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Intentos de debilitar al Conamaq

Editorial

Intentos de debilitar al Conamaq
Es tan evidente como eficiente la política gubernamental para dividir a los movimientos sociales que no están bajo su control.
Primero fue la CIDOB, que apoyó la marcha indígena contra el camino que el Gobierno buscaba construir a través del TIPNIS. Los enviados del oficialismo lograron, tras meses de prebendalismo, presiones, chantajes y amenazas, dividirla y, de esa manera, debilitarla. Hoy existen dos facciones y la importante entidad ha perdido la fuerza y representatividad  que tuvo en el pasado.
Ahora es el turno del Conamaq, la versión andina de la CIDOB -cuyo centro de acción son las tierras bajas-. De la misma manera que con la organización del Oriente del país, el Gobierno usó todo su poder, además del control de la Policía, para dividir a esta entidad, que nunca se sometió a los designios del partido oficialista.
Primero, indígenas afines al Gobierno intentaron tomar la sede del Conamaq, con la estratégica ayuda de la Policía. Luego, sus infiltrados eligieron, de manera irregular, dicen medios de comunicación independientes, a uno de sus dirigentes como presidente del Conamaq.  Hilarión Mamani, proclive al Gobierno, tomó de facto la dirección del Conamaq y anunció, de inmediato, que se cambiarían los estatutos. "Ya tenemos nuestro propio sello, nuevos membretes y pronto redactaremos un nuevo estatuto, el que tenemos tiene 16 años y en ese tiempo no fue modificado”, informó Mamani.
La maniobra ha sido rechazada por los dirigentes de base del Conamaq. Consultados por los medios, los mallkus de la mayoría de los 16 suyus que conforman la entidad no reconocen a Mamani y más bien respaldan a Freddy Bernabé, quien es un dirigente crítico con el MAS. Según versiones periodísticas, Mamani ni siquiera  cuenta con el respaldo de su pueblo originario, Chichas de Potosí.
Nada de esto parece importante, pues se ha conseguido lo que buscaba, dividir y debilitar a la entidad indígena.
Aunque seguramente sobran las razones políticas para tal actitud, es lamentable presenciar la división y desconcierto que reina en la relación entre los movimientos y organizaciones indígenas y el oficialismo. La intolerancia ante  cualquier atisbo de disidencia y crítica, peor aún de sectores sociales que en algún momento coincidieron con los objetivos del llamado "proceso de cambio”, es evidente y se expone con mayor claridad en el deseo de alinear a todos los sectores sociales en el marco de las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo este año.

 Solamente cabe esperar que impere algo de cordura y coherencia en el trato con las organizaciones indígenas que están en el centro, en el corazón de este proceso.

De la misma manera que con la CIDOB, el Gobierno usó todo su poder, además del control de la Policía, para dividir al Conamaq de manera definitiva.

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