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Un Retrato Incompleto de la Mujer

Un Retrato Incompleto de la Mujer
Un Retrato Incompleto de la Mujer
Un Retrato Incompleto de la Mujer
domingo, 20 de mayo de 2018 · 00:00

Luci Araníbar Periodista

Un retrato incompleto de la mujer en el mundo y submundo de la novela Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa.  Cinco esquinas, ¿una novela de erotismo o suspenso? Destino o casualidad; ironía o karma ¿Cuál el tema propuesto por el autor?

Tiene un estilo sencillo, poco común de las novelas previas escritas por este autor.  El ritmo de esta novela es ágil, dándole un sentido de inmediatez y de continuidad perfecta para mantener el suspenso.  Es creíble visto desde la parte histórica de la época de la dictadura de Fujimori y ahí el mérito de la novela, en cuanto ésta es una pequeña instantánea sacada de una realidad histórica del Perú de comienzos de los años 90.  Es así que el autor sabe cómo canalizar la trama en una novela de suspenso dentro de ese momento histórico en el Perú.

Dos mundos, donde uno de ellos es el submundo de la prensa amarilla y el submundo dentro de la política de Fujimori en los comienzos de los años 90 en Lima, Perú.  Dos mundos y un difunto que el autor entrelaza en un entuerto astutamente entretejido, donde el suspenso mantiene al lector casi hasta el final del libro.

Cinco esquinas puede fácilmente confundirse con una más de las novelas eróticas de las que el autor tiene tanto en su pasada bibliografía. Sin embargo, el lector se deja engañar por ese inicio erótico que muy pronto lo dirigirá hacia la intriga, el poder y el crimen organizado. Cinco esquinas es, entonces, más que una novela erótica, una novela histórica de suspenso.

El semiretrato de la mujer

La novela tiene tres mujeres centrales y dos tipos de mujer bastante estereotipados.  Dos mujeres –Chabela y Marisa– descritas ambas como personas de cuerpo lindo, de alguna forma estilizadas.  Chabela, esposa del abogado, tal vez la más linda y de mejor cuerpo porque hace referencia al gimnasio.  Marisa es linda y rubia.  Si no fuera por los nombres, ambas parecen la misma: sienten casi lo mismo y piensan lo mismo.  Marisa, por su nombre y por ser rubia parecería un poco más pulida que Chabela. El lector “debe” suponer que vienen de buena cuna aunque el autor no aclara procedencia alguna.

Tanto Chabela como Marisa no parecen tener pasado. No hay mayor descripción de sus vidas.  Viven el momento.  ¿El futuro? Todo indica que simplemente creen que la vida no cambia para ellas.  Todo está bien y todo seguirá bien. Chabela menciona los raptos, pero no da la impresión de una verdadera preocupación, es más, se menciona más cómo el marido es el preocupado.  Ambas son dos personajes relativamente superfluos, si no fuera por la hermosa descripción del amorío en el que se envuelven ambos personajes, al comenzar el primer capítulo. En esos tiempos de dictadura, terrorismo, crímenes al orden del día, es muy poco creíble que dos mujeres de familia tengan tan poca preocupación sobre su entorno y las consecuencias.  La novela las muestra como el típico estereotipo de la mujer acomodada, no tienen nada que decir ni pensar y están tal vez tan aburridas porque lo tienen todo, no tienen que buscar algo más, algo desconocido, algo prohibido, como en este caso: una relación entre ambas.

Ambos personajes son muy ligeros y faltos de consistencia en relación a otros personajes. Mientras ambas van descubriendo esos nuevos placeres y sentimientos por la otra, no hay una intención de mostrar una cierta capacidad de culpabilidad no sólo por el engaño a sus maridos, sino también por ser una relación entre esposas de dos amigos de la infancia.  Sin embargo, para contrarrestar, el marido se siente culpable por ese mal paso que dio una vez aun cuando tiene la impresión que no fue una acción netamente suya, sino producto de haber sido drogado. Ellas, Chabela y Marisa, no parecen tener la capacidad para medir las consecuencias o tener un sentido de culpabilidad. Frecuentemente uno se queda con la sensación de que necesita saber un poco más sobre la vida y pensamiento de las dos esposas.  

Para polarizar a las dos mujeres anteriores está La Retaquita, quien también está estereotipada.  Es inteligente, por lo tanto, no es linda.  Es perspicaz, alerta, perfeccionista con su trabajo, pero desgarrada con su atuendo.  Es pequeña, connota insignificancia, pero su mirada taladra a la gente, la hace sentirse incómoda.  Es de alguna forma, fuerza, fortaleza y perfección en su trabajo y, sin embargo, por provenir de un ambiente humilde es intrascendente, nimia, insignificante.  

