Economía de papel

Entre las instituciones heredadas y el reescribir del futuro

Entre las instituciones heredadas y el reescribir del futuro
Entre las instituciones heredadas y el reescribir del futuro
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sábado, 10 de marzo de 2018 · 00:06

Una de las instituciones que marcó historia en Bolivia es el Banco Central de Bolivia (BCB). Por cierto, la marca de la historia no viene necesariamente acompañada de buenas consecuencias. Hay hechos históricos de todo tipo y es bueno tenerlo presente en todo momento. Por ejemplo, será histórico el banderazo de marzo de 2018 con simbolismos explícitos e implícitos, de connotación fervorosa y de muchos dobleces. Mostrará que los bolivianos quieren mar, profunda y largamente; a la vez que expresa la exacerbación de un chauvinismo utilizable y utilizado por los intereses políticos de la reelección.


  El último informe de Política Monetaria del BCB será histórico en cuanto refleja la contraposición propia del devenir cotidiano de los pueblos. Un informe institucional con datos que sí reflejan la realidad económica pero acompañados de explicaciones incompletas o ausentes de todo esclarecimiento; cifras que dicen lo que la cabeza quiere entender. 


 El ranking de países que tan pobremente acompaña a muchas crónicas periodísticas y que inunda los informes oficiales, machaca en el informe con las cifras del mayor crecimiento del PIB del continente, se resalta la bajísima inflación en relación a los vecinos o la más baja mora de la región.


  Si se tratara de rankings, Potosí con toda la plata que produjo debería ser rica o con los desbosques para plantar soya, Santa Cruz debería ser el territorio con la más alta productividad de América. Los rankings del crecimiento del PIB, la inflación y la mora exaltan un fervor para ocultar la deleznable base económica que persiste en la economía boliviana.


  Se afirma en el informe, por ejemplo, que en 2017 se impulsaron políticas monetarias y fiscales contracíclicas, esto es, mecanismos económicos que intentan frenar el desaceleramiento de la economía. Positivo. A la vez, sin embargo, se añade que estas medidas estuvieron dirigidas a dinamizar los sectores no extractivos. No se a qué se refiere el informe cuando la economía boliviana no abandonó este rasgo que la caracteriza desde la Colonia, la colonización, la República y el Estado Plurinacional.


  Bolivia quiere desde su nacimiento ser capitalista y quiere lograrlo atada a los poderosos cordones del extractivismo. Gobernantes y gobernados se creyeron el cuento de que así se lograría el desarrollo; no obstante, lo que se ahonda más es el saqueo de las riquezas naturales de este territorio. 


 Claro que hay más gente en los supermercados y en los boliches, o sea que el mercado interno se expandió. Cierto. Lo que no se explica que la gran inyección de divisas fue tan gigantesca para una economía tan enana que incluso le ha permitido exportar en proporciones crecientes, en valor y cantidad, para comprar volúmenes mayores y más caros de productos importados (técnicamente referida como una relación negativa de los términos de intercambio).


  Además, ese aumento titánico de reservas internacionales continúan dinamizando la economía interna. Un mercado interno monetariamente agrandado con mínimo impacto en la base productiva.


  Un libro publicado en 2012 por D. Acemoglu y J. Robinson,  Por qué fracasan los países, ha sido citado y ahora recitado por muchos economistas para acentuar la necesidad de cambios institucionales históricamente condicionados y que determinan la economía de los países pobres.

Aunque los autores dicen que no existe la fórmula, igual formulan una: para salir de la pobreza hay que cambiar las instituciones que han puesto gobernantes corruptos y cleptómanos en países pobres.

Algo así de fácil como cambiarse de calzoncillo. 


 El determinismo histórico que condiciona las instituciones políticas es explicado como el causante de la pobreza. Han puesto el problema de cabeza. Bolivia, país pobre en los rankings mundiales, es rico en materias primas, bosques frondosos y frutos tropicales, granos y tubérculos altiplánicos, cereales vallunos y, en general, una gran biodiversidad. Productos que a las transnacionales y a los países industrializados todavía no les interesa explotar hasta el agotamiento. 


 Poseen éstos, no obstante, mercados de grupos de elevadísimos ingresos que adoran la extravagancia de los países tropicales y sus contrastes montañosos. Gracias a la globalización, éstos pueden ser grandes consumidores de una producción que espera ser vislumbrada, por nosotros, los pobres, como de efectivo impulso del desarrollo que sea planificado con visión de lo que se puede lograr en el corto, mediano y largo plazo.


  Se puede marcar historia para bien como para mal. Al final, la marca histórica sella a los pueblos de África, Asia y América Latina de mil y una maneras. Borrar esas marcas ya no es cuestión del presente, porque existe un futuro que sí pueden escribir los pueblos “pobres” y a la vez muy ricos de este planeta.


Alberto Bonadona Cossío es economista.

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