Economía de papel

Fondo Solidario, ¿una forma de justificar inversiones riesgosas?

sábado, 11 de marzo de 2017 · 12:00:00 a.m.
En estos tiempos en que en Bolivia el verde es azul y el amarillo puede ser del color que al Gobierno le viene en gana, las explicaciones del porqué se quiere generar un fondo a favor de los pequeños productores utilizando los recursos acumulados por los trabajadores para financiar sus pensiones, las explicaciones dadas por los jerarcas de turno se hacen cada vez más confusas.

 Nada de lo que se dice justifica el uso de los recursos que sólo pertenecen a los aportantes.
 
Peor aún, ahora se quiere marear la perdiz hablando del Fondo Solidario como una gran conquista para los que obtienen una pensión baja y que puede ser mejorada con la poca ingeniosa financiación a un sector de alto riesgo.

  Esto es lo que ocurre cuando se explica el funcionamiento del Fondo Solidario como un fondo de reparto, cuando en realidad es más un impuesto progresivo con un diseño engorroso y engañoso. En primer lugar, es un impuesto encubierto para todo trabajador, que debe aportar el 0,5% de su total ganado y no beneficia a todos los trabajadores que aportan.

  En segundo lugar, los diferentes intervalos de ingresos sobre los que se aplica su escala, que le da una apariencia de progresividad, no se sostiene en ninguna base técnica. Se establecen tres grupos de ingresos (13.000, 25.000 y 35.000 bolivianos) a los que se aplican un diferente porcentaje (1%, 5% y 10%) sobre el monto que excede a los respectivos niveles de ingreso.

 Al inicio de su aplicación esta escala fue confusa hasta para los propios funcionarios del Gobierno, al punto de que los que ganaban menos acababan pagando más. Lo que daba como resultado una escala regresiva y no progresiva. El arreglo vino posteriormente pero sin una explicación de los montos aplicables, ¿por qué 13.000 y no 15.000 como se anuncio en un inicio?
 
Pregunta que puede ser formulada también a las otras dos escalas: ¿por qué no 30.000 o 40.000? Éstas son absolutamente arbitrarias, al punto que a partir de ingresos superiores a sueldos de 45.000 se hace regresiva, o sea que el que gana más paga proporcionalmente un monto menor porque no hay nuevas tasas superiores al 10%. Esto el Gobierno nunca lo explicó y tampoco lo corrige con una base técnica más racional.

  En tercer lugar la más importante de las fallas de este impuesto. No establece ningún tipo de aporte del Estado y deja que sean los privados (trabajadores de toda clase de jerarquía salarial) quienes financian la solidaridad con una forma de impuesto encubierto y lo presentan como un fondo de reparto o sea de contrato intergeneracional. Un contrato que deja fuera del beneficio a todos los que ganan más de 5.000 bolivianos. Un grupo que retrasa, hoy por hoy, acogerse a la jubilación y no deja sus puestos a jóvenes profesionales porque su ingreso se disminuirá drásticamente.

  El Fondo Solidario no es un fondo de reparto genuino y tiene serias fallas en su diseño. Hablar del mismo para justificar el uso de recursos que no le pertenecen al Gobierno es llamar solidaridad a una mala forma de invertir los recursos acumulados en las AFP.


Alberto Bonadona Cossío es economista.