El caso Peñaranda o el valor de la lealtad

El caso Peñaranda o el valor de la lealtad
Waldo Molina
domingo, 20 de abril de 2014 · 21:04

El que escribe estas líneas es un oficial superior (r) del Ejército boliviano. Del ejercicio de mi profesión tengo muchos recuerdos imperecederos y en todo el transcurso de mi carrera pude aprender y cultivar un importante valor, la lealtad. Los que me conocen pueden confirmar esta afirmación, porque la demostré a subordinados y superiores que estuvieron junto a mí en el sacrificado desempeño de mi profesión. La lealtad se puede expresar con una causa, con un amigo pero, sobre todo, con uno mismo. Por lo tanto, no decir algo y hacer otra cosa.
El significado de la palabra lealtad es muy profundo; la definición que la Real Academia de la Lengua Española le da al concepto de lealtad es básicamente la cualidad de nunca darle la espalda a determinada persona, grupo social o movimiento a los que alguien está unido por lazos de amistad o por alguna relación social o política. La lealtad, entonces, es el cumplimiento del honor y la gratitud.
Es por esta razón que un acontecimiento que caló en mi persona de estos últimos días fue el intento de defenestración de un magnífico periodista, Raúl Peñaranda, exdirector de Página Siete,  por parte de personas que detentan el poder. Vayamos por partes, pude ver en medios televisivos de nuestro país cómo la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, se dio el lujo de llamar a una conferencia de prensa solamente para decir que Raúl había "ocultado hábilmente” al pueblo boliviano su lugar de nacimiento, que es Santiago de Chile. Eso lo sabían desde hace muchos años los que supieron entablar amistad con él. Lo que realmente duele es cómo la ministra Amanda Dávila, una persona que tenía conocimiento de la procedencia de Raúl –por su amistad anterior con él– y que por su vivir en nuestro país se hizo más boliviano que muchos, hijo de padre boliviano y madre chilena, pudo cometer este acto de xenofobia. Ello, sin embargo, es menos grave que la actitud desleal de la señora ministra, sus palabras son producto de su obsecuencia con el Gobierno, traicionando a un amigo y a sus propias ideas.
Lo peor fue el proceder de Hugo Moldiz al publicar el primer ataque xenófobo en el semanario del que es director, La Época, paradójicamente fundado por Raúl; se comprende que todo dueño de un medio de comunicación tiene la libertad de dar o no cobertura a artículos que crea conveniente, pero pudo haber evitado el sentido xenófobo de la publicación. Es la misma xenofobia, la de la ministra y la de Moldiz. Raro en personas de ideología supuestamente socialista, ¿no?
Pero no sólo había sido eso… unas horas después supe, al ver a Raúl y a Moldiz debatiendo en la TV, que este personaje, años atrás, se dirigió con humildad, fingida seguramente, a pedirle empleo a Raúl como periodista. Como no podía ser de otra manera, Raúl, sin dudar ni un segundo, le ofreció un cargo. Años después Moldiz le paga con una deslealtad intolerable, la deslealtad de la mentira.
Esta clase de personas son las que hacen mucho daño a la sociedad, son personas que no son leales consigo mismas, que dicen una cosa un día y actúan en forma contraria al otro, que halagan hoy para traicionar mañana.


Waldo Molina es coronel
de Ejército en retiro; es pariente
 político de Raúl Peñaranda.

Esta clase de personas son las que hacen mucho daño a la sociedad, son personas que no son leales consigo mismas.

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