos rockeros? Y hablando de rock  y, por ende, renovación, también la posterior tertulia literaria paceña se mantuvo en Sopocachi como campo de acción en los 60, 70 y 80. Pregún-tenle a Humberto Quino o Julio Barriga, por un lado. O a Jaime Nisttahuz, Édgar Arandia y Adolfo Cárdenas, por otro. Antes del Bocaisapo o los boliches "marginales”, la noche de la bohemia paceña giraba en torno a las plazas Abaroa y España. Y claro, la Carrera de Literatura en los límites mismos del barrio, a pasos del Monoblock, también aportó a consolidar este carisma.

Entre una y otra de estas generaciones y etapas, quién sabe, éstos y otros personajes -Jesús Urzagasti, yendo y viniendo del periódico a su morada en un pasaje a trasmano; Óscar Cerruto, corriendo de su casa a Cancillería; o las orureñas asentadas en La Paz  Hilda Mundy y Alcira Cardona  tuvieron que esquivar más de una vez a Manuel Monroy, el  Papirri, que nunca dejó de meter goles en los imaginarios arcos del fútbol callejero a un costado del muro del Cine 6 de Agosto, en aquel pasaje en el corazón del barrio donde poco después empezó a puntear la guitarra y apuntar letras y acordes que no tardarían en consolidarlo como el trovador paceño per se de las postrimerías del siglo XX e inicios del siguiente.

El viejo Cine 6 de Agosto… -¿art decó?, ¿art nouveau?- que se salvó con las justas de convertirse en templo, primero, o en edificio después, como no ocurrió, tristemente, con la mayoría de las bellas casonas que alguna vez fueron obra de arte forjada durante décadas en la agreste hoyada.

"(…) bajando la 6 de Agosto y doblando hacia la calle Aspiazu, uno sabe, sin lugar a dudas, que está entrando en una zona muy especial en la cual, pese a los megadesastres de los últimos tiempos, se respira una intimidad, una armonía, una coherencia urbana que difícilmente pueden ser encontradas en ninguna otra parte de la ciudad”4.

Así refleja, mejor que nadie, el maestro Juan Carlos Calderón, el devastador panorama arquitectónico, ¿acaso la amenaza mayor al patrimonio cultural de Sopocachi? Tal parece. Y ya lo advertía Saenz hace 40 años: 

"Esta zona residencial de La Paz tiene un extraordinario encanto, con extensas y bien cuidadas avenidas, con árboles ornamentales y con amplios y acogedores parques, en cuya intimidad, en espacios umbríos, se puede respirar aire puro -y este encanto precisamente, si aún conserva su lozanía, es porque el desmedido impulso del progreso todavía no se ha manifestado en su verdadera magnitud, aunque sus estragos han se puesto ya de manifiesto en la forma de altísimos edificios, los cuales vienen a romper la armonía y a deteriorar la atmósfera y el paisaje de la ciudad toda, y no solo ya de Sopocachi…”5.

Encuentro esta cita de Miguel Sánchez-Ostiz: 

"…me acuerdo ahora mismo de la arquitectura interior y exterior del edificio de la CAF, en la avenida Arce, de sus patios de luces, visitado en compañía de su arquitecto Juan Carlos Calderón, un apasionado de Frank Lloyd Wright, cuyas obras marcan el centro paceño. Pienso en la ciudad caótica vista al atardecer desde su alto estudio de la plaza Isabel la Católica, donde reina un orden meticuloso, el de quien sigue dibujando a mano su ciudad vivida y soñada…
 
Pienso también en otro de sus edificios, el de la Alianza Francesa, en Sopocachi, en La Comédie, un restaurante del pasaje Medinaceli, donde almorzamos con una amiga de Julio Cortázar que había vivido en Nueva York; pienso en esa otra La Paz tan poco indígena originaria, la de raíces criollas, y pienso en la maravillosa casa en Sopocachi, de Alfredo La Placa, maestro de la abstracción boliviana…”6. Sopocachi cosmopolita.

Sopocachi del Gastón Ugalde y su universo de sal. Del Mario Conde -siempre de paso y solo por los boliches-. Del Juan Conitzer, correteando de niño y rumiando arte y literatura, de mayor.
 
Sopocachi de presentaciones, inauguraciones, lanzamientos, conversatorios y encuentros. De la plaza Abaroa antes de que se proscriban las guitarras. Del Equinoccio, del Socavón y del Thelonious -otro mártir de los rascacielos. "Sopochaki”, de las salteñas, chorizos y cebiches.
 
Sopocachi preembarque al centro -preludio y remanso ante el caos-. Sopocachi, puerta de entrada a La Paz.

  1 Néstor Portocarrero (La Paz, 1905-1948), compuso el tango Illimani que en una de sus estrofas dice: "Sopocachi de mis sueños juveniles, / 15 abriles quién volviera hoy a tener, / Miraflores mi refugio dominguero / solo espero a tu regazo volver…”.

 2 De la Vega, Julio. "Para Huáscar Cajías de la Vega”, en Poesía completa. Gente Común. La Paz, 2008. Pág. 372.

 3 Saenz, Jaime. "El Montículo”, en Imágenes paceñas. Plural, Segunda edición. La Paz, 2012. Pág. 69. 

4 Fragmento de un texto de Juan Carlos Calderón que forma parte de la exposición "Sopocachi: memorias de un espacio singular 1900-1980”.

