Economía de papel

Bolivia al lado de gigantes y la suerte de los pequeños

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sábado, 30 de junio de 2018 · 00:10

Bolivia todavía vive las bondades del auge de las materias primas. Con una caída de los precios de ellas, la cantidad de reservas internacionales que se acumularon fue de tal magnitud que continúa sosteniendo el crecimiento de la economía. Añádase a esto la relativa recuperación del precio del petróleo en el mercado WTI, al cual los contratos con el Brasil y la Argentina se atan para determinar cuánto pagan por el gas boliviano.

 Bolivia tuvo el gas disponible para exportar en el momento oportuno, incluidos los gasoductos. Así, aprovechó el extraordinario auge de precios, de otra manera ese natural azar del mercado internacional hubiera pasado   por sobre las cabezas de los bolivianos totalmente desapercibido y los lamentos bolivianos serían aún más entristecidos. 

 Por cierto, los minerales, con precios también en ascenso, aportaron al auge. De aquí que las cifras de cuánto Bolivia exportó respecto al PIB son positivamente asombrosas. Desde 2001 hasta 2004 esta relación fue idéntica a la que alcanza China, entre 20 y 31% del PIB. En 2005 exporta similar porcentaje que China y Corea (35%). En 2006 supera a Corea con 41%, alcanza a 45% en 2008 y 47% del PIB exportado en 2012. Luego el descenso de todos los países, aunque a una tasa más pronunciada para Bolivia, continúa hasta hoy. 

 Hay que destacar que en ese campo Bolivia jugó con los grandes, incluso ganó. Países como Argentina y Brasil se mantuvieron en la tercera parte de lo que Bolivia alcanzó. Esto demuestra, inobjetablemente, la vital preeminencia de las exportaciones para la economía boliviana.

  La caída de las exportaciones de hidrocarburos y minerales pone en problemas a este país. Y se oscurecen las perspectivas aún más al tomar nota de cuánto del PIB boliviano se destinó a la formación bruta de capital (FBK). Aquí Bolivia ya no jugó en las ligas mayores. Mientras China destina en torno a un 40% de su PIB a la FBK y Corea asigna un 30%, Bolivia alcanzó un máximo de 24% en 1998 y alrededor de 21% los últimos años, niveles similares a los que logran las atribuladas economías de Brasil y Argentina, desde 1992. No sorprende, entonces, porque estas economías están donde están:  Brasil a puertas de mayores desastres y Argentina en brazos del nefasto socorro del FMI. 

 No todo queda ahí. Las comparaciones de la pequeña economía de Bolivia con las “grandes” de Sudamérica, Brasil y Argentina, y con dos de las grandes economías del Asia son por demás iluminadoras. Siempre se ha considerado que la producción de energía eléctrica es un buen indicador del estado de la economía, particularmente en cuanto se refiere a sus fundamentos para el desarrollo económico y social. 

 Antes de 1986, los cinco países aludidos consumían menos de 1.480 kw/hr por persona. Incluso Bolivia consumía 165 kw/hr en 1971, mientras la China sólo alcanzaba a los 151. Vale para la comparación hacer nota que el mismo año Argentina consumía 870 y Brasil 458. En esa entonces parecían gigantes. A 2014, último año que las cifras del Banco Mundial permiten este parangón, Corea consume 10.497 kw/hr por persona y China 3.927 (con este dato la China sigue siendo un país pobre). Después aparece Argentina, con 3.052 kw/hr, Brasil con 2.601 kw/hr y, finalmente, Bolivia, con 753. Por cierto, Bolivia aspira hoy en día a alcanzar aproximadamente los 2.000 kw/hr per cápita, a la vez que los otros cuatro países han desarrollado también las tendencias implícitas que las series de este indicador muestran.

  Esclarece analizar a una pequeña economía, como la boliviana, con vecinos que se dan por gigantes y países asiáticos que sí lo son casi en todo aspecto económico. No son ejemplos a seguir políticamente por el grado de autoritarismo característico de los gobiernos asiáticos y, particularmente, del gobierno chino. Estas comparaciones no pueden ser odiosas, como lo son las personales. Estas son comparaciones que esclarecen y hacen ver un futuro impreciso para la más pequeña de las economías; la boliviana. Economía que mostró el gran potencial de sus exportaciones pero, al igual que sus grandes vecinos, no construyó las bases para emprender un auténtico desarrollo. Un desarrollo que lo destaque en la generación de una base productiva sólida con los recursos que le facilitó el caótico y azaroso mercado internacional.

 Esa coyuntura se dio una vez y difícilmente se repetirá. Se requiere aumentar las exportaciones con acciones premeditadas y de largo alcance para evitar el vaciamiento de las reservas acumuladas, pero este sendero no ha sido todavía definido. Así sólo acabaremos, una vez más, viviendo entre gigantes.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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