La Retaquita está retratada en mayor profundidad, se sabe de su triste pasado. Ama profundamente, desde siempre, a Rodolfo Garro y haría lo que sea por él. Tiene un natural talento para el periodismo y mucho más para las historias amarillas, es dedicada, muy intensa como lo es en su amor platónico por Rodolfo Garro.

Es así como se concluye que quien es el personaje importante no son las dos mujeres con su relación erótica, sino, más bien es La Retaquita por quien el autor ha puesto más énfasis en su descripción.  La Retaquita tiene un pasado, tiene aspiración de ser algo mejor, tiene un amor platónico que viene desde su infancia hacia Rolando Garro y por quien es capaz, aun cuando él esté muerto, sutilmente confrontar a su verdugo, El Doctor, al Gobierno y por ende su fuente de trabajo.  Ella piensa en futuro, antes, durante y después de la muerte de su amado Garro.

En cuanto al lenguaje de ambas, especialmente el de Marisa, connota algo muy diferente de unas damas de sociedad.  Llegando en algunas instancias a la vulgaridad.  Es, realmente, así como se proyecta a una mujer de sociedad o es que el autor quiere reflejar unas mujeres acomodadas, pero de un pasado más modesto. Difícil de decir.  Sin embargo, La Retaquita, a pesar de su pasado humilde su vocabulario, su manera de pensar y hablar con propiedad, desdice su procedencia. 

El retrato de una mujer debe ser como la cebolla, ya sea una mujer de los años 90 o una mujer de ahora, tiene que tener muchas capas en qué sostenerse.  La mujer, más que el hombre, hablando en términos generales es un ser con diferentes vivencias en un solo cuerpo, en una sola vida.  Es en principio mujer, que dice diversidad, es esposa que significa preocupación y que dice sacrificio; es madre que significa darlo todo perderse a sí misma en nombre de sus hijos; es amiga que significa lealtad, es esposa-amante, es hija sin importar las circunstancias, es hermana que muestra lealtad.  En Cinco esquinas la mujer se siente retratada tan sólo como un semiretrato.

¿Novela erótica o de suspenso?

De entrada, Mario Vargas Llosa nos engancha astutamente en la lectura con el primer capítulo, al comenzar con un tema que, aunque se va tratando de aceptar socialmente, aún cuesta admitirlo con naturalidad por ser una relación homosexual, en este caso lésbico, entre las dos esposas.  Este comienzo deja al lector con la impresión de que las protagonistas son las dos esposas, sin embargo, el lector no debe dejarse engañar. 

Es así como en el segundo capítulo se presenta al primer personaje central de la obra, Quique, y rápidamente presenta el nudo del primer problema que encontrará este personaje y que lo perseguirá hasta casi terminado el libro.  

En el primer capítulo introduce el autor una descripción erótica, muy propia de este autor, con ese manejo sutil del mensaje que no sólo insinúa, sino que retrata la experiencia con exquisitez.

Sin embargo, el suspenso se da a lo largo de la novela, con dos moméntums que mantendrán al lector en vilo.  El primero es el  sutil encuentro de Rodolfo Garro con Quique y más adelante, en una segunda oportunidad, en abierto chantaje.  Cuando el lector cree que ya sabe por dónde va la trama se encuentra con el segundo moméntum con una muerte que define el título de la obra.  Este segundo episodio ocasionará que se eleve el suspenso, la intriga, y se penetre en ese submundo del hambre de poder, de la codicia y la extensión de crímenes a la que puede llegar al ser humano.  

Es así que el suspenso a lo largo de la novela se mantiene en una especie de montaña rusa, hasta casi terminada la obra provocando el suspenso necesario, exacto, para mantener la trama y al lector bien enfocado en lo que fuera la etapa durante el gobierno de Fujimori.

Es así como el lector posiblemente entrará, sin darse cuenta, en el nudo del problema que no es en realidad la relación amorosa entre Marisa y Chabela –las esposas– sino el chantaje, el poder, el mal, el deshonor y la codicia que pueden llevar a cometer un crimen, en un país convulsionado por el terrorismo y la dictadura.

