Mundo en transición

Cómo desmontar una democracia en diez pasos

Cómo desmontar una democracia en diez pasos
Gabriela Keseberg Dávalos
miércoles, 26 de julio de 2017 · 00:00
Lo que sigue es una lista no exhaustiva y sin ningún orden en particular de cómo desmontar hábilmente una democracia en diez pasos. Como ejemplo uso el de Turquía y de su presidente Recep Tayyip Erdogan, aunque de seguro el lector sabrá de otros casos similares.

 Controlar todos los medios de comunicación. Dicen que los medios de comunicación son el cuarto poder. Pues no los son si eres el primer ministro y te pertenecen, ya sea de manera directa o indirecta. Mejor de manera indirecta, así no es tan obvio. Por ejemplo, puedes colocar en el directorio de varios medios a parientes o empresarios amigos. Una vez tienes los medios bajo tu control puedes:

 Volverte omnipresente. Ahora estás en la vida de la población 24 horas al día, siete días a la semana. Tú decides qué se ve y qué no. Tú decides qué información se publica y cuál mejorcito se calla. Aún molestan un poco los corresponsales internacionales porque a ellos no los puedes comprar, así que para tranquilizar a la comunidad internacional:

 Fingues dejar el poder. Usas el ya probado y optimizado método ruso (binomio Putin-Medvédev) de cambiar puesto por un tiempito con un títere a tu mando. En este caso, dejas que otro sea primer ministro, mientras que tú eres presidente. Durante ese tiempo no sólo le das órdenes al primer ministro, si no que también te dedicas a:

 Construir un palacio. Un palacio taaaan grande, pero taaan grande que nadie jamás se olvidará de ti. Además, lo edificas en una reserva forestal, o sea área protegida. Pero como eres el más poderoso, no le pides permiso a nadie. Tu país es tu reino. Las leyes están para los demás, no para ti, el sultán. 

 Nepotismo y corrupción. Porque las leyes las hacen tus amigos, aquellos a quienes colocaste hábilmente en posiciones de poder en el aparato judicial, policial y empresarial. Así te aseguras de que no los mejores, si no los más fieles, estén a tu alrededor y te protejan cuando, por ejemplo, decidas:

 Iniciar un conflicto armado. Llegan las elecciones, pero resulta que a pesar del alto porcentaje necesario para entrar al parlamento (10% en vez del 3-5% en la mayoría de los países) el partido kurdo logra entrar por primera vez. Resuelves boicotear la formación de un gobierno. El método se desgasta, así que inicias un conflicto armado en las zonas de población kurda. Aparte de eso, decides que es buena idea:

 Pelearse también fuera del país. Eres macho, muy macho. Por eso no basta pelearse con los que se te oponen dentro del país, eso es para ñoños. Un macho de verdad le da la frente también a los mandatarios de otros países. No importa que arriesgues un conflicto bélico. Después de todo, muy pronto tendrás el poder absoluto, porque vas a:

 Forzar un referendo. Con este referendo, en abril 2017, por fin consigues el tan ansiado poder total. En un ambiente de intimidación y castigo logras cambiar el sistema político del país de uno parlamentario a uno presidencial. Así, todo el poder está en tus manos. Lo que te ayudó bastante fue:

 Un misterioso golpe de Estado. En julio 2016 hubo un obscuro golpe militar en Turquía. Murieron 290 personas, más de mil fueron heridas. Como presidente te comunicas vía facetime (qué moderno) desde un lugar desconocido alegando ser la víctima. No está muy claro quién estuvo detrás del golpe. Lo que sí está claro es que fue un garrotazo mortal a la democracia turca y tú el mayor beneficiado, ya que con eso puedes:

 Perseguir a la oposición política sin tapujos. Desde el golpe, 150 mil servidores públicos han sido despedidos, algunos incluso encarcelados. Alrededor de 150 periodistas (también extranjeros) están en prisión. Seis mil académicos han sido despedidos de las universidades y miles de turcos, también generales de la OTAN, han pedido asilo político en otros países. 

 Ahora quedan algunos pasos pendientes, como re-introducir la pena de muerte. Con eso sí que vas a poder deshacerte de los que se te oponen.
 

Gabriela Keseberg Dávalos es politóloga y fue alta  asesora política del vice-presidente  del Parlamento Europeo.  @gkdavalos
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