Economía de papel

Bolivia en el contexto de la industrialización mundial

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sábado, 05 de mayo de 2018 · 00:06

Deben ser muy pocos en Bolivia, o ninguno, que piensen que la industrialización no sea un camino que este país deba seguir; la población quiere que esta sociedad haga algo productivamente radical que mejore su producción y genere fuentes de trabajo. Deseos similares ocurren con otros temas referidos al mejoramiento de la sociedad boliviana, por ejemplo, con la educación. Se dice que  ésta es imprescindible para alcanzar el desarrollo. Sin embargo, la pregunta más importante en estos temas es ¿qué tipo de industrialización o de educación son las que Bolivia necesita?


  Se piensa en una industrialización que, más o menos, siga los patrones que se emprendieron en los siglos XIX o XX. Así, se piensa, por ejemplo, en grandes fundiciones de minerales (Vinto, El Mutun, el litio o Karachipampa) con la idea de producir algo del valor agregado de un largo proceso productivo que concluirá en otras latitudes o, en el caso del acero, barras para el mercado interior destinados a la construcción sin interesar si el precio será competitivo o no al compararse con un producto similar importado.


 Lo más relevante, no obstante, es si existe el potencial de mayor transformación y diversificación de los productos que Bolivia produce y se espera producirá.


  El estaño metálico producido en Vinto no tiene la mínima posibilidad de generar una cadena productiva o un encadenamiento hacia delante en territorio boliviano. Su destino es colocarse en la línea de procesos productivos de otros países que, ciertamente, generarán nuevos eslabones   y, al transformarse, claro que crearán valor agregado, o sea empleos que pagan salarios y generan utilidades pero para otros. Si algún día funciona Karachipampa seguiría el mismo destino. 


 En el caso del litio se requerirá la importación de una serie de productos semiterminados para llegar a tener una pila de litio ensamblada en Bolivia. Y en el caso del acero, será necesario introducir aranceles tan elevados como para que no se importe ni una barra de ese metal y los constructores bolivianos se vean obligados a usar el producto nacional.  


  ¿Qué tipo de educación se requiere en Bolivia? Ciertamente no es suficiente con la que ahora se imparte. En los primeros cursos los estudiantes bolivianos  aprenden las cuatro operaciones aritméticas y a manejar el alfabeto. Pero no se les enseña a razonar, a utilizar críticamente su cerebro, a leer entendiendo lo que leen. 


 El número de palabras que utilizan la mayoría de los estudiantes bolivianos a lo largo de sus vidas es tan limitado que no están preparados para entender escritos complejos y menos aún a escribirlos cuando llegan a la universidad. Esta, por lo tanto, se limita a refrendar los errores de la educación secundaria y formar repetidores, mínimamente creativos.


  ¿Qué se puede esperar de una educación con esas características, particularmente con relación al imprescindible desarrollo de nuevos procesos productivos que reorienten la necesaria industrialización? Una industrialización que debe desacoplar a Bolivia de producir productos intermedios que dan su real valoración a otras sociedades y, con mayor razón, rompa la triste condición de producir materias primas para que otros disfruten el valor agregado que su transformación permite. 


 Un desacoplamiento de la magnitud que Bolivia necesita es posible con una industrialización que utilice lo que la naturaleza ha creado en este territorio en el ámbito agrícola, principalmente. La potencia que Bolivia tiene en su vegetación pasará inadvertida o insignificativamente utilizada hasta que la educación dé un giro substancial y se percate que es necesaria una industrialización diferente y una nueva forma de acoplamiento a la producción y consumo mundiales.


Alberto Bonadona Cossío  es economista.

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