Conoce el deseo de libertad de una joven con poderes sobrenaturales

jueves, 12 de octubre de 2017 · 07:05
lavanguardia.com/ Astrid Meseguer
El noruego Joachim Trier ha demostrado con solo cuatro largometrajes que es capaz de hacerse un hueco importante en la industria del cine. El primo del polémico Lars von Trier está desarrollando una interesante filmografía, con sello propio, en la que se decanta especialmente por abordar conflictos familiares desde distintos puntos de vista. Una prueba de ello la vimos en la interesante ‘Oslo, 31 de agosto’ (2011) o en ‘El amor es más fuerte que las bombas’ (2015), con Isabelle Huppert y Jesse Eisenberg al frente del reparto.

Su último trabajo, ‘Thelma’, es una pieza perfectamente diseñada para crear desasosiego y a la vez despertar conciencia sobre el poder de la mente y sus consecuencias -siempre hablando desde una perspectiva fantástica-. El título toma prestado el nombre de la protagonista, una joven tímida que inicia sus estudios de biología en una universidad noruega. Alejada de sus padres, que residen en un pequeño pueblo, la chica prácticamente no conoce a nadie en el campus. Sus progenitores la han criado en la fe católica y en un conservadurismo que pronto chocará con la actitud liberal que muestran los otros estudiantes.

Trier, un especialista en narrar conflictos familiares
Pese al interrogatorio telefónico diario de los familiares y los sentimientos contradictorios que manifiesta en un ambiente totalmente nuevo para ella, Thelma acaba rebelándose y se deja tentar por el alcohol y las drogas. Además, su intensa amistad con una estudiante llamada Anja le permitirá aflorar ese auténtico yo escondido durante tanto tiempo a base de remordimientos y plegarias a Dios.

Un día, mientras está en la biblioteca, comienza a sentir unas convulsiones extrañas que no puede controlar. Esos ataques se irán repitiendo y siempre vendrán acompañados de la enigmática presencia de una bandada de pájaros negros sobrevolando el cielo. El misterio por conocer el origen de lo que le ocurre, lleva a la protagonista a recorrer un camino de flashbacks hasta la época en la que con seis años empezó a demostrar poderes paranormales. A partir de aquí, surgen los fantasmas del pasado y la imperiosa sensación de descubrirse a sí misma y de afrontar su destino.

Trier sabe muy bien cómo dosificar la información en este thriller inquietante que compite en la sección oficial del festival de Sitges y que ha sido elegido para representar a Noruega en los Oscar. Su estilo visual es elegante, así como la manera en la que maneja la cámara, con abundancia de planos generales que dejan espacio a la aparición de fenómenos inexplicables. El cineasta ahonda en el uso de imágenes profundamente sugerentes -esa serpiente que se desliza por el cuerpo- para describir la atracción física entre Thelma y Anja, a la vez que celebra la aparición de la tentación entre ambas.

Incertidumbre y claustrofobia
El cineasta juega sus cartas con tranquilidad, sin prisas, a la hora de plasmar las inexplicables aptitudes de una chica que puede hacer desaparecer a la gente a su antojo con solo pensarlo. En esta puesta en escena fría, típica del cine escandinavo, la película conjuga sabiamente el misterio del thriller psicológico con los temas de la culpa, el peso de la religión, el lesbianismo y el derecho de cada uno a elegir su propio camino.

Y si a todo ello le añadimos la extraordinaria interpretación de Eili Harboe, el resultado es una estimulante obra que bebe indudablemente del cine de Bergman y de aquella estupenda ‘Carrie’ (1976) de Brian de Palma. Sin embargo, Thelma no es terrorífica ni da sustos como el filme protagonizado por Sissy Spacek. Su principal atractivo es la sensación de incertidumbre y claustrofobia que envuelve el conjunto, además del mensaje final que nos deja el relato, apoyado por un magnífico plano cenital.