5  Saenz, Jaime. "Sopocachi”, en Ob. Cit. Pág. 67.

6 Sánchez-Ostiz, Miguel. Chuquiago. Libro inédito de próxima publicación.

 

Memoria y vida

El proyecto Tras la memoria de Sopocachi, conformado por la Fundación Flavio Machicado, la Organización Cultural Sopocachi y el Espacio Simón I. Patiño, -con las gestiones de sus respectivas cabezas: Cristina Machicado, Carlos Martínez y Michela Pentimalli-, junto a otras instituciones a las que se suman vecinos y profesionales sopocacheños, exsopocacheños, amantes de este barrio… trabajan desde hace ya algún tiempo con el objetivo de recuperar, concienciar y promover el patrimonio tangible e intangible del barrio. Y es en ese marco que hace algunos días pusieron en marcha el colofón de un anhelado proyecto. "Sopocachi: memorias de un espacio singular 1900-1980”, una muestra que hasta inicios de junio abrirá en la sala del Espacio Patiño. Cientos de imágenes familiares, cotidianas -las más valiosas- de la zona acaso más querida de  La Paz de la modernidad, están al alcance de los visitantes, gracias a un esfuerzo conjunto propiciado desde el portal www.sopocachi.org/proyecto-memoria/

Las citadas instituciones aportaron fotografías de sus repositorios, y decenas de vecinos se sumaron, entendiendo todos el propósito mayor: mantener viva la memoria de Sopocachi, para reactivar su presente y garantizar su futuro. Las fotografías que ilustran estas páginas y la portada de LetraSiete  provienen de este valioso portal.

 

Por el alma de Sopocachi

Gabriela Keseberg Dávalos  / periodista y politóloga

Ser parte del proyecto Memoria de Sopocachi ha sido una experiencia hermosa. No solo por las bellas fotos que los vecinos nos han mandado para la exposición y el efecto sorpresa de verlas, sino porque también tuvimos la oportunidad de charlar con muchos antiguos habitantes del barrio y escuchar historias de antaño, viajando así en el tiempo, pero sin salir de las calles y plazas sopocacheñas.

Me sorprendió, por ejemplo, descubrir que hasta los años 40 las casas no tenían muros "porque nadie robaba”; o enterarme que la plaza España era antes una laguna en la que los niños jugaban incansablemente los fines de semana. Ni qué hablar de la vida artística y cultural… la lista de personajes talentosos e intelectuales que caminaron por estas calles es muy larga.

Escuchando los relatos sobre cómo ha cambiado el barrio y la vida de los vecinos, no pude evitar preguntarme qué historias podré contar yo a los jóvenes sopocacheños dentro de 30 años…
 
¿Cómo se verá el barrio en ese entonces?...   ¿Valdrá la pena que conozcan mis recuerdos, lejos ya del romanticismo del Sopocachi de inicios y mediados del siglo pasado? 

Viejos y jóvenes concordamos en que Sopocachi actualmente se encuentra ante una encrucijada.
 
Aún mantiene mucho de sus orígenes y esencia que tanto lo distinguieron, no solo en lo arquitectónico, sino también en el carácter. Pero también es evidente que la irrefrenable aparición de edificios modernos, más funcionales que estéticos, empieza a afectar seriamente la identidad de esta bella zona… "Adefesios, no edificios”, solía decir mi mamá. 

La Paz fue nombrada una de las siete ciudades maravilla del mundo. Este es un gran honor, un reconocimiento que significa responsabilidad y a la vez oportunidad. Responsabilidad de todos por mantener esta ciudad como lo que aún es: una maravilla; oportunidad de hacerla aún más especial y de atraer turismo y negocios que signifiquen fuentes de trabajo y mejor calidad de vida.

Tener un barrio que tiene carácter y que es conocido por sus galerías, museos y cafés; por sus restaurantes, pubs y espacios alternativos… pero sobre todo por sus personalidades e historia, significa una ventaja invaluable. Potenciar Sopocachi como destino turístico dentro de La Paz, y apoyar viejas y nuevas propuestas culturales debe ser una prioridad de todos, así como conservar su rasgo de barrio residencial y cultural, y evitar que oficinas y comercios se propaguen y lo conviertan en un espacio muerto en las noches y los fines de semana.

Aún estamos a tiempo. No es solo suerte que muchos artistas aún -jóvenes y veteranos- busquen abrir nuevos espacios en este barrio antes que en otros. No es por azar que sea este barrio el que reciba a muralistas de varios países y les brinde sus paredes para que se expresen.
 
No es casualidad que sea de las pocas zonas de La Paz cuyas calles tienen placas explicativas sobre sus nombres, sus monumentos, sus casonas patrimoniales. Y no es accidental que a muchos extranjeros les guste vivir acá, precisamente porque hay vida, hay arte, hay ideas, hay un espíritu de barrio.

El desafío colectivo, no solo de los sopocacheños, sino de todos quienes viven en La Paz, es ayudar a mantener y fomentar estas características en tiempos en que al parecer los más casi no se interesan en construir sus casas o negocios con estética, con gusto, con sentido… en tiempos en que se pierden espacios verdes sin remordimiento, y se pierden -por los famosos "adefesios”- las hermosas vistas que inspiraron a pintores, poetas y músicos.

¿Cómo podemos ayudar a que no se pierda este espíritu único? Para empezar, apoyando las iniciativas culturales, asistiendo a las propuestas de teatro y música en lugares como El Desnivel, el nuevo Kusikuy, Magic-k, el Espacio Simón I. Patiño, las Flaviadas y muchos otros. Apoyando a las galerías y pequeños museos, curioseando en nuestro propio entorno, re-descubriendo las propuestas que tenemos en el barrio, muchas a muy bajos costos e incluso gratis.

¿Por qué no va a ser posible mantener viva el alma de Sopocachi, para que dentro de 30 años los jóvenes que escuchen las viejas historias aún se reconozcan en las calles y plazas de este barrio?