Poesía

El corazón de Atacama y Santa Cruz en clave poética

Mercado reseña Escritos poéticos, la obra póstuma del poeta chileno Renato Parada Allende, recopilada por sus hijos y presentada recientemente en Santa Cruz.
El corazón de Atacama y Santa Cruz en clave poética
El corazón de Atacama y Santa Cruz en clave poética
El corazón de Atacama y Santa Cruz en clave poética
domingo, 20 de mayo de 2018 · 00:00

Isabel Mercado Periodista

Renato miraba los árboles y sentía sus olores. Renato tocaba la viola y sentía a Brahms. Renato escribía y sentía al poeta. 

En Escritos poéticos, el breve texto que hace pocas semanas se presentó en Santa Cruz de la Sierra en un sencillo y emotivo acto en el Café Lorca, estuvieron presentes amigos e intelectuales, pero sobre todo la familia de Renato Parada, el autor, el poeta, que había soltado amarras de Bolivia en 1979 para nunca más volver.

Esta que fue una partida dolorosa para quienes los conocieron y amaron en aquellos años, también fue una pérdida para Renato, para quien los llanos, los arenales, los bichos y los sabores cambas estuvieron tatuados en su ADN de tal manera que sus vástagos no pudieron librarse de esa herencia y volvieron al lugar, a este punto simbólico de partida, a honrar su memoria y presentar, póstumo, su poemario.

Renato Parada Allende nació en Santiago de Chile en 1942, en su firma se advierte la raíz auténticamente camba y chilena de su estirpe. Fue arquitecto y músico, fue un intelectual y sobre todo un poeta que encontró su lugar como el narrador de otro poeta -el que mira, el que recorre el mundo, el que reflexiona sobre su lugar en él- para legar una obra profunda, cuestionadora, de preciosura estética y de un inocultable espíritu de nobleza y sinceridad. De hermandad latinoamericana, también.

 

“Tiempo sin vernos, Poeta. 
Así es.
Dónde has estado, qué caminos has andado
Qué huellas has dejado en la tierra, el mar, 
las estrellas.
¿Qué has sembrado y cosechado?
¿Ha sido fértil y generosa tu semilla?
¿Has descubierto el amor? ¿Sus secretos
pasiones nostalgias?”.

Renato Parada compuso estos escritos “por amor a lo que viví como a lo que será”, en un viaje de varias décadas trazado entre los años 1972 y 2008. Con la palabra instalada en el corazón como un megáfono, pregunta y se pregunta, origen y destino, la armonía del universo, la cercanía de lo lejano, el tiempo interminable. En estos escritos es posible desenhebrar el sonido de su alma, de la música hecha viola en un cuarteto de cuerdas. Desnudo como el desierto donde eligió quedarse para siempre.

El corazón de Atacama (su desierto) y el de Santa Cruz (su llano) se mezclan en sus poemas. Santa Cruz, la tierra paterna para Renato y también para sus hijos, es dibujada casi con onomatopeya, con una nitidez que transporta, como también transportan sus referencias a Bahía Inglesa, en pleno desierto, el lugar del mundo que elegía siempre para renovar el compromiso con la vida.
Sobre Santa Cruz:
 
“A mis espaldas llega el surazo.
América por dentro es una planicie como el mar”.

Y sobre Bahía Inglesa:
Cuando desde el fondo del mar
llega la marejada a Bahía Inglesa
hay un leve giro de una galaxia lejana:
entonces varan los ostiones
Al recogerlos
un acto mío completa la armonía del universo”.

Volver a Santa Cruz, prole completa, después casi 40 años es remover sentimientos, revivir escenas, imágenes, afectos. Para mí, que cuando niña lo veía como entre nubes, como acompañando por ahí cuando conocí el mar; como el papá de mi amada y siempre extrañada Alejandra; como el que llevó a mi ojos y a mi paladar por primera vez esos ostiones de los que habla su obra, en un retazo de playa de ese norte chileno que siempre será a mis ojos el más lindo del mundo, su obra es una revelación. 

Leer que detrás de ese pater familias tan entrañable del que también heredé, no sé cómo, un librito de Neruda, es como constatar que la esencia es siempre premonitoria, y que en ese buen hombre solo podría vivir un buen poeta.

Escritos poéticos es, por lo demás, una obra exquisita, editada con amor y cuidado, que nos permite atisbar en el sentir de la generación de Renato Parada, de los que creyeron con el alma en una América Latina libre. 

“Poeta vigía del alba, no están cansados tus ojos.
¿Qué esperas? Duerme profundo, siempre mañana es
mañana. Y con ello todo lo que fue ayer
se confundirá en el sueño cuando sepas
que tú no estás sobre la tierra, 
más bien flotando en la pureza de tus humildes
realidades cotidianas.
Soñarás que todo recién empieza.
Y también que la vigilia no era necesaria.
Lo verás mañana, cuando tu primera mirada
sea iluminada por los rayos del sol.
Sin más, vete, que este afán no es otra cosa”.

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