Dwyane Johnson, la mole de “Los vigilantes de la playa”

lunes, 19 de junio de 2017 · 07:23
ABC.ES/
Una de las muchas preguntas que puede sugestionar el visionado de «Baywatch: Los vigilantes de la playa» es cómo demonios un tío de casi dos metros y 120 kilos de músculo puede tener la destreza necesaria para desenvolverse en el agua a la velocidad necesaria para salvarnos la vida si nos estamos ahogando a un buen puñado de metros de la orilla. La mole tiene nombre, Dwyane Johnson (California, 1972), y lo raro sería que el espectador no conociese al menos su cristalino apodo («La Roca») antes de ver la última película de Seth Gordon. No en vano, hablamos del actor mejor pagado del mundo.

En su adolescencia, ya con una suma importante de kilos en torno a su esqueleto, Johnson aspiraba a ser jugador profesional de fútbol americano. Tras ser rechazado a las puertas de la liga profesional, el joven Dwyane no tuvo más remedio que juntarse a su padre para ganarse la vida como él lo hacía: luchando, como también lo había hecho su abuelo, el somoano Peter Maivia. Desde joven, aprendió que el de el esfuerzo y la dedicación son el único camino posible al éxito. También aclimató su cuerpo al hábito del entrenamiento y la dieta: a sus 45 años, sigue levantándose antes de que amanezca para machacar su cuerpo.

Sangre
«Luchaba por 40 dólares la noche y comía gofres tres veces al día», explicaba Johnson en una entrevista a la revista Esquire. Rajarse la cabeza para dejar caer regueros de sangre era una práctica habitual en sus veladas de combate: así estimulaba al público que iba a verlo pelear a las ferias y los mercadillos en las que trataba de labrarse un nombre.

En sus inicios lucía un buenismo que chocaba con su imponente figura y con las exigencias que los ambientes en los que se movía exigían. Fue así como su nombre artístico viró de «Rocky Maivia» –un homenaje a su abuelo– a «The Rock». Hablando de sí mismo en tercera persona para granjearse la relevancia que aún no tenía, comenzó a asistir a citas relevantes cuyos nombres hablaban a las claras de lo que en ellas se fraguaba: «La Crudeza es la Guerra» o «La Masacre de San Valentín» son solo algunos ejemplos.

La inyección de autoestima que los títulos le fueron proporcionando, hasta el punto de llegar a ser campeón de la World Wresting Entertainment (WWE), el espectáculo de lucha libre más importante del planeta, fueron moldeando al personaje. Sus mamporrazos fueron cediendo protagonismo a sus declaraciones, especialmente ingeniosas cuando se trataba de insultar.
Salto al cine

«El regreso de la momia» fue su primer contacto con las cámaras de cine (2001). No le fue mal: un año más tarde grabó «El rey escorpión», donde batió el récord de sueldo de un actor protagonista debutante: cinco millones de euros. Estimulado por el olor de los billetes, su agente trató de encaminarlo hacia el Séptimo Arte y le sugirió que perdiese peso para hacer más versátil su perfil como actor. Johnson corría en la dirección contraria a su esencia, la del trabajo duro y el culto al físico como vía de acceso al éxito. Cuando sintió que no estaba haciendo lo correcto, despidió a su agente y volvió a levantar hierros.

Restituido como «La Roca», probó su filón en el cine con «Fast 5», «Viaje al centro de la tierra 2. La isla misteriosa» y «G.I. Joe. La venganza». En 2013, el año de esta última grabación, fue el actor más productivo del planeta acumulando un montante de mil millones de euros, que le llevaron a fundar su propia productora, Seven Bucks Productions. El nombre no es casual: alude a los siete dólares que tenía en su cartera cuando cayó en la cuenta de que el mundo de la lucha era su única salvación si quería tener algo que llevarse a la boca.

Entrenamientos inhumanos
En 2014, la película «Hércules» le sirvió como acicate para entregarse a la llama que mantiene caliente su pasión: el entrenamiento. Con un plan de sesiones inhumanas, en el que comer entre siete y diez veces al día o realizar levantamientos que le costaron una hernia y una lesión en el abductor eran parte del proceso, el actor culminó el año con dos taquillazos: «San Andreas» y «Furious 7».

También ha tenido tiempo para introducirse en el emergente mundo de las series de televisión. Con «Ballers», emitida en HBO e impulsada por su propia productora, «The Rock» relata con gracia las historias del jugador de fútbol americano que él soñó con ser.

Su cuenta de Instagram resume a la perfección el impacto de la bestia en el mundo del entretenimiento. Con casi 90 millones de seguidores, es el segundo hombre con más fans en la conocida red social. Supera a iconos como Justin Bieber y sigue de cerca a «celebrities» como Cristiano Ronaldo.

Quizá el colchón que supone tener semejantes hordas de seguidores le impulsase a coquetear con una futura incursión en la política. Arnold Schwarzenegger, un «cachas» de recorrido similar, podría servirle como espejo. La realidad es que hace poco más de un mes declaró lo siguiente: «Yo creo que es una opción real. En lo personal, siento que si yo fuera presidente, el equilibrio sería importante. El liderazgo sería importante. Asumir la responsabilidad de todo el mundo. Si no estás de acuerdo con alguien, no excluirlo».

A la espera de ver la repercusión en taquilla de su paso por «Los vigilantes de la playa», Johnson puede presumir de superar a los intérpretes más reconocidos del cine en la lista de los mejores pagados. Los 58 millones de euros al año con los que supera a Jackie Chan y Matt Demon así lo certifican. Reemplazar a Robin Williams en el remake de «Jumanji», su siguiente objetivo.