Urupesa urbana

Tortura y muerte a Bakovic

Maggy Talavera
Tortura y muerte a Bakovic
Maggy Talavera
lunes, 14 de octubre de 2013 · 08:54:00 p.m.
Las causas que aceleraron la muerte del boliviano José María Bakovic el pasado sábado no tienen ninguna similitud con las que provocaron el asesinato del colombiano Santiago Nasar en 1951. Pero, ¡vaya si las circunstancias no se parecen! Lo digo pensando sobre todo en el título que eligió Gabriel García Márquez para  la historia sobre Nasar, la que rescató del olvido en 1981: Crónica de una muerte anunciada. Es que la de Bakovic -que en vida no "deshonró” a ninguna doncella- sí fue una muerte anunciada. Hasta podríamos decir, sin temor de errar, abiertamente premeditada y con alevosía.
A diferencia de Nasar, Bakovic sí sabía que tras el acoso judicial que padeció desde que Evo Morales lo acusó de "corrupto”, en enero de 2006, había una intención muy clara de condenarlo a muerte civil, primero, y luego a su aniquilamiento físico. Cómo no, si a lo largo de siete años -todos bajo mandato presidencial de Evo- acumuló 76 procesos judiciales abiertos en siete de los nueve departamentos de Bolivia, estuvo preso en dos ocasiones y corría el riesgo de ir a la cárcel por tercera vez este año, por denuncias que nunca lograron ser probadas. Unas más absurdas que otras, pero qué importaba, si lo único válido para fiscales y jueces que veían las causas era seguir el mandato del ‘jefe’.
De nada valieron las denuncias y evidencias presentadas por Bakovic para frenar ya no apenas un acoso judicial, sino la crueldad con la que se empecinaron en actuar los "fiscales y jueces serviles” que "obedecieron el mandato de Morales haciéndome el primer preso político de su gobierno en marzo de 2006”, como lo sostuvo José María en la carta-denuncia pública dirigida al papa Francisco el último 4 de septiembre (http://nuestronortelaiglesia.blogspot.com/2013/09/jose-maria-bakovic-cristiano-ferviente.html). "Mi salud está agotada, física, psíquica y financieramente”, escribió entonces, en lo que ya es hoy su último testimonio y evidencia. No exageraba. A sus 74 años, con un corazón débil, él era testimonio vivo de lo que había dicho en 2012: "no hay finanzas ni físico que resistan esta forma sofisticada de tortura, el acoso judicial”.
El viernes pasado, esos "fiscales y jueces serviles” sellaron su muerte. Ignorando una advertencia explícita de la junta médica que evaluó la salud de Bakovic, lo obligaron a viajar de Cochabamba a La Paz para que se presente en dos audiencias. No sólo eso: él tendría que cubrir los costos del traslado de su médico asistente, de los monitores y del oxígeno que necesitaba para evitar morir. Ya sabemos qué ocurrió: Bakovic sangró al iniciarse la primera audiencia, fue llevado de inmediato a un centro médico y luego trasladado a Cochabamba, donde murió un día después. ¿Alguien puede dudar de la responsabilidad de esos jueces y fiscales serviles en este desenlace fatal que, como dice el abogado Gary Prado, configura un caso de homicidio culposo?
Por supuesto que los responsables de la muerte de Bakovic ya están echando el cuerpo fuera. Desde el Ministerio Público dicen que los fiscales "sólo” cumplieron el mandato de la jueza que fijó lugar y fecha para las audiencias. Ésta dirá que actuó "según la ley”. La ley dirá que oyó al Presidente. Y éste, como anticipó Bakovic antes de morir, dirá que los procesos "están en manos de la justicia y que él no puede hacer nada al respecto”. Puras mentiras. Es cada vez más claro que, como lo comprobó Bakovic en carne propia, "no hay juez en Bolivia que se atreva a ir contra su mandato… dictan la sentencia que él ordena, para luego ser promovidos…”.
Frente a eso, habrá que insistir en un mensaje urgente: no nos dejemos convencer con mentiras. No permitamos que nos acostumbren a contar muertos y que no pase nada. Y lo más importante: no nos desentendamos de la política, como tanto quieren los "jefazos” de turno. Hoy, como antes, es vital estar atentos ante los abusos de poder que amenazan nuestras libertades democráticas y están provocando muertes, como la de Bakovic. Denunciémoslos, combatámoslos. Ya lo dijo Savater: "No vale lamentarse después de lo malos que son y echarse las manos a la cabeza, si primero les hemos dado nuestro permiso”.

Maggy Talavera es periodista.
 Directora del semanario UNO
de Santa Cruz.