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Agustin Saavedra Weise
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África: más sufrimiento que esperanza

África: más sufrimiento que esperanza
El continente africano fue cuna de la humanidad. Ese lugar de origen del Homo Sapiens sigue plagado de enfermedades endémicas, matanzas, tiranías, guerras civiles, intervenciones foráneas y otros males. El continente está dividido en 54 países y su población supera mil millones de habitantes. La descolonización -particularmente del área subsahariana-  cobró impulso tras la Segunda Guerra Mundial. Desde la década de los 60 del siglo XX varios países concedieron pacíficamente la independencia a sus colonias. En algunos casos eso fue posible luego de prolongados enfrentamientos. 
 
El país más nuevo es Sudán del Sur, miembro de las Naciones Unidas desde 2013. El 26 de octubre de 2012 comenté positivamente en una nota el desenlace del referendo independentista; me contagió el optimismo del amigo Harold Olmos, para quien África sería una "nueva fuerza emergente”. Hasta el momento lamentablemente no es así. El propio Sudán del Sur al poco tiempo de su creación se enfrascó en enfrentamientos pese a disponer de abundante petróleo como base de viabilidad. 
 
En Nigeria impera el grupo terrorista Boko Haram y en el pasado se tuvo  la tragedia de Biafra. Chad, Togo, Sierra Leona, el Congo (ex Zaire) y Congo Brazzaville se despedazan entre sí o son objeto de la codicia extranjera por sus recursos naturales. Recordemos del pasado (sin completar la larga serie de dramas o tragedias) las tragicómicas acciones de Idi Amín en Uganda, del "Emperador” Jean-Bedel Bokassa en África Central,  la corrupción de Mobutu Sese Seko (Kinshasa), la espantosa matanza entre hutus y tutsis (Ruanda). 
 
Recordemos en Sudáfrica el abominable apartheid, oprobioso sistema racista recién levantado en 1995 con el advenimiento al poder del gran Nelson Mandela. Somalia es un Estado fallido plagado de delincuentes y piratas. En Etiopía el hambre es un factor cotidiano. El sida, la malaria y el ébola asuelan inclusive diversas regiones relativamente prósperas, como Botswana, Namibia y la misma Sudáfrica. Parece que el destino desventurado de gran parte de los pueblos africanos ha sido hasta ahora el sufrir por culpa de otros o matarse entre ellos.
 
He aquí la triste herencia de un colonialismo perverso que no respetó ni barreras elementales de etnias ni la propia geografía. Desde París, Londres o Berlín se trazaban líneas artificiales que definían los respectivos ámbitos europeos sin consideración por nada, salvo los intereses imperialistas de cada una de las potencias de la época. Es más, un país conocido por ser neutral, pacífico y de gente amable (Bélgica) generó el más cruel de los colonialismos en el otrora Congo Belga, luego Zaire, ahora República Democrática del Congo.
 
Perversos colonos cortaban manos y pies a los desventurados nativos que no se portaban "bien”. Existe documentación sobre los horrores de esa vergonzosa época, propiciada por el propio rey Leopoldo desde Bruselas. El monarca manejó al infortunado Congo como su feudo personal hasta 1909. Consideraba que los congoleños eran seres "inferiores” que debían ser castigados para "aprender”.
 
En el pasado del continente resaltan la esclavitud y el coloniaje. Luego de la independencia surgieron problemas que deberán solucionarse mediante buenos gobiernos democráticos e inversiones para el desarrollo. China ha incursionado con sus  capitales y alteró la tradicional geopolítica africana, dominada por Francia e Inglaterra con el concurso (desde 1945) de Estados Unidos. En fin, África sufre mucho aún, pero existe margen para mirar su futuro con algo de optimismo. 
 
Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo.
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