Economía de papel

Maravillosa revolución económica productiva

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sábado, 24 de febrero de 2018 · 00:05

No hay la menor duda, la economía boliviana muestra un despegue desde 2004. Quiere decir que ya había una economía boliviana y un mundo antes del MAS, y antes que Evo llegue a la presidencia. El PIB real creció en promedio en un 6% en 13 años hasta 2016. Si se descuentan los impuestos directos a ese PIB, la tasa de crecimiento promedio se reduce a 5,5% en el mismo tiempo.


  Uno de los puntales efectivos que Bolivia tuvo en este trance fue, sin duda, el gran crecimiento de los precios de las exportaciones, a pesar de las inevitables turbulencias de los mismos, que siempre se muestran caprichosos y entrópicos (desordenados como los gases). 


 Hay otro factor que en los discursos oficiales sistemáticamente se omite. De menor importancia pero determinante para explicar qué factores están detrás de las referidas tasas de crecimiento. Es la misericordiosa condonación de la deuda concedida a los países pobres altamente endeudados (conocidos como HIPC, por su sigla en inglés).


  Bolivia perteneció a ese club HIPC y ahora se encuentra de nuevo en camino a volver a merecer tan alto honor. Los países ricos y capitalistas se dieron cuenta de que los miembros de esta particular agrupación habían contraído niveles de deuda impagables y que, de seguir así, no serían tampoco buenos importadores de productos manufacturados y, además, plagados de altos grados de inestabilidad, y zozobra social podían buscar nuevos senderos. 


 Tal desesperada situación ablandó los pétreos corazones de las instituciones bancarias internacionales e idearon mecanismos para eliminar internamente la deuda y dar un respiro a estos países, que sistemáticamente se empeñan en permanecer pobres.


 Los países que acompañaron a Bolivia, que siguen pobres, fueron   Benín, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Madagascar, Malí, Mauritania, Mozambique, Níger, Ruanda, Senegal, Tanzania, Uganda, Zambia, Guayana, Honduras y Nicaragua. No obstante, en la reunión de los ocho países más poderosos del mundo (Inglaterra, Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Canadá, Italia y Rusia) condicionaron el perdonazo a que los montos condonados se destinen a sus necesidades más fundamentales”.


 En julio de 2005 estos países afirmaron que las pobres sociedades a beneficiarse se vieron en la necesidad de recurrir   a “grandes préstamos” para realizar grandes “inversiones que sus gobiernos no están en capacidad  de costear”. Por supuesto no hablaron de cómo los gobernantes de estos pobrecitos países se habían enriquecido con el dinero de los grandes préstamos y que la calidad de las inversiones no fueron su prioridad.


  Hoy, en Bolivia, el Gobierno se ufana de una deuda externa del 20% del PIB. Lo que es un cambio significativo frente al 52% de 2005. Lo que no se dice es que la condonación para Bolivia rebajó la deuda en más de 2.700 millones entre 2005 y 2007.  


Desde este reducidísimo nivel no ha dejado de crecer y hoy se aproxima a los 7.000 millones de dólares. Por supuesto, con el espaldarazo que el crecimiento de la exportación de materias primas, a buenos precios, ha dado al crecimiento del PIB, la deuda en porcentaje respecto al PIB inevitablemente se ha reducido. 


 Pero en el momento de mayor endeudamiento, cada ciudadano debía como 500 dólares, hoy la misma deuda per cápita está cerca de 700. La excusa para endeudarse es la misma que esgrimieron los países poderosos para condonarla; países pobres como Bolivia deben hacerlo porque no pueden pagar sus propias inversiones. 


 La gran diferencia es que la maravillosa revolución económica productiva no llega como no llegarán los recursos para honrar la creciente deuda. Tal vez la misericordia de los poderosos, incluyendo ahora a China, vuelvan a apiadarse del club de indigentes, algún día en un futuro cierto.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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