Quien calla otorga

Plebiscito

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sábado, 02 de diciembre de 2017 · 00:58

Con o sin tu voto, mañana se elegirá a las nuevas autoridades del sistema de justicia en Bolivia: nueve magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia, cinco magistrados para el Tribunal Agroambiental, tres para el Consejo de la magistratura, y nueve titulares para el Tribunal Constitucional Plurinacional.


 Poco importa si hemos llegado conocer las propuestas de los postulantes: sus candidaturas fueron filtradas por una Asamblea Legislativa Plurinacional (APL) de mayoría masista, donde el proceso fue supervisado por algunos de los más obsecuentes mastines del partido de gobierno: Alberto González (Presidente del Senado), Gabriela Montaño (Presidenta de Diputados), y Susana Rivero (Presidenta de la Comisión de Constitución). 


  Los ciudadanos saben que el proceso de selección estuvo manchado por el color azul del partido que gobierna. Mu chos que llegaron a la papeleta electoral habían ocupado puestos en el Gobierno y, en varios casos, el MAS hizo abiertamente campaña para que los votantes los favorezcan con su voto, sin que los tribunales electorales departamentales (TED), la primera instancia de oficio, actuara como es su obligación.


 A pesar del enorme costo para los contribuyentes y de la voluntad del Órgano Electoral Plