La curva recta

High tea con el señor Brennan

domingo, 19 de noviembre de 2017 · 00:06

La semana pasada, el Ministro de Gobierno ha salido con una “no” novedad  que ha resultado bastante penosa. Esgrimiendo una foto, que ha aparecido nada menos que en la página social de un periódico que es, dicho amablemente, MAS friendly, ha querido poner en evidencia algún contubernio entre personas no afines al régimen que están ligadas a la opinión pública y que genéricamente pueden ser llamados periodistas, y el malvado imperio.


 La denuncia es ridícula y pone en duda la perspicacia del Ministro, porque se trató de un evento absolutamente público, precisamente porque los invitados del Encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos eran gente ligada a los medios.


 Vayamos por partes. La relación entre una embajada y personas de la prensa tiene de por sí un contenido político. Las embajadas tratan de acercarse a comunicadores para explicarles su posición, sobre todo en una situaciones como la actual, con unas relaciones muy ríspidas entre Bolivia y Estados Unidos.  Ahora bien, si una persona relacionada a los medios, por ende un tanto o muy pública, va a una embajada, no lo hace como persona particular, como amigo. No son invitados a esos eventos como amigo, por mucha simpatía que pueda existir entre el anfitrión y su huésped, y eso no necesita ser aclarado, como tampoco el que cuando a alguien le dicen  “encantado de conocerlo” , el interlocutor no está encantado. 


Asistir a un evento de la embajada americana puede ser visto como un acto de cortesía,  que implica una cierta simpatía, no al alto funcionario que invita, sino al país en sí. Personalmente, yo tengo mucha simpatía por Estados Unidos. Creo que es un país digno de admiración en muchísimos aspectos y no puedo olvidar que es el país que liberó a Alemania, Europa y al mundo de unos fascistas disfrazados de nacionalistas, y socialistas, que cometieron uno de los crímenes de lesa humanidad más horrorosos de la historia, y si no los paraban nosotros, en el tercer mundo, tampoco hubiéramos vivido para contarla.


Los gringos me caen bien, en parte porque conozco a algunos que son gente extraordinariamente culta y otros  de gran generosidad. También porque me he dedicado un poco a la historia y algo a la antropología, y sé del aporte gringo a esas ramas del conocimiento de nuestro pasado. Su aporte es invaluable;  de hecho, tengo una sobrina de cariño que está haciendo su doctorado en una universidad norteamericana y estoy seguro de que será una gran profesional. Sus estudios los está realizando gracias a becas gringas.


No, creo que nadie debería sentirse avergonzado por sentir simpatía por Estados Unidos, ni creo que eso debería ser criminalizado bajo ningún punto de vista. Más allá de que estoy de acuerdo con que asistir a un evento en la legación de ese país puede ser visto como un gesto amable y de acercamiento al mismo,  y como un gesto de rechazo a la torpe política exterior del actual gobierno.


Los gestos, las actitudes, todos los comportamientos tienen implicaciones. Simpatizar con Cuba, por ejemplo, implica simpatizar con la eternización de una persona en el poder y creer que un régimen tiene el derecho de impedir que sus ciudadanos abandonen el país. Aunque implique también una admiración por los logros (reales o no) de la mejor educación primaria de América Latina  y por un sistema de salud envidiable en algunos aspectos. Eso sí, asistir a un evento en la Embajada de Cuba no significa necesariamente que se está armando contubernios para acabar con el actual sistema democrático del país, que no admite una reelección indefinida, aunque es muy posible que muchos masistas  estén buscando know how y aliento cubano para poder quedarse en el poder por siempre.
 
Agustín Echalar Ascarrunz  es operador de turismo.  

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