La Paz, Bolivia

Domingo 24 de Septiembre | 11:42 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Menudencias

“Causachum coca”… ¿Cuánta?

Juan León Cornejo

“Causachum coca”… ¿Cuánta?

Juan León Cornejo

Es posible afirmar que el asunto de la cantidad de coca que se produce en el país interesa de manera directa a los productores de la "hojita sagrada”. Al fin y al cabo, al parecer, en estos tiempos son los cocaleros los que definen la política del Estado sobre ése y muchos otros temas.  Y como lo hacen en función de sus intereses, la practican incluso de manera totalmente ajena a los enunciados ideológicos del Gobierno al que apoyan.
   Por eso, aunque se reniega oficialmente contra el libre mercado y el capitalismo económico, lo que ocurre con la coca es buen ejemplo del viejo adagio "haz lo que digo, no lo que hago”.
Mientras se pregona socialismo político, los cocaleros producen sin límite porque el mercado parece infinito y sin trabas, con toda la perversidad del capitalismo más puro. No pagan impuestos y explotan un recurso renovable con claras ventajas de rentabilidad frente a otros productos. Si eso fuera así, ¿a quién más que a ellos podría interesarle el tema?
    Pero la producción de coca tiene una fuerte connotación pecaminosa. No se limita a la simple presencia de cualquier producto en el mercado. Los niveles de producción y su destino final, aunque beneficien a pocos, afectan a todos por encima de diferencias ideológicas o de situaciones políticas o económicas coyunturales.
El narcotráfico es una de las fuentes de poder económico ilegal más grandes.  Enfrentarlo es problema de todos. No sólo por cuestión ética, sino también por imagen de país.  Y como la coca es todavía materia prima fundamental para elaborar cocaína, interesa a todos conocer a fondo el Estudio Integral del Consumo de Coca.
     A esas sencillas razones, que son fundamentales, se suma el derecho constitucional de acceso ciudadano a la información y la necesidad de transparencia en los actos y decisiones de la administración pública.
    Extraña, por eso, que se haya presentado ese informe en el ámbito exclusivo de las organizaciones de productores de coca, después de una demora de varios años, pese a las reiteradas exigencias de divulgarlo que hicieron sus financiadores.
     El largo cabildeo que precedió a la presentación no sólo generó expectativa extraordinaria, generó también especulaciones de todo tipo que, a estas alturas, menoscaban su credibilidad.
Mantener reserva sobre su contenido y la metodología en su elaboración contribuye a generar dudas sobre la seriedad de un trabajo que  demandó al país un millón de dólares, aunque haya sido financiado por los europeos.
Con los pocos datos del informe transmitidos por alguna gente que estuvo en su presentación, surgen ya algunas inquietudes, ínfimas ante la magnitud del tema.
El estudio, se dijo, establece que la necesidad anual de coca para consumo lícito es de 20.960 toneladas, que corresponden a la producción de 14.705 hectáreas de cultivos.    Esa estimación se basa en que (¿se habrá constatado?) cada persona que acullica consume una libra de hoja de coca al mes.
Suponiendo válidos los indicadores que soportan el informe, significa que los 20.960.000 kilos de coca alcanzarían para el consumo anual de 3.493.000 personas. Si son ciertos los datos del último censo, cuatro de los  10 millones de habitantes en Bolivia son menores  de 15 años. Significaría que más de la mitad (58%) de los seis millones de bolivianos acullica seis kilos de coca al año.
    Cuesta creer ese nivel de consumo legal. Aun así, hay algo más. Los últimos informes sobre cultivos giraron en torno a las 30.000 hectáreas. El estudio confirmaría que más del 50% de la producción de coca va al narcotráfico. Si es así, ¿cómo se explica que haya sectores que demandan autorizar 20.000 hectáreas?
   Desde la perspectiva de los grandes intereses económicos que mueve esa  producción (7,5 dólares el kilo), y por encima del modelo capitalista en que se mueven los productores y de las reglas del mercado que lo rigen, habrá que desear que la decisión final no pase por las necesidades políticas y que sea cierto eso de que "ya pasó de moda” seguir gritando "causachum coca”.  
Pero el Presidente del Estado es también presidente de las seis principales federaciones de cocaleros. Esa dualidad, para usar un eufemismo, lo pone en la disyuntiva de defender los intereses del Estado, que son los de todos los bolivianos, o los de los cocaleros a los que defendió siempre. Fue desde esa lucha que se proyectó a la política. Y los cocaleros son su principal fuente de sustento político.
En tiempos de anticipada carrera electoral, la pregunta es ¿a qué lado se inclinará la balanza a la hora de decidir?

Juan  León Cornejo es periodista.
¿ TE GUSTA ESTA NOTICIA ?
Comentarios

También te puede interesar: