Los consejos de Goni a Evo

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martes, 13 de marzo de 2018 · 00:05

Con el inicio del juicio a  Sánchez de Lozada en un juzgado de Florida volvieron los fantasmas del pasado. Las apreciaciones más o menos objetivas sobre lo ocurrido durante esos días de octubre de 2003, los linchamientos anticipados y también las tímidas defensas.


Es bueno recordar, porque la historia deja lecciones para el futuro, que Sánchez de Lozada se vio obligado a renunciar no sólo por las 67 muertes en El Alto, sino por oponerse a la realización de una asamblea constituyente y al referendo sobre el gas.


Pero Sánchez de Lozada comenzó a caer antes, cuando, a pesar del rechazo de más del 80% de la gente, decidió arriesgar una candidatura para demostrar que era posible, estrategia mediante, acomodar las piezas en el tablero de modo tal que él, con un esmirriado 20% de apoyo, pudiera forzar su llegada a Palacio.  El plan funcionó. Se cumplió el objetivo de llegar a la presidencia, pero no el de conseguir el poder.


 La historia es así. Implacable. Cuando intentamos transitar fuera de sus leyes, termina por llevarnos –hojas frágiles al fin– al centro de una tempestad. Sánchez de Lozada quiso hacerle el quite a la historia y todavía no termina de pagar las consecuencias.


 Tal vez hoy, desde el banquillo de los acusados, Goni medite sobre aquellos días , incluso piense sobre cuáles serían los consejos que le daría al presidente Morales en las actuales circunstancias.


 Acaso lo primero que le diría sería que confíe sólo hasta cierto punto en los asesores  de cualquier nacionalidad –cubanos o de otro lugar–  y que interprete más bien las señales de la realidad, sin el filtro de la ambición. 


 Un segundo consejo, producto de la dramática experiencia personal, sería que no vaya en contra de lo que quiere la gente –como lo hizo él con la Constituyente y el referendo– y como Morales lo hace hoy con la repostulación. 


 Y un tercer consejo, que resulta de los anteriores, es que es mucho mejor entrar en la historia por la puerta grande, que salir de ella por la ventana o en un avión, al atardecer. En otras palabras, que hay que saber llegar, pero, sobre todo, saber salir a tiempo.


 Es posible, claro, mover las fichas del tablero de modo tal que se acomoden y sean funcionales al interés de lograr una nueva reelección. Es más, como antes –mejor que antes, cuando se tiene absoluto poder–, también ahora se puede impulsar a unos y perseguir a otros, de modo tal que el porcentaje de quienes rechazan a Morales no sea capitalizado por un candidato, sino que esté distribuido entre varios y que, por lo tanto, no constituya una amenaza. 


 Se puede también ignorar lo que siente y pide la gente. Burlar el voto popular y recurrir a una justicia sometida para encontrar una salida que convierta en realidad aquello de que la reelección indefinida es el más humano de los derechos. Pero el artificio, como la ambición, tienen fecha de caducidad. 


 Sánchez de Lozada pudo haber pasado a la historia con más luces que sombras. Finalmente impulsó varias reformas que le dieron otra cara al país. Puede discutirse el alcance de los cambios que ejecutó entre 1993 y 1997, pero nadie podrá decir que se quedó de brazos cruzados. El problema es que su trascendencia no tiene ya relación con ese período, sino con los últimos días, los de su penosa agonía política. 


 Evo Morales todavía tiene la oportunidad de pasar a la historia como el gestor de una transformación social muy importante para Bolivia. No como el Presidente “socialista”, sino como el líder de raíces indígenas que comenzó a derrumbar el prejuicio y la discriminación en un país con demasiadas cuentas pendientes en ese ámbito. 


 El socialista ambicioso de poder perpetuo –como los Castro, Chávez y demás– hasta ahora pesa más que el  “indígena” que representó un punto de inflexión histórico. 


 Morales está a tiempo de dar un paso al costado para dar varios pasos en dirección a una salida por la galería de quienes realmente dejaron una marca controvertida, pero finalmente importante, en el país. Por eso, debería escuchar con atención, los hipotéticos consejos de Goni, el hombre que por aferrarse a una silla presidencial que ya le era esquiva, terminó en el banquillo de los acusados.

Hernán Terrazas es periodista. 

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