Chicuelo dice

Era 1998: el premio que alguna vez sirvió de algo

Urrelo opina que el Premio Nacional de Novela ha perdido su importancia y que ahora debe recobrarla.
Era 1998: el premio que alguna vez sirvió de algo
Era 1998: el premio que alguna vez sirvió de algo
domingo, 03 de junio de 2018 · 00:08

Era 1998 y el Chicuelo usaba lentes (como ahora), era extremadamente mal hablado (como ahora), quería ser escritor (como ahora) y andaba de acá para allá con una agilidad sospechosa (y no como ahora). Era 1998, decía: y nació el Premio Nacional de Novela, el cual iba a ser impreso por el sello Alfaguara y encima te iban a dar como 10.000 dólares. Era 1998 y eso (como ahora) era un montonazo de plata, Florecita Rockera, y uno que tiene el autoestima superdesarrollado jamás creía que podía terminar de escribir una novela. Decía que era 1998 y un amigo, a quien mencionaré en esta crónica como el Maldito Duende, me decía:

— Voy a escribir una novela y la mando a este Premio y seguro gano.

Ja. Me reí. ¿No te das cuenta, menso, que este Premio es para gente ya experimentada, con alto vuelo literario, que está más allá de nosotros y nuestro limitado (mejor dicho: inexistente) talento novelístico? La cosa es que el Maldito Duende no escribió nada, ni yo tampoco. Al poco tiempo el primer resultado del Premio Nacional de Novela que

— Que ganó el Gonzalo Lema –dice la Ovejita Literaria–, qué injusto puede ser el mundo, muchachos.

Sí: todo el que perdió o el que no podía escribir una novela decente pensó eso. (De hecho, me daría cuenta más tarde, todas las personas que pierden piensan lo mismo). Luego el Premio ganó fuerza, se unieron más auspiciadores, ganó en expectativa y sobre todo se patentizó que acá en Bolivia podía sostenerse algo de estas características. Claro, había un antecedente muy importante: el Erich Guttentag. Diría un futbolero ilustrado: el Tahuichi de las letras bolivianas. Y pese al horror que me da que el Mundial esté tan cerca (¡Perú campeón!), pese a que tendremos que soportar muy pronto hablar de este deporte hasta la saciedad, lo que dice el futbolero ilustrado es cierto. 

Este Premio dio grandes novelas. Grandes apuestas literarias. Sin embargo, llegó 1998 y el Guttentag desapareció, y nació la certeza de que el recientemente creado Premio Nacional de Novela tenía larga vida, y la tuvo. Hasta ahora, pues en los últimos años se han posicionado con fuerza dos premios que jalan un montón de gente: el Plurinacional de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz, auspiciado por la Alcaldía de Cochabamba y el Premio Internacional de Novela Kipus, de la editorial del mismo nombre. 

En 2018 ya serán 20 años del Nacional de Novela. 20 años de novelas importantes y otras no tanto, y otras que ni siquiera recordamos. Ese no es el problema. El problema, creo, es que ya dio de sí, ya no puede más. Dio demasiado así como está ahora: escribes tu novelín, imprimes tres ejemplares, le das un beso de la buena suerte a cada uno de ellos y luego a esperar. Digo que ya dio de sí porque los otros dos premios ya son los protagonistas de esta teleserie: el Nacional de Novela pasó a un papel terciario, y a veces ni eso. Esto se patentiza en la cantidad de manuscritos que se presentan ahora: antes de la aparición de los premios mencionados había más de cien ejemplares y ahora con esfuerzo se llega a sobrepasar la mitad.

Y no digo que las más recientes novelas premiadas sean un desastre, no, digo lo siguiente: es hora, estoy seguro, de pasar a otro estadio, a otro nivel. Señora ministra de Culturas que antes salía en la tele: esta es una propuesta para que el Premio Nacional de Novela vuelva a tener la importancia que tuvo en su momento; ministra de Culturas que cuando salía en la tele escuchaba a la gente del común: acá unos puntos para que el Premio evolucione, para que salga del estancamiento en el que se halla ahora:

Primero y antes que nada: que el ministerio de Culturas pague el Premio en el acto de presentación de la novela ganadora y no después (este después no es una semana o dos, sino a veces meses de meses). ¿Cree que no nos enteramos que en muchas ocasiones se pagó el dinero mucho tiempo después? Entiendo el cerebro de los funcionarios públicos, aunque un carajazo bien puesto haría maravillas. (Y eso le compete sólo a usted).

