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Agustin Saavedra Weise
Ventana al mundo

Influencia de la psicología para vencer

Influencia de la psicología para vencer
Como ya lo manifestamos allá por  octubre de 2002, la llamada guerra psicológica viene desde la más remota antigüedad. En esa nota mencionaba al legendario estratega chino Sun Tsu, al que cada tanto se lo recuerda según las modas  estratégicas de turno o citando sus notables sentencias.
 
Diversas técnicas contemporáneas sofisticaron las modalidades del conflicto psicológico, o sea, las formas de enquistarse en la mente del  rival y doblegar su ánimo o hacerlo cambiar de opinión. Con la psicología se procura debilitar  el ánimo del adversario, incluso hasta en su propia área geográfica de influencia. 
 
El general austríaco Jordis von Lohausen (1907-2002) comentaba que antes era común decir "la artillería conquista, la infantería ocupa”. Hoy se diría "la psicología conquista, soldados y tanques ocupan”. 
 
Desde mucho tiempo atrás la estrategia dejó de ser únicamente el arte de quebrantar la capacidad del rival con violencia. Al final, el mayor objetivo de todo pensamiento estratégico es lograr que el enemigo ya no crea posible la resistencia o -mejor aún- que ni siquiera desee  resistir. El óptimo deseable: la victoria obtenida sin armas.
 
Una maniobra psicológica exitosa apunta al inconsciente del adversario, a sus flaquezas y a sus vicios ocultos, sean cuales sean ellos y que obviamente han sido detectados con antelación por quienes ejecutan el trabajo de corroer o de alterar su mente. 
 
Hay que "ayudarlo” al enemigo  con  sutiles falacias para que se autoengañe o se confunda; lo que conquista es la mentira. Al oponente no siempre se lo liquida en el fragor de las batallas; es preferible lograr que esté anímicamente incapaz y luego doblegarlo con facilidad. Intentar vencer desde el principio con medios militares cuesta mucho dinero y entraña peligros; mejor es debilitar su moral, tratar de aniquilar su voluntad. 
 
No en vano Sun  Tsu  reconoció siglos atrás que en toda guerra el uso de la psicología era un factor multiplicador de fuerzas. Acertadamente dijo "capturar al enemigo es mejor que destruirlo” y "vencer sin combatir es la excelencia suprema”.  Él consideraba que en una lucha declarada lo más importante era el atacar  la estrategia del contrario, luego romper sus alianzas usando la diplomacia y por último -sólo en caso absolutamente necesario- correspondía atacarlo.
 
 La pelea  abierta vendría a ser el paso extremo; si se la puede evitar manipulando la mente del rival se gastarán menos recursos y habrá menos muertes. El objetivo propuesto por la vía psicológica pareciera ser siniestro pero en última instancia resulta mejor orientado, menos violento y más provechoso. La inevitable ocupación posterior del  territorio del vencido será un simple paseo.
 
Sun Tsu comprendió mejor que nadie en su época la necesidad de conquistar al enemigo sin luchar y si es posible, más bien transformarlo en aliado o absorberlo sin necesidad de que sea eliminado. El valor supremo de la guerra -o de cualquier tipo de conflicto potencialmente violento- es el vencer sin combatir. Para lograr tal cosa hará falta una campaña psicológica previa bien aplicada. Un enemigo sin moral y sin voluntad es  casi igual a un contrincante muerto, nada podrá hacer. Así lo ha probado la historia, incluso así lo vemos contemporáneamente en varios parajes del globo.
 
Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com
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