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¿Fracasa el populismo latinoamericano?

martes, 12 de abril de 2016 · 12:00:00 a.m.
El populismo latinomericano de izquierda del siglo XXI está en vías del fracaso. Esperamos que con la victoria de Macri, de centro derecha, ocurra algo parecido a la primavera árabe y el efecto dominó.

El populismo en la región no es una novedad. En la década de los años 40 surgieron Vargas en Brasil y Perón en Argentina.
 
Chávez de Venezuela lo inició con sus petrodólares. Se mantuvo en el poder durante 17 años, que luego heredó Maduro. Llevaron a su país a la quiebra, a pesar de contar con ricas reservas petroleras. No creyeron, sin embargo, que bajaría el precio del crudo.
 
Chávez buscó expandir su ideología en Brasil, Bolivia,  Argentina, Ecuador y Nicaragua. Creó la ALBA, en la que incluyó a Cuba y excluyó a Estados Unidos. Un mecanismo de consultas políticas en que los países miembros se apoyaban.
 
Dicho populismo se traduce en líderes carismáticos que se identifican con las mayorías populares. Su discurso es muy parecido. Todos tienen el fin de obtener la simpatía y los votos de las clases medias y bajas.
 
Su lema es el antiimperialismo y el antineoliberalismo. Venezuela, sin embargo, tiene a Estados Unidos como primer socio comercial, ya que le vende petróleo. Son nacionalistas y chauvinistas. Utilizan a sus antepasados héroes, como Bolívar, en el caso de Chávez, para promover su revolución bolivariana. Morales, en Bolivia, hace referencia a sus ancestros y costumbres indígenas.
 
Su fuerte es la demogogia, ya que ofrecen el oro y el moro que, a la larga, no cumplen. Son clientelistas, como todos los gobiernos. Dan cargos en el Estado a sus patidarios y crean subsidios para reducir los gastos de los ciudadanos.
 
Una constante es la corrupción con licitaciones por invitación, compras y construcción de obras innecesarias para enriquecerse acrecentando el gasto público con dinero de los contribuyentes.
 
La ONG 100 Reporters colocó al kichnerismo como el segundo gobierno más corrupto después del de Ortega, en Nicaragua. Bachelet de Chile, que fue apoyada por partidos de centro izquierda, ha cometido actos ilícitos que nacen en el ámbito familiar. La corrupción en Brasil es extrema, principalmente en el caso Petrobras. Y el intento de Rousseff de poner como ministro a Lula para eximirlo de acusaciones  fue una vergüenza.  Ella debería renunciar de inmediato, si algo le queda de decencia.
 
También cambian la Constitución para perpetuarse en el poder, como el caso de Venezuela y Bolivia. Algo contraproducente porque los gobiernos se desgastan. También coartan la independencia de los poderes para así mantener el poder absoluto.
 
La primavera latinoamericana comenzó cuando los guatemaltecos optaron por Jimmy Morales, de centro derecha. Luego los argentinos votaron por Macri, que derrocó al kichnerismo insertado en el poder durante 12 años.
 
Después los venezolanos votaron por la opositora MUD, que controla dos tercios de la Asamblea Nacional, que aún no logra destituir a Maduro, ya que se aferra a la presidencia. En Bolivia, Morales, que está en el poder hace 10 años, convocó a un referendo para su reeleción por cuarta vez y continuar en la presidencia hasta el 2025, pero perdió. El acercamiento de la Cuba comunista a Estados Unidos es clave porque dará un claro giro cuando se democratice. En Perú ganaría la conservadora Fujimori.
 
El hecho es que el populismo, a veces de izquierda y otras de derecha (como el caso Trump), estaría desapareciendo en la región. El único caso de toma del poder es Macri. Los otros ejemplos son la opinión del pueblo que, en realidad, es lo que vale. Sin duda existen vientos de cambio.

Verónica Ormachea Gutiérrez es periodista y escritora.