Economía de papel

Un lunar en la producción de Bolivia

Un lunar en la producción de Bolivia
Un lunar en la producción de Bolivia
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sábado, 10 de febrero de 2018 · 00:05

Es fácil llegar a conclusiones demasiado pesimistas al observar que ocurre con los proyectos de desarrollo que ha generado este gobierno en sus 12 años de gestión. Si se empieza por el peor, como es la fundición de agregados de plomo y plata de Karachipampa, el resultado es pésimo; ahí no se produce nada.


Si se observa la planta de úrea de Bulo Bulo es posible que funcione, pero se encuentra muy lejos de los mercados más importantes y los costos de transporte harán que su precio no sea del todo competitivo. En este caso, la peor amenaza no es la distancia porque, con suerte, los precios de la úrea podrían elevarse y cubrir el costo del transporte.  La mayor amenaza, en absoluto trivial, es la provisión de su primordial insumo: el gas natural. 


Las reservas estimadas oficialmente para fines de 2013 fueron 10,45 trillones de pies cúbicos y hoy se encuentran próximas a los siete  por los volúmenes exportados a Brasil y Argentina más el consumo interior. Si Bulo Bulo llegara alguna vez a producir a capacidad plena (756 mil TM año de úrea y 440 mil de amoniaco), requerirá de cerca de dos2 trillones de gas por año.


 Si se añade la demanda de los grandes nuevos proyectos que se han iniciado, aumentarán la demanda de gas al punto de arrasar las reservas en menos de cuatro años. Los grandes proyectos que no demandarán gas, los hidroeléctricos, están lejos de hacerse una realidad y Misicuni sólo aumentará en 200 mil mega watts la generación de electricidad del país.


Otros proyectos, más pequeños sin duda, como Quipus y Cartonbol no pasan de ser ensamblador el primero, y de pegamento y troquelado el segundo. Sus insumos primordiales vienen del exterior y generan poquísimas fuentes de empleo.


Se coloca como gran avance tecnológico Mi Teleférico de La Paz, aunque con tecnología que exige gastar grandes sumas en su importación. Es más una gran atracción turística que un sistema de transporte masivo. La regularidad del mismo se interrumpe por su mantenimiento que exige paralizaciones periódicas del servicio. Además están sus tarifas que no lo hacen un servicio para las grandes empobrecidas masas. Más aún, por mostrarlo como una acción del Gobierno central no se hace el esfuerzo de coordinar su integración con el sistema del PumaKatari.


Se puede continuar hablando negativamente de otros proyectos gubernamentales porque la mayoría se enfrentan a letales problemas. Sin embargo, buscando algo positivo encontré que la agricultura de la papa está mejorando. Esto responde a varios componentes que se inician en la década del 90 y han recibido un nuevo impulso en los últimos años. 


El rendimiento de toneladas por hectárea se encontraba en 5,04 en 1993, subió a 5,9 en 2002, superó las 6 en 2012 y se espera que en 2017 este rendimiento haya mejorado. Además hay que hacer notar que sólo se importa el 5% de las papas que se consumen en el país. Estos avances se han debido a la ampliación del riego y a semillas mejoradas. Ahora se cosecha papa dos veces al año. Si bien son mejoras no se llega todavía a los promedios de rendimiento de América Latina de 16 TM por hectárea.


Sin embargo, el sector agrícola ha reducido su participación del PIB real de 16% a 12% entre 1988 y 2016, según datos del INE. Si esta caída hubiera sido compensada por un crecimiento de la manufactura se podría pensar que se está en un proceso de industrialización alentador. No es así. El aporte al PIB de este sector ha permanecido, más o menos, constante del 16,3% en 1988 a 16,4% en 2016.


 A pesar de las declaraciones oficiales que se está en un amplio camino a la industrialización para alejarse del extractivismo, el sector que en el mismo período sí muestra crecimiento es el de extracción de hidrocarburos y minería que subió de 9% del PIB a 11%.


 Así, lo que se está haciendo con la papa parece ser un lunar en todo el espectro de los componentes del PIB y que no tuvo nacimiento en este gobierno aunque si parece recibió un renovado impulso.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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