Raquel Gutiérrez, abuela feliz y “feminista tardía”

Es académica en Puebla. Tiene un nuevo compañero, quien comparte con ella la alegría de sus tres nietos. Planea venir más seguido a Bolivia.
domingo, 18 de junio de 2017 · 00:00

Mery Vaca  / Página Siete

Cuando habla de los bolivianos, lo hace en primera persona, aunque echó raíces en su México natal desde el año 2001, cuando dejó el país y la vida que aquí había construido con el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK),  con Álvaro García Linera: en una palabra, con Bolivia.
 
 Raquel Gutiérrez se dice una mujer feliz; disfruta de la compañía de tres nietos, está dedicada a la academia y se ha convertido en "un feminista tardía”, como ella misma cuenta.
 
Esta mujer de ojos claros, melena encanecida y de hablar elocuente y apasionado, fue pareja de  García Linera durante 15 años. Se enamoraron en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde ambos estudiaban matemáticas, y desde 1984 se instalaron en Bolivia para encarar la lucha guerrillera desde las comunidades aymaras. Se unieron a Felipe Quispe, más conocido como El Mallku, y en 1992, durante el gobierno de Jaime Paz Zamora,  todos  fueron a parar a la cárcel acusados de insurrección y terrorismo por la supuesta destrucción de torres de tendido eléctrico en La Paz. 
 
Con una taza de café en la mano y un cigarrillo en la otra, Raquel Gutiérrez se sube al tren de los recuerdos para repasar los mejores y los peores momentos vividos en Bolivia. Empieza por lo bueno que, según rememora, ocurrió hace 20 años, cuando varias mujeres que eran presas políticas "logramos abrir un boquete en el orden judicial”. Se refiere al hábeas corpus que le permitió salir en libertad.
 
Esa es la libertad que vino a celebrar a La Paz esta semana, junto a María Galindo, la activista de Mujeres Creando, con quien protagonizó una instalación artística en la puerta de la Corte de Distrito. Ante los ojos asombrados de los transeúntes, Raquel apareció allá enjaulada y luego fue simbólicamente liberada por otras mujeres.
 
Otra vez en el tren de los recuerdos, repasa "momentos durísimos, durísimos”, cuando hace 25 años fue detenida, llevada por diferentes unidades policiales y torturada.
 
Y otro recuerdo duro, según ella misma cuenta, se remonta al año 2001, cuando sentía una profunda necesidad de ir a México a ver a su familia, pero no podía hacerlo porque estaba arraigada por la justicia boliviana. Estaba viviendo una especie de "exilio al revés”. Ella peleaba la prescripción del caso, pero había perdido un recurso legal definitivo y por eso decidió irse sin saber cuándo regresaría a Bolivia. "Son rupturas muy fuertes, que te marcan”.
 
Un poco antes, el año 2000, había tenido un rol protagónico en la estructuración del discurso de la denominada Guerra del Agua, en Cochabamba, evento que fue el punto de partida del entierro del viejo sistema de partidos y que el año 2006 culminaría con la asunción al mando del presidente Evo Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera, quienes ahora llevan 11 años continuos en el poder.
 
Raquel Gutiérrez no había podio volver a Bolivia como era su deseo hasta   2006, cuando se instalaba la Asamblea Constituyente y ella empezaba a desencantarse del proceso boliviano, tal como había ocurrido con el que fuera su marido por 15 años, el para entonces flamante Vicepresidente de Bolivia, de quien se separó en 1999.
 
Ese hombre, académico con reconocimiento internacional y erigido ahora en el ideólogo del proceso de cambio, también es capaz de decirles a los  indígenas que el sol se va a ocultar si no votan por Evo.  Por eso, entre risas e ironías, Raquel Gutiérrez dice que lo desconoce "pero desde endenantes”.
 
"A mí esa cuenta que no me la pase la sociedad boliviana, es mi exmarido desde el año 1999, yo zafo pues, a mí esa responsabilidad no me toca”, dice Gutiérrez, mientras comparte risas con las entrevistadoras.
 
Echando mano de un giro mexicano, confiesa que García Linera le da pena, lo que quiere decir que la avergüenza. "Claro que lo desconozco, a mí me da pena ajena, digo uy, qué barbaridad, esta forma tan ofensiva, esta forma tan arrogante; bueno le salió, le salió la casta, como decimos en México”.
 
Y eso es lo poco que habla de su exmarido. En realidad su vida privada es un asunto al que se refiere poco. Prefiere el análisis político, la lucha social, la academia, y ahora el activismo feminista en el que está embarcada con María Galindo en Bolivia y con otras activistas en otros países de América Latina.
 
Pese a su recato en el tema privado, cuenta que "desde hace muchos años” tiene una nueva pareja, que ella por decisión propia no tiene hijos, pero que disfruta de los tres nietos que le dio su compañero,  que "son míos también (...) Soy una persona feliz”, cuenta mientras recuerda a los pequeños de cuatro, dos y menos de un año.
 
Gutiérrez, en esta ocasión,  estuvo en Bolivia durante dos semanas. Participó en Cochabamba en  las "Jornadas críticas desde Bolivia: Encuentro en Tiempos de Fragmentación”, en una especie de cumbre de los izquierdistas críticos a los gobiernos populistas de la región.
 
En La Paz, su centro de operaciones fue la casa del colectivo Mujeres Creando, donde se reencontró con una antigua aliada política: María Galindo, la activista que hace poco le dedicó una columna titulada "Cielito lindo: retrato no autorizado de Raquel Gutiérrez”.
 
Galindo, en su artículo, dice que Raquel hubiera podido ser la segunda dama de la nación, que hubiera podido disfrutar del poder y ganar mucho dinero, pero que ese es "un lugar indeseable para ella”. 
 
La describe como "una mujer incorruptible y como una mujer a quien es imposible deslumbrar con el poder, pero a quien con ideas, y discusiones, puedes no sólo deslumbrar, sino seducir profundamente”.
 
Gutiérrez se dejó seducir por el feminismo, aunque como ella misma lo dice, de forma tardía, y en ese afán dice estar construyendo redes para una nueva lucha, esta vez, protagonizada por las mujeres.
 
Raquel Gutiérrez, que durante un buen tiempo  fue conocida como una bolivianóloga, ahora ha vuelto a una tierra a la que también consideró suya, y pretende hacer viajes hasta los Andes más seguido porque ella percibe que algo nuevo ha empezado a moverse en el país. 

 

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