Quien calla otorga

A toda máquina

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sábado, 21 de octubre de 2017 · 00:00
Están tan atareados con la inmortalidad brevísima del WhatsApp que probablemente los jóvenes autistas colectivos que pretenden convertirse en la próxima generación de periodistas no conocen el Informe MacBride de la Unesco, que establecía, en 1980, un dato estremecedor: el 90% de los flujos de información circulaba por el mundo a través de dos agencias de noticias: la Associated Press (AP) y la United Press Internacional (UPI), hoy desaparecida. 
 
 Esa enorme influencia de las agencias generaba un desequilibrio grotesco entre la información centrada en los países del norte y la periferia de los países llamados del Tercer Mundo, ausentes de las noticias, salvo cuando era inevitable llenar titulares con algo malo que pasaba en India o en Nigeria.
 
 Las razones no eran técnicas sino políticas: el control de la información mundial permitió a Estados Unidos imponer su agenda militar y económica: Vietnam, Palestina, la OTAN o los tratados de libre comercio influenciaron a una opinión pública inerme, que no tenía otra forma de contrastar esa información. 
 
 Frente a esa hegemonía que distorsionaba el imaginario colectivo, el informe sugería que los países del sur debían afirmar su independencia política, económica y cultural, diseñando políticas nacionales de comunicación, y fortaleciendo sus propias agencias de noticias y sus medios de información. En esos bailes estuvo metido nuestro recordado Luis Ramiro Beltrán, y así nació el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC), por el que Unesco pagó un alto precio: Estados Unidos e Inglaterra abandonaron la organización intergubernamental. 
 
 Surgieron entonces agencias de noticias regionales y nacionales. Entre las regionales estaba ALASEI, la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información, con sede en México. Había agencias similares en África y Asia, que funcionaron hasta que la realidad demostró que no eran autosustentables. Precursoras y anteriores al informe MacBride fueron Télam (Argentina, 1945), Prensa Latina, creada por la Revolución Cubana triunfante en 1959, e Inter Press Service (IPS), creada el año 1964, en Italia, por Roberto Savio como una cooperativa internacional de periodistas. 
 
 Es indispensable referirse a ese contexto mundial porque el 5 de agosto de 1963 nació la Agencia de Noticias Fides (ANF), pionera en Bolivia y en la región. De ella trata el libro Del papel carbónico a la  computadora (2014), resultado de una investigación realizada por Julieta Tovar Ibieta, que me tocó presentar en días pasados en la Cátedra Luis Ramiro Beltrán de la Universidad Católica Boliviana. 
 
 ANF nació gracias a José Gramunt de Moragas S.J., a quien mi padre  solía llamar cariñosamente el "Tata” Gramunt. Su iniciativa y esfuerzo a lo largo de más de cinco décadas permitieron establecer la primera agencia de noticias boliviana, podríamos decir la única, ya que intentos posteriores no lograron trascender o se apoyan hoy en el reciclaje de información que aparece en internet. 
 
 Sus corresponsales estuvieron presentes durante la Guerrilla del Ché (como ha dado testimonio Juan Carlos  Gato  Salazar, entonces un jovencísimo aprendiz de brujo), en la guerrilla de Teoponte y todos los golpes militares. ANF fue una escuela de periodistas. Por su establo pasaron briosos colegas que luego destacaron en los medios impresos: Ana María Romero, José Luis Alcázar, Juan Carlos Salazar, Harold Olmos, Enrique Eduardo, Iván Canelas, entre otros. 
 
 La agencia comenzó con cuatro clientes, por lo tanto, las notas se mecanografiaban con papel carbónico, en cuatro ejemplares distribuidos manualmente. No había fotocopiadoras y menos aún internet, algo que los jóvenes de hoy –mimados por la tecnología- no alcanzan a entender. 
 
 El mercado de ANF se expandió  a lo largo de las décadas siguientes, a pesar de las dictaduras militares que obligaron a dar pasos tácticos hacia atrás para preservar la vida de la agencia. 
 
 La llegada del teletipo con cinta perforada es uno de los capítulos que producen añoranza en quienes todavía tuvimos la oportunidad de trabajar con esa tecnología, que nos parecía lo más moderno y eficiente. 
 
 De esto y más habla el libro de Julieta Tovar con extremo detalle sobre las personas, los momentos históricos y las tecnologías sucesivas. Quizás ese celo por el detalle sea el mayor mérito pero también el talón de Aquiles del libro, cuyo afán de precisión hace que la voz de la autora se desdibuje en detrimento de un texto más vibrante, matizado de anécdotas y relatos de vida testimoniales. 
 
 Una agencia de noticias solamente existe en la medida en que se prolonga en los medios de información: prensa, radio o televisión. Por sí sola sería palabras al viento para capturar como mariposas. 
 
 Para seguir las huellas de una agencia de noticias no queda más que ir a los diarios, los únicos que conservan la memoria de lo que generaron las agencias, ya que una noticia que no fue publicada sencillamente no existió. 

Alfonso Gumucio Dagron es comunicador social, experto en comunicación para el desarrollo.

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