Etcétera

Crisis existencial en la Academia Sueca

La elección del Nobel de Literatura 2018 está en peligro por primera vez después de la Guerra. Carlos Decker-Molina escribe de los problemas y desafíos que enfrenta la institución literaria que otorga anualmente ese reconocimiento.
Crisis existencial en la Academia Sueca
Crisis existencial en la Academia Sueca
domingo, 22 de abril de 2018 · 00:00

Carlos Decker-Molina periodista boliviano que radica en Suecia

Krackelera es una palabra sueca que explica muy bien lo que está pasando al interior de la Academia de literatura que discierne el Nobel de las letras. La traducción de krackelera es crepitar.


En una cerámica mal cocida o un viejo cuadro de óleo aparecen líneas quebradas, luego se convierten en grietas que se hacen profundas y al primer golpe exterior se produce la rotura. Es justamente lo que está pasando con la Academia Sueca.


Nació en 1786, gracias al rey Gustavo III que bien interpretó su tiempo, el conocimiento se estaba imponiendo poco a poco sobre la creencia religiosa. El modelo fue la academia francesa y el mensaje: “Fomentar el uso del idioma sueco”, cumple su cometido publicando tres diccionarios y, a pedido de Alfred Nobel, discierne el premio Nobel de Literatura, además de otros como el Premio Nórdico de Literatura, da estipendios y becas. 


Los dineros son los heredados de Nobel, pero, tiene inversiones mobiliarias no sólo en Suecia. El Estado se ha dado dispensas impositivas y –aquí lo interesante– nadie sabe a cuánto llega la fortuna de la Academia, porque nació con unos estatutos donde el secreto es el factor principal que se enfatiza en el proceso de la elección del Nobel.


El hermetismo de la Academia es caldo de cultivo de rumores y conjeturas propias de instituciones que se cubren con el velo de la tradición monárquica. Después de 232 años sus integrantes, por lo menos algunos, parecen personajes de Shakespeare o semidioses del olimpo griego.


En la ola de #metoo el diario DagensNyheter hizo una investigación y descubrió que hay 18 mujeres que acusan al marido de una académica de violación y acoso sexual. El sátiro es Jean-Claude Arnault y la esposa Katarina Frostenson (extraordinaria lírica).


Con dineros de la Academia, el francés y su esposa crearon Forum, un centro cultural donde se habrían producido los desaguisados sexuales. Una de las víctimas escribió una carta al entonces secretario permanente Sture Allen (1986-99) la víctima no recibió respuesta. Luego de Allen el secretario permanente fue Horace Engdalh (1999-2009) tampoco tomó en cuenta la acusación, en cambio se declaró no sólo amigo de Arnault (los académicos tienen derecho a la amistad) sino su admirador debido a “la calidad humana e intelectual”.


Informado por su mujer, Arnault sabía con cierta anticipación quién iba a ser el Nobel del año, está acusado de haber filtrado, en varias ocasiones, el nombre del galardonado.


Luego de Engdalh fue elegido Peter Englund (2009-15) secretario permanente, le sucedió Sara Danius, la primera mujer en la historia de una Academia. 


Sara Danius no pudo evitar el silencio al que estaba acostumbrada la Academia y compareció ante la prensa y prometió una investigación, al mismo tiempo ratificó que el acusado Arnault había hecho “aproximaciones muy privadas a esposas e hijas de algunos académicos”. 


La Academia contrató un estudio jurídico. El acusado negó las acusaciones a través de su abogado, naturalmente Arnault es inocente hasta que no se pruebe lo contrario.


Hace un par semanas el estudio jurídico sugirió interponer una denuncia a la Policía, pero, por malos manejos económicos en Forum regentado por Arnault. El estudio jurídico, por otra parte, sostuvo que algunas de las denuncias contra Arnault están prescritas, otras deben ser llevadas a tribunales por las víctimas.


La Academia se reúne los jueves, hace un par de semanas se inició la deconstrucción. Una mayoría se negó a denunciar a la Policía sobre los malos manejos económicos. Los dineros entregados a Jean-Claude Arnault pueden ser considerados como nepotismo o prevaricato, puesto que su esposa es académica y como tal votó a favor de la ayuda financiera, mejor “no meneallo” (El Quijote).


Los académicos no son 18 como establecen los estatutos, tres abandonaron hace años por que la Academia se negó a solidarizarse con Salman Rushdie. En la última reunión el grupo que se negó a denunciar a la Policía se opuso también que Katarina Frostensson abandone sus tareas académicas, ese hecho produjo la protesta airada de tres académicos (Peter Englund, KlasÖstergren y KjellEspmark) que abandonaron la institución y “destaparon la olla del amiguismo”. Gracias a ellos se conocen estos entretelones relatados aquí. Pero, la cereza de la torta fue una publicación del exsecretario Horace Englad, quien acusó a la secretaria permanente Sara Danius de ser la menos competente de la historia de la institución. 


Días después, Sara Danius convocó a una reunión –se dice– tormentosa. La consecuencia fue su destronamiento del secretariado, entonces decidió abandonar la Academia. “Para equilibrar” pidieron a Katarina Frostensson abandonar su trabajo en la institución, lo que implica que la Academia esta reducida a 11 miembros. De acuerdo con los estatutos el mínimo es 12, o sea que la elección del Nobel de Literatura 2018 está en peligro por primera vez después de la Guerra en que se suspendieron las premiaciones.


El rey Carlos Gustavo, que fue  informado y es el “protector de la institución”, abrió la posibilidad de cambiar los estatutos. La prensa en general sugiere una academia abierta y transparente. La solidaridad con Sara Danius es total en la prensa, la cultura y en sectores políticos, estos últimos muy “oportunistas”, pues nada tienen que ver con el entuerto académico.


El prestigio mundial del Nobel de Literatura ha sido, probablemente, esa calidad de “semidioses” que supieron darse los académicos. 


Personalmente pienso que habrá Nobel 2018, será la prueba de fuego para recobrar una parte del prestigio perdido, pero, la reconstrucción institucional  es necesaria y puede que tarde 10 o 20 años.

Expertos en literatura y excelentes escritores hay y muchos que pueden modernizar el trabajo.


El #metoo sueco ha eliminado a dos mujeres, una por ser la mujer de un acusado de acoso y violación y la otra por intentar abrir una compuerta de una institución hermética y patriarcal.  
 

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