Ventana al mundo

La perpetua “necesidad” del enemigo

lunes, 27 de noviembre de 2017 · 12:04:00 a.m.

 Carl Schmitt nació el año 1888 en Plettenberg (Westfalia, Alemania) y falleció en 1985. Politólogo y profesor de derecho público, Schmitt sostuvo al principio tendencias totalitarias. Posteriormente se alejó del extremismo de derecha, no sin antes purgar varios años de cárcel tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial (1945) por haber simpatizado con los nazis. 

 A lo largo de su larga vida, Schmitt vio en la potencial enemistad y conflicto, que caracteriza a los fenómenos socio-políticos, la última línea de defensa que evitaría la mecanización total de la vida humana. Hoy en día, dejando de lado las lacras de su pasado, la Ciencia Política ha rescatado algunas valiosas ideas del germano, en especial aquélla de la "necesidad" del enemigo, sin el cual "no se puede vivir". 

 ¿Qué haríamos sin un enemigo? La pregunta clásica de Schmitt se aplica a diversos campos ¿Qué harían Blooming y The Strongest si no existieran Oriente Petrolero y Bolívar? ¿Qué haría Petrobras sin YPF Repsol o Shell sin la Exxon? ¿Real Madrid sin Barcelona o Boca sin River? ¿Estados Unidos sin la URSS. durante la Guerra Fría? ¿Qué sería  de la Coca Cola sin Pepsi Cola? ¿Cómo se habría desarrollado Israel sin los palestinos? ¿Qué pasaría con un gato sin ratones o un león sin hienas?

 Y así sucesivamente, podemos desgranar hasta el infinito las rivalidades perpetuas entre dos rivales enfrentados en forma permanente, sea en lides deportivas, en la vida natural, en el comercio e industria, en la política interna o mundial y hasta en la experiencia cotidiana de cada uno de nosotros. 

 En esa peculiar relación con el oponente se observa que subyace el concepto del historiador británico Arnold Toynbee sobre “desafío y respuesta”, un elemento crucial para el desarrollo de las sociedades y la sobrevivencia de las especies. Es más, se considera que los grandes dinosaurios del período jurásico se extinguieron –entre otro conjunto de causas– por falta de enemigos naturales, lo que les hizo perder vitalidad y capacidad de renovación. 

 Se cuenta que un analista ruso, Gregory Arbatov, les dijo en 1991 a sus colegas norteamericanos después de la disolución de la Unión Soviética: “Acabamos de hacerles a ustedes algo mucho peor  de lo fueron nuestras anteriores amenazas con misiles nucleares: los hemos dejado sin su enemigo principal”.  

 En el pequeño mundo de cada persona –por encima de un sincero deseo de paz y armonía- tampoco faltan enemigos potenciales que deben enfrentarse, a veces diariamente, otras en forma esporádica. Pero una cosa sí es cierta: todos quisiéramos vivir plácidamente y sin el rival permanente o de turno, pero parece que ello es casi imposible. 

 El viejo Schmitt quizá tenía razón. Después de todo, se dice que hasta Dios necesita del Diablo para hacernos temer por el castigo y ponernos en vereda. Sin enemigo no habría dinamismo, tampoco cambio cualitativo o redención posible. Esos factores al final son producidos por triunfos o derrotas, tanto entre individuos como en el plano colectivo de comunidades, empresas y grupos diversos. Parece que sí necesitamos la presencia constante de un enemigo, de un contrario que nos dé razón y fuerza para luchar. 

Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo. 
www.agustinsaavedraweise.com

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