Segundo: que ya no se premie un manuscrito inédito, no, ya no, sino una novela ya publicada en el transcurso del año. Y que sea un Premio Nacional de Novela dado por designación. El jurado (otro favorcito: páguele a tiempo, no tarden tanto o no se hagan a los del otro viernes), el jurado, decía, deberá buscar las novelas con ayuda del ministerio y deberá dar el Premio a la que considere la mejor de ese año. 

Tercero: el dinero (ahora unos 11.000 dólares, más o menos) puede ser repartido de la siguiente manera: una parte grande para el autor o autora y la otra restante para la editorial que invirtió en ese libro, muchas veces sabiendo que perderá recursos o que los recuperará en varios años.

Cuarto: suba el importe del premio, dígale gracias por todo a las empresas privadas y a las embajadas, y que sea un premio meramente del Estado Plurinacional. ¿No le da vergüenza estirar la mano cuando tenemos plata (según el presidente) hasta para pagar el doble aguinaldo? El Premio ya dio de sí, ya no puede estirarse más, se está muriendo de a poco, se está haciendo pedacitos, ministra de Culturas que antes salía en la tele. No ayude a que desaparezca, más bien colabore para que dé un brinco más allá de lo que se hizo hasta ahora. 

Esta nueva forma de enfocar el Premio sí viene a ser un reconocimiento para la novelística boliviana. ¿No es injusto que novelas como Pronuncio un nombre hueco, de Cristina Zavalaga o Catre de fierro, de Alison Spedding, hayan pasado sin ninguna clase de reconocimiento por parte del Estado?; ministra de Culturas que cuando salía en la tele parecía tener los pies en la tierra: mandar un manuscrito es fácil, cualquiera lo hace, pero publicar una novela (mediante una editorial equis o por el propio esfuerzo del autor o autora) es otra cosa; sí, también lo hace cualquiera, sin embargo la diferencia está en que las circunstancias son otras. Y me temo que estamos tirando la plata (cuando su ministerio paga a tiempo) sólo porque hay que cumplir con el calendario de actividades del ministerio y no por una verdadera política de incentivos a la creación cultural. Ministra de Culturas que ahora parece estar en las nubes y eso que antes salía en la tele: la decisión es suya, el carajazo es suyo (o debe salir de usted) para salvar el Premio Nacional de Novela de un merecido tercer lugar que la burocracia estatal se encargó de llevar, y hacer algo más o menos creativo. La literatura no salva a la gente de las drogas (muchas veces es lo contrario), pero tampoco lo hace el deporte. Ya son muchas canchitas, ministra de Culturas que cuando salía en la tele parecía tener las cosas claras, y que ojalá se rebele ante el Evo, que sea jodida como cuando salía en la tele: dígale al presidente, dame más plata para el Premio Nacional de Novela o no te vuelvo a dirigir la palabra en las reuniones del gabinete, ley del hielo, te juro; porque una cosa es el fútbol (semillero de adictos) y otra la novelística boliviana (semillero de adictos, sí, pero que hasta ahora es más conocida en el mundo que la selección nacional; ah, por cierto: ¡Perú campeón con Paolo Guerrero o sin él!). ¿Qué le costaría al Evo desprenderse de dos o tres canchitas de césped sintético al año si podemos hacer que el Premio Nacional de Novela vuelva a ser lo que fue en sus gloriosos años?

Ministra de Culturas que ahora tiene un edecán que le carga las cosas y que antes sólo tenía un camarógrafo que no pagaba las salteñas de las 10 de la mañana y que usted siempre invitaba: está en sus manecitas hacer algo que quede como un punto alto en esta su triste y deslucida gestión porque del Dakar sólo se acuerda ese que parece Chuck Norris y el Quico (¿o era Chavo?) Salvatierra. 

¿Agarra la onda o explico todo de nuevo con la ayuda de títeres?

Cambio y fuera.

Wilmer Urrelo Escritor   

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

Otras Noticias