Quien calla otorga

De militar a periodista

sábado, 04 de noviembre de 2017 · 00:00
Otro periodista de la vieja generación se fue silenciosamente el 22 de octubre pasado, bordeando los 90 años de edad, tan desapercibido como vivió los últimos años de su vida. Supe de su muerte por un aviso necrológico y como no he leído hasta ahora nada que recuerde quién fue René López Murillo, decidí escribir esto. 
 
En mi biblioteca encontré Los restaurados (1966), impreso en Novedades (una precaria edición de autor). Volví a leer las 162 páginas (algunos párrafos marcados) de este testimonio donde López Murillo narra con mucha honestidad su paso por el Ejército, lo que vivió en las minas y los momentos clave de su actuación militar hasta el triunfo de la Revolución Nacional del MNR. 
 
Frecuenté a René pocos meses antes del golpe de García Meza, cuando me obsequió su libro con la dedicatoria: "Para Alfonso, con mi estima personal y mi admiración por su quijotismo, si así se puede llamar al deber”. Creo recordar que nos veíamos en Radio Illimani, donde él tenía un programa, o quizás era director de la emisora del Estado. No sé qué pasó con él después del golpe de 1980, pues salí al exilio y lo perdí de vista. Era un personaje controvertido por su actuación durante la caída y colgamiento de Villarroel el 21 de julio de 1946, que él mismo relata en detalle. 
 
Como comandante del Regimiento Loa le dio la espalda a Villarroel, el "tirano”. Hizo que sus tropas emplazaran ametralladoras pesadas en la Plaza Murillo y sus soldados penetraran al Palacio de Gobierno, abriendo las puertas a esa sanguinaria multitud que protagonizó una carnicería despiadada, un episodio de vergüenza en nuestra historia. Villarroel y sus principales colaboradores acabaron desfigurados y colgados en los faroles de la plaza, mientras los militares golpistas se replegaban a sus cuarteles con la gorra hacia atrás, en señal de que eran aliados de los insurgentes. Todo ello en nombre de una "revolución” que nunca fue, porque sólo devolvió el poder a los grandes intereses mineros, según reconoce el propio autor. 
 
Sin duda, el entonces joven oficial de la promoción 47 del Colegio Militar del Ejército no era consciente para quién trabajaba, aunque cuando publicó su testimonio, en 1966, la historia había reivindicado a Villarroel y puesto en su lugar a quienes lo asesinaron salvajemente: el "Frente Democrático Antifascista”, curiosa alianza entre la izquierda procomunista del PIR y la extrema derecha liberal. 
 
Su actuación militar durante los gobiernos de "la Rosca” le costó dos años de cárcel, incluyendo una estadía en Curahuara de Carangas hasta 1954, de donde logró fugar con otros 31 presos políticos para refugiarse en Chile. 
 
Parte de mi interés en conversar con López Murillo tenía que ver con las radios mineras, ya que en 1947, después del derrocamiento de Villarroel, René fue enviado a Potosí (luego a Miraflores) como instructor del Regimiento Colorados y tuvo contacto con una realidad minera que antes desconocía. 
 
Lo que me contó (y consigna en su libro), echa por tierra el dato de que la radio pionera de los mineros fue Radio Sucre en 1948.  Era ciertamente la primera radio minera, pero fue instalada en Siglo XX por la empresa Patiño Mines para contrarrestar las continuas demandas de los trabajadores mineros que exigían precios más bajos en las pulperías, mejores salarios y la libertad de sus dirigentes presos o exiliados. No duró mucho. Los trabajadores clausuraron la emisora que fue reemplazada en 1949 por la primera radio sindical, La voz del minero, también en Siglo XX. Dice René que los equipos fueron comprados por Jorge Flores Belloni. 
 
La estadía en las minas afectó la manera de pensar de López Murillo y quizás influyó en su decisión de dejar el uniforme y convertirse en periodista y escritor. En su libro relata que la Patiño Mines subvencionaba al Ejército para que cuidara bien sus intereses. A los oficiales les regalaba caballos de raza, los mimaba con prebendas. Fue testigo de la represión en las minas: "El ataque del Colorados, del Regimiento Ingavi y del Camacho fue prácticamente a poblaciones indefensas”. Su mirada crítica desde el interior de las Fuerzas Armadas constituye un testimonio valioso por los detalles acuciosos que ofrece sobre cada una de las acciones militares.
 
Le dedica varias páginas a Radio La Voz del Minero, que él escuchaba con curiosidad, sobre todo los mensajes dirigidos a la oficialidad joven no corrompida del Ejército, mensajes de conciliación para luchar contra la oligarquía minera. 
 
Como periodista escribió en Jornada a principios de la década de 1970. Tenía a su cargo las columnas Punto de vista, El rostro de la semana y Bibliografía, desde las que lanzó críticas al libro La revolución india de Fausto Reynaga, de quien fue, sin embargo, amigo. 
 
Alfonso Gumucio Dagron  es comunicador social experto en comunicación para el desarrollo.
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