La curva recta

Una elegante embestida dakariana

domingo, 14 de enero de 2018 · 00:05

Quienes siguen esta columna saben de mi posición respecto al Dakar. He criticado el que esa competición pase por suelos bolivianos desde antes de que sucediera por primera vez y me mantengo en la misma postura. Es un deporte de la prepotencia, de los ricos del mundo, tanto por quienes participan como quienes auspician. Es un resabio del colonialismo del siglo XX, es, básicamente, irrespetuoso con el territorio por donde pasa y no ayuda en nada al turismo. Es sólo coherente con las políticas descolonizadoras, antiimperialistas y anticapitalistas de este gobierno en la medida en que lo es en su total incoherencia, dicho de otro modo en sus imposturas.


De ahí que no espero nada bueno de ese evento y trato de abstraerme lo más que puedo en esas fechas. A amigos queridos que terminan subyugados por ese mundo lleno de adrenalina, de la mala, les pido otro tipo de méritos para perdonarles esa debilidad. 


Es por eso que hasta anoche me hubiera parecido inimaginable que el Dakar me podría traer algún tipo de placer. Y tengo que decir que lo acontecido me ha alegrado no sólo el día, sino la semana o, quien sabe, el mes. El que toda esta parafernalia en que, contra viento, marea y toda lógica, se empecinara el Gobierno, proporcionara un disgusto semejante a casi toda la cúpula masista, sólo puede hacer que uno se abuene con las fuerzas de la naturaleza y recuerde los refranes de nuestros abuelos (sus arrugas diría alguno). No puedo evitar el repetir el de “el diablo no sabe para quién trabaja”. 


Sí, señores: el Gobierno ha invertido varios millones de dólares, durante varios años, para que en el momento preciso alguien les diga en cadena nacional e internacional, y con inagotables repeticiones en las redes sociales, que la planteada reelección del 2019 es ilegal e ilegítima. Felicidades por lo que le toca señora Alanoca, responsable este año de esta fiesta.


El señor Leonardo Martínez ha demostrado un gran coraje civil, un gran sentido de la oportunidad y se ha expresado con un lenguaje profundamente respetuoso, lo cual lo enaltece. Es difícil imaginar que su actuación hubiera sido planificada, hasta por el simple hecho de que nada garantizaba que él iba a tener en sus manos ese micrófono. Es una persona digna de admiración y respeto, no sólo porque no todos harían lo mismo en esas circunstancias, sino porque al hacerlo está sentando un precedente que puede cundir como ejemplo.


Las escena de ayer le ha devuelto frescura a la discusión política en el país, la cara desencajada de los primeros mandatarios, el aplauso de la bella segunda dama de la nación, (por quien siempre he sentido gran simpatía, quizás porque, guardando las proporciones, me hace recuerdo a la guapa reina de España), el que aparezca con discurso político un ciudadano, no de a pie, sino de cuadratrack, pero que está lejos del mundo devaluado, con y sin razón, de los políticos tradicionales, han marcado un antes y un después.


Creo que es justo señalar, sin embargo, que la valentía mostrada por el señor Martínez, no es superior a la mostrada por Olga Flores, que fue desalojada del Palacio Legislativo de una manera tremendamente torpe, cuando hacía similar reclamo. 


 Vale recordar que los argumentos esgrimidos por el héroe del momento, lo han sido previamente por personalidades de esa política tradicional vilipendiada, vale decir Carlos Mesa o Samuel Doria Medina. Y cabe mencionar también, que ese mismo día, el jueves pasado, un grupo de gente, no excesivamente grande, pero tampoco mínimo, ha sido gasificado y maltratado por la Policía en las inmediaciones de la iglesia de San Francisco por reclamar básicamente por lo mismo.


 Lo cierto es que todas las voces sensatas de un país no pueden aceptar un fallo tan absurdo como el del Tribunal Constitucional anterior. Evo seguirá de aquí en adelante viviendo muchos bochornos, tal vez éstos le hagan entrar en razón.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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