Lectura

A propósito de la obra reunida de Jorge Suárez

Para la autora, la palabra es en la poesía del escritor paceño la clave que registra y prolonga al infinito el instante vivido y el espacio habitado.
A propósito de la obra reunida de Jorge Suárez
A propósito de la obra reunida de Jorge Suárez
domingo, 13 de mayo de 2018 · 00:00

Rosario Quiroga de Urquieta Escritora

Con la preparación y el ordenamiento  del crítico y ensayista Luis H. Antezana la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB)  editó Jorge Suárez. Obra reunida que ya fue presentado el mes pasado en Sucre.

Jorge Suárez, nacido en La Paz, de trayectoria cultural y literaria que transcurrió entre la poesía, la narrativa y el periodismo, mostró en todas esas facetas una intensa sensibilidad e indiscutible capacidad intelectual que quedan registradas en una prolífica producción. 

La lectura de la obra literaria de  Jorge Suárez es disfrutar de la emoción del espíritu y de la mente, es el goce de la vida convertida en belleza. Es reafirmar nuestra fe en la palabra como don y como compromiso, más aún ahora en que soplan vientos de acordes contradictorios en un espacio hipertecnológico, ultraconsumista y de falaz euforia comunicacional. Las utopías y el idealismo ya no logran encarnar en lo humano y caen en el vacío.

La literatura en el nuevo milenio debe enfrentar la revalorización de la palabra como desafío a la sentencia que expresara el poeta mexicano Eduardo Milán, quien dice: “El siglo XXI es el siglo de la descalificación  de la palabra”. Precisamente la investigación sobre la importancia de la palabra ha sido una de las claves para entender la literatura del siglo que termina.

“¿Y si después de tantas palabras no sobrevive la palabra?”, fue la pregunta que hizo cierta vez el poeta César Vallejo y  que ahora cobra mayor significación ante un contexto social, cultural y humano cada vez más objeto de las técnicas de seducción masiva donde el lenguaje es sometido a grandes tensiones.

Citamos estas  consideraciones  sobre el destino de la palabra a propósito de la obra de   Jorge Suárez, quien fue un enamorado de la palabra.

En su práctica poética él eligió el soneto, forma clásica de difícil manejo que muy pocos, en nuestro medio literario, han logrado concretarlo en expresión de contenido, forma  y belleza.

Respecto a esta forma de expresión poética el poeta Antonio Terán Cavero, sonetista de admirable producción  decía: “El soneto es un excelente ejercicio de la palabra que exige al poeta el trabajoso arribo a la belleza de fondo y forma”. Cierto, sí. En esta difícil estructura poética cada verso es un verdadero trabajo artesanal y Jorge Suárez lo logró.

A propósito, compartiremos algunas consideraciones que surgieron después de la lectura de Sonetos con infinito.

El tiempo revelado 

La palabra, aquel misterio inefable, a veces claro, a veces oscuro, es en la poesía de Jorge Suárez la clave  que registra y prolonga al infinito el instante vivido y el espacio habitado; es también la posibilidad de eternizarse en el tiempo por el momento mágico del acto escritural.

Con sobrada intención el primer poema de Sonetos con infinito está dedicado a la palabra y dice:

 “Vienes de lejos, como el agua vienes / mojando permanentes arenales / y sólo en mi ternura te sostienes /  Clave de luz, oruga de cristales, 

Corazón  aterido que te vienes / En el rocío de los madrigales / vienes de lejos, pero te contienes / en hondos veneros torrenciales,

Tu blancura polar canta en mis sienes;  / la resonancia de tus manantiales / se despeña en mi oído; te detienes / ante mis ojos como dos fanales / de pluvial inminencia y sólo tienes / para precipitarte mis trigales / así yo voy a ti, así tú vienes”.

Las palabras tienen para el poeta un eco que retorna a su ser profundo para nombrar el momento preciso y proyectarlo al infinito en el espacio y el tiempo. Palabra y creación poética crecen alentadas en un acto de fe que fusiona y armoniza la dualidad de los perpetuos sentimientos de la desesperanza y la ilusión, de la vida y la muerte, de la soledad y la comunicación.

 En el soneto Caminante lo escuchamos decir: “Fiel monólogo, lengua demorada / en la miel del recuerdo, pero en vano: /  todo recuerdo es un licor lejano / y toda evocación es siempre nada”. Aquí el poeta  desengañado siente la inutilidad de la evocación. Sin embargo, en el poema A una hoja de papel expresa todo lo contrario: “Mi biografía viva en tus marfiles /  blanca paloma ……… / Terríficos, febriles / sobre tu nieve rasgo los reptiles de mi escritura: / desconcertados en el manuscrito los moscardones grises de la pena /  zumban al caracol del infinito”.

Por el acto escritural el poema está henchido  de vida. La memoria y el recuerdo posibilitan la trascendencia más allá de la muerte.

Jorge Suárez y la inmortalidad 

El proceso creativo humano, en todas sus manifestaciones artísticas, responde al ansia del alma en su necesidad de eternidad. De ahí que obras y autores lleguen al mundo con su carga esperanzadora de prolongarse en el tiempo por encima de corrientes, movimientos y modas que se manifiestan en la época que les toca vivir.

El poeta Jorge Suárez vive consciente de estar hecho para el olvido. Que su tiempo es ligero, es efímero. Que apenas vive los chispazos del presente y sólo siente el pasado que lo condena a la nostalgia. 

En los dos primeros cuartetos del soneto Poeta Viejo, dice:

“Ay, vas rompiendo con la frente el día, / te va incinerando, paso a paso; / tu angustia es alba rota y al acoso; / sigues siendo una brasa todavía.

“Paso que das es paso de agonía / y postrero pelear, tu topetazo / pasas quemando, desde tu fracaso, / restos de sueño, trozos de alegría”.

La temporalidad  y en ella la trascendencia es la preocupación esencial de su  poética. De ahí que, cual sea el motivo o el tema que elija, siempre hay en sus poemas el desafío a la imperturbable visión fragmentaria del futuro, desafío al que se enfrenta con la magia de la palabra poética que le  abre las compuertas a la eternidad.

En Otoño, donde las metáforas y los símbolos giran alrededor de  la errancia y el puerto, dice:

“Ahora que te vas por el espejo hacia el ayer / retorna el olvido, como la luz al día repetido / y el fulgor de la vid al vino viejo.

Te da el espejo el último reflejo / de lo que fuiste y ha permanecido / lo que perdura fiel de lo que has sido / oro que fue vivaz es oro viejo………

Que no te hieran más / que no te ultrajen rayos del devenir / yo sólo quiero eternizada en el cristal tu imagen”.

Sonetos con infinito es un libro  que contiene poemas que son lo que su autor quiso que fuesen: tiempo revelado hasta la eternidad, hasta el infinito.