Economía de papel

Proyecciones del Gobierno para 2018

sábado, 02 de diciembre de 2017 · 00:56

El próximo año es altamente probable que se pague el segundo aguinaldo. El  Ministerio de Economía anuncia como una certeza un crecimiento del PIB real de un 4,7%. ¿Por qué tanto optimismo en medio de una clara desaceleración de la economía? La respuesta la daría cualquier político que ostenta el poder en cualquier parte del mundo: es un año preelectoral y es necesario dar una sensación de creciente bienestar (algo así como la sensación térmica, no es la temperatura real pero se siente como más de calor o más frío).


  Las proyecciones de los organismos internacionales presentan datos muy favorables de crecimiento de la economía boliviana comparadas con las de los vecinos. El FMI coloca el crecimiento de 2018 en 4, 2%, el Banco Mundial en 3,9 % y la CEPAL en 4%. Su carácter internacional hace que sean conservadores en sus estimaciones, lo que hace que la seguridad del Ministro de Economía parezca fundamentada.


  Esto se ve, además, corroborado por la tendencia creciente del precio del barril de petróleo, que se acomodará, dicen varios expertos, publicaciones y entidades internacionales, en torno a 60 dólares el barril. Además,  las compras de gas que este año cayeron a 23,9 millones de metros cúbicos entre enero y noviembre, se estima subirán a 25 en 2018. La inflación se encuentra controlada y apenas supera el 5% este año y se espera que sea algo menor el próximo año.


  Un panorama insuperable, más aún si se añade la solidez de la banca privada. Así todo parece no sólo bajo control, sino que absolutamente de un futuro prometedor.


 Sin embargo, hay que tomar en cuenta, una vez más, que la causa final de estas cifras radican en el mercado internacional. La paulatina recuperación del precio de algunos minerales y del petróleo, principalmente, hacen pensar que las predicciones pueden cumplirse, aunque las condiciones de producción de gas y de petróleo extraído de yacimientos de esquisto, particularmente de Estados Unidos, pueden contraponerse a las acciones de reducción dirigida por la OPEP y otros países no miembros, como Rusia. Esta situación coloca un grado de incertidumbre, no obstante el precio que se utiliza en el presupuesto del Estado de 45,5 dólares por barril.


  La situación más crítica para Bolivia nace de la gran debilidad de los proyectos productivos gubernamentales. Aparte de las empresas nacionalizadas, que tienen mercados asegurados y cautivos, no existe un proyecto estatal que pueda ser considerado con alta o mediana probabilidad de éxito. Lo que quiere decir que las condiciones inmediatas pueden mostrarse favorables en el presupuesto general, pero no se tiene un sustento para plazos mayores.


  Los proyectos, como son Bulo Bulo, el Litio, el Mutún, Karachipampa y otros más, no tienen una viabilidad garantizada y no darán el sustento productivo de mayor aliento que Bolivia necesita. El próximo año será de gran cosmética económica, con miras a dar una sensación de bienestar, asegurándose que el gasto público se realiza. Pero será más por razones políticas que de transformación productiva efectiva. 


Alberto Bonadona Cossío  es economía.

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