Las libertades de los seres humanos

Economía de papel Alberto Bonadona Cossío
viernes, 19 de diciembre de 2014 · 20:29
Por culpa de los economistas al hablar de libertad, por lo general, la gente piensa en la libertad de adquirir cosas, las que sean. Es la libertad de elegir para gastar el dinero que se tiene. Por cierto esta libertad viene de la mano de la libertad de vender, como la de producir. En síntesis, los economistas, al meterse en las cabezas y en la médula de los huesos, han hecho que se piense casi exclusivamente en la libertad de mercado.
Sin embargo, uno se puede preguntar: ¿es la libertad de comprar o de vender la más importante de las libertades? Hay que concordar, primero, que no sólo existe la libertad de mercado, sino que existe una variedad de libertades humanas. Así como existe la libertad de intercambiar, también está la de pensar, expresarse y participar políticamente como también la de utilizar la oportunidad de recibir una educación o de recibir una alimentación nutritiva. Y estas libertades concluyen en la libertad de poder hacer con la vida de cada uno lo mejor que se pueda hacer con ella.
¿Cuál, nuevamente, será la más importante de las libertades? Pienso que la última de las mencionadas. Es más importante que adquirir cosas, o venderlas, para cualquier ser humano que habita este planeta, tener la posibilidad de definir qué tipo de vida se quiere tener. Si se parte de que todo ser humano es igual a todos los otros, al menos al nacer, se constata en la realidad que no todo ser humano puede hacer de su vida, o con su vida, lo que positivamente quiere hacer. No todos pueden alimentarse como para desarrollar todas o muchas de sus potencialidades, no todos pueden recibir la educación que mejor desarrolle sus habilidades, no todos pueden expresarse como les demanda sus necesidades o su intelecto.
Es fácil suponer que todos nacen iguales, pero el desenvolvimiento de la vida cotidiana y de la historia personal de cada uno está muy lejos de definirse por un acto individual. Nadie escoge dónde nacer y aunque se suponga que la cuna sea un igualador, el proceso de la vida y lo que uno puede obtener de ella está enormemente condicionado por circunstancias ajenas de lo que cada persona quisiera. En realidad, la mayoría de la población de este mundo se encuentra restringido por una serie de circunstancias que no se escogieron, ni reflexiva, ni voluntariamente.
Si esto es así para la gran mayoría, nuevamente, ¿cuál es la libertad fundamental? ¿Poder comprar y vender? Absolutamente no la es. La libertad de mercadear, la de mercantilizar todo lo que se ve o existe, es la libertad conquistada por el capitalismo. Pero es una liberad más que el ser humano tienen a su disposición y, más que un fin, es un medio. El mercado es útil, muy útil, pero no es el fin de la vida humana acumular cosas por más útiles que estas sean. Claro que es bueno gozar de libertad en el mercado pero no es esta libertad el fin de toda acción humana. Todo ser humano es libre, o está dotado de mejores posibilidades de gozar de su vida, cuando está libre de condicionamientos que le impiden crecer física, intelectual y espiritualmente.

 Alberto Bonadona es economista.

  No todos pueden alimentarse como para desarrollar todas o muchas de sus potencialidades, no todos pueden recibir la educación.