¿Espléndidos resultados económicos?

miércoles, 28 de febrero de 2018 · 00:05

Uno de los principales argumentos del gobierno del MAS  para justificar la inconstitucional reelección está en que es mejor garantía de estabilidad y de crecimiento económico. ¿Será?, como dicen los paceños.


Muchos intelectuales latinoamericanos de la década de los años setenta hablaban de los espléndidos resultados económicos de la Revolución cubana, como nos hace recuerdo Enrique Krauze en sus Redentores, ideas y poder en América Latina, publicado el año 2011. Por su parte, el economista y publicista americano Mark Weisbrot habla de una década de progreso de la economía en la Venezuela de Chávez. ¿Dónde están ahora esos países? La economía cubana está completamente estancada y los hogares siguen dependiendo de la cartilla de racionamiento, como en épocas de guerra, para conseguir los frejoles. 


Cuba puede mostrar por lo menos progresos en salud y educación. El mayor drama es el venezolano.

 Antes del gobierno de Chávez, Venezuela tenía el segundo PIB per cápita (medido en dólares corregidos por paridad de compra, USD-PPC) de América del Sur. Tenía también una gran cantidad de profesionales, formados en las universidades venezolanas y en las mejores universidades del mundo.


 No le faltaba ni capital natural (los yacimientos de petróleo) ni capital humano. Había que ser artista para que a ese país le vaya tan mal, al punto de necesitar ayuda humanitaria,  al igual que Sudán y otros países de África. Los  “carnets de la patria” de Maduro para acceder a alimentos sirven tan sólo para controlar votos y no para los frejoles. 


Como un dólar no compra lo mismo en distintos países, es necesario corregirlos por lo que pueden adquirir,  lo que en gran parte depende del tipo de cambio. Si el tipo de cambio está sobrevaluado en un país, un mismo dólar compra menos que en un país donde el tipo de cambio está subvaluado. Por esa razón, el concepto correcto para comparaciones, tanto internacionales como intertemporales es el dólar corregido por su poder de compra, es decir el USD-PPC.


En nuestro país se nos quiere hacer creer que también tenemos espléndidos resultados económicos.

Se nos dice que el PIB en dólares se habría triplicado en doce años del gobierno del presidente Evo.

No se ha triplicado, pero medido en USD-PPC ha aumentado en 2,1 veces. El PIB per cápita (medido en USD-PPC) ha crecido en un 80%.


  No son malos resultados, pero tampoco son maravillosos, habida cuenta de la extraordinaria bonanza de precios de exportación que tuvimos entre 2004 y 2013, cuando en algunos años, el maná que nos caía del cielo era equivalente del 8% del PIB. El economista boliviano Rómulo Chumacero, profesor de la Universidad de Chile, en un reciente trabajo que utiliza técnicas que están en la frontera de la econometría, concluye, con los tres métodos que ha empleado, que la bonanza que ha vivido el país en el pasado reciente se debe más a factores exógenos que a políticas internas. Estas últimas más bien han reducido sus efectos benéficos.


Las tasas de crecimiento, una vez pasada la bonanza exportadora, han estado acompañadas de grandes desequilibrios macroeconómicos, tales  como el déficit fiscal y el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Sostener que hay déficits fiscales buenos y déficits malos no tiene mucho sentido cuando se llega a más del 7% del PIB. Si el déficit se debe al programa de inversiones públicas, se desearía saber cuándo van a madurar ellas y cuáles van a ser sus rendimientos. Plazos y rendimientos nos permitirían eventualmente calcular cuándo se cerrarían los déficits fiscales y si no se está más bien dando lugar a un problema de solvencia.


Estados Unidos puede permitirse altos déficit  porque tiene un amplio acceso al mercado de capitales y, por último, puede siempre financiarlos con sus dólares, aprovechando el exorbitante privilegio que tienen de servir como moneda internacional. Nosotros no podemos imprimir billetes para saldar nuestras deudas, salvo que se quiera volver a la hiperinflación de 1984-1985.
  
Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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