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Ajedrez/damas: una nota de coyuntura

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miércoles, 11 de julio de 2018 · 00:10

La decisión del Fiscal General del MAS –Ramiro Guerrero– de requerir ante el Tribunal Supremo de Justicia el enjuiciamiento de Carlos Mesa por la expulsión de la firma Quiborax del Salar de Uyuni muestra de modo lapidario que el régimen presidido por Evo Morales ha decidido linchar judicialmente al expresidente atropellando toda mínima decencia moral y toda probidad jurídica. 

 Lo primero que la decisión de Guerrero delata es que los responsables en la Procuraduría General del Estado de la pésima –y quizá corrupta– defensa de Bolivia en el caso Quiborax están buscando con desesperación adjudicarle los platos rotos de su mediocridad y venalidad a un expresidente cuyo único pecado es haber impuesto la soberanía del Estado sobre el Salar de Uyuni respecto de una empresa plagada de irregularidades. Acusar a Mesa por los resultados de la atrozmente mediocre y venal performance de la Procuraduría General en el caso –Bolivia pudo arreglar el enredo sin pagar un centavo a Quiborax por ser esta una empresa con papeles probadamente falsificados– es, en todo caso, un exceso cínico que muestra tal extravío por parte del régimen que en sí mismo constituye todo un síntoma de la coyuntura. El MAS ha perdido los estribos y comienza a cometer errores que le pueden costar muy caro.  

 Y es que lo otro que la decisión de Guerrero muestra es que el régimen del MAS ha decidido asegurarse del modo más cierto posible que Mesa no sea candidato en las elecciones de 2019, si es que ellas se llevan a cabo. Llevar adelante un juicio de responsabilidades contra Mesa –con la pretensión del Fiscal del régimen, además, de que se lo encarcele por hasta diez años–, es un camino expedito, cree el MAS, para curarse del espanto que le causa la evidente y creciente popularidad electoral de Carlos Mesa. Algunos sondeos y encuestas están mostrando ya que Carlos Mesa podría ganar incluso en primera vuelta a Evo Morales si ambos compitieran electoralmente en 2019. 

 Como, por otro lado, Evo Morales no puede ser candidato ya que el referendo del 21 de febrero de 2016 se lo prohibe, es evidente que Mesa simplemente aplastaría  en 2019 a cualquier otro candidato sustituto del MAS. Dada la fuerza política del 21F, el MAS está obligado a pensar en candidatos para sustituir a Evo Morales como presidenciable. Como ningún candidato sustituto del MAS podría hacer mínima mella electoral a Mesa, los estrategas del régimen han optado, con nerviosismo ante los abismos que se le están abriendo, por liquidar electoralmente a Mesa y sacarlo de un manotazo judicial de la competencia electoral. 

 Pero el error del MAS es confundir el escenario electoral con el escenario político. Al  criminalizar la política iniciando contra Mesa un juicio de responsabilidades que apunta a encubrir las inconductas del régimen en la Procuraduría y a anularlo como candidato capaz de derrotar a cualquier candidato del MAS, el régimen de Evo Morales está cometiendo tal muestra de prepotencia tiránica que ha pasado –al convertir a Carlos Mesa en el símbolo del abuso gubernamental más descarnado– a fortalecer el poder político de un Mesa que está a ojos vistas recibiendo día a día más y más solidaridad por parte de la gran mayoría de los bolivianos. El MAS, así, ha pasado a fortalecer de tal modo el peso político de Carlos Mesa que lo ha convertido no ya en un simple candidato presidencial sino en todo un inmenso factor de poder político. 

 Al buscar liquidar electoralmente a Mesa –lo que el MAS puede efectivamente lograr con su abusivo juicio de responsabilidades contra el expresidente–, el régimen del MAS lo ha comenzado a potenciar políticamente de tal modo que ahora la correlación de fuerzas entre oficialismo versus oposición se ha volcado definitivamente a favor del campo del 21 de febrero. Amenazado con la cárcel, perseguido, abusado e insultado, Carlos Mesa es ahora, gracias al MAS, un jugador político de peso moral e histórico de fuerza inmensa. Una pesadilla ahora si inmanejable para sus represores en el caso de que Mesa sepa jugar sus piezas en el tablero combinadamente de ajedrez y de damas que es el de la política.

   
Ricardo Calla Ortega es sociólogo.

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