Destino o casualidad – Ironía o karma

No podemos dejar de mencionar una conjetura sobre el tema del libro.  ¿Es un libro sobre el destino?, algo así como las historias griegas donde cada quien está predestinado a su suerte.  Pase lo que pase, Quique seguirá siendo bueno y sólo será una piedra en el camino cuanto le pueda suceder.  Es una casualidad que su pesadilla, Garro, termine tirado en Cinco esquinas.  ¿Es acaso la vida una ironía en la que somos tan sólo una parte pequeña de una trama tan grande alrededor nuestro? o, por último, pero no menos importante, es la retribución a cualquier actitud buena o mala: es decir es karma.

Destino. No importa cuánto rechace Quique el verse con Rolando Garro, al final su destino lo lleva a entrar en el juego de Rolando Garro para vivir el tormento de la culpabilidad y el deshonor.

¿Es casualidad que Marisa y Chabela tengan que quedarse a dormir juntas una noche?  ¿O el destino las puso ahí? ¿Es un juego irónico de la vida que Quique reciba un primer susto, después un segundo susto para que todo se arregle en su favor, sin que él sepa realmente cuáles son los hilos que se van entretejiendo en ese submundo y que todo se vaya poniendo en su favor?

Es el buen karma de Quique que lo ayuda y destruye al chantajista.

Tal vez el autor tuvo la intención de proyectar eso en su novela, o tal vez sólo estamos viendo más allá de lo que nos muestra este libro escrito en forma sencilla. 

Conclusión

Cinco esquinas es una novela creíble y ahí el mérito de la novela, en cuanto ésta es una pequeña instantánea sacada de una realidad histórica del Perú de comienzos de los años 90.  Es así que el autor perfectamente canaliza la trama en una novela de suspenso dentro de un momento histórico de ese país.  Un momento importante donde la dictadura y el terrorismo era el pan de cada día.

Para quienes conocen la bibliografía de Mario Vargas Llosa, no sólo pueden quedar algo sorprendidos, sino decepcionados, por la sencillez con que se ha escrito y por el vuelco que toma la trama de erótico a suspenso, pero no por eso la novela en sí deja de tener un valor literario-político, aunque no pueda pretenderse –ni creo que el autor hubiera pretendido– pensarse en un libro como para premio Nobel.

Sin tapujos, ni descripciones barrocas, el autor toma un punto de referencia histórico del Perú, cuando el presidente de ese entonces, Fujimori y su mano derecha, el Doctor, utilizaron la manipulación de la información con intrigas, amenazas y mentiras con el propósito de desprestigiar a quien se interponga en su camino.  En ese sentido, Mario Vargas Llosa logra dar una visión clara del manejo del poder de los medios y tal vez, incluso, alertar para que la historia, no se repita no sólo en el Perú sino en cualquier parte del mundo donde hoy en día está tan saturado de información.

El juego al que Mario Vargas Llosa introduce al lector en este libro son los cambios de escenas, de capítulo en capítulo, donde el autor escribe un libro relativamente sencillo, sin grandes pretensiones literarias, pero sabe cómo jugar con el lector para aprehenderlo con las transiciones de capítulo en capítulo, de tal manera que el lector no tiene otra que leer con la fluidez que se presenta y con avidez para poder saber: ¿Qué viene después?

Las conexiones con las que juega el autor entre personajes que no se conocen y que no tienen ningún tipo de relación son muy interesantes. Se van entrelazando los juegos de poder, orgullo y dinero entre ambos mundos que no tienen ninguna conexión entre sí.  Esto hace de la lectura una novela de suspenso.  Todo va formando una trama que deja al lector con la expectativa hasta casi el final.

Si la intención del autor era mostrar el poder de la prensa, éste –el autor– lo ha logrado en gran medida.  Ha entrado a ese submundo de la prensa amarilla y los juegos de poder de los medios y de sus promotores, que en este caso era el gobierno de Fujimori a través del mencionado Doctor.  Es un mundo de chantaje y también de un orgullo vengativo y del uso del poder.

Es así que en el libro se puede identificar una motivación histórica de parte del autor donde lo individual se mezcla con lo económico, para sacar partido y que ese propósito tiene una connotación de poder tiránico como lo tenía el Doctor ¿Qué impacto puede tener esto en los lectores?  Habría que ver.

Cinco esquinas es una novela escrita con sencillez en su sintaxis y vocabulario, pero no así en la trama. El ritmo ágil y fluido le da al lector un agradable gusto por continuar con la lectura.  El autor, a sus 80 y más años, ya no tiene nada que probarse ni probar al mundo.  Cinco esquinas es un libro que vale la pena leerlo desde el ángulo que uno quiera percibirlo: como novela erótica, de suspenso o ambos.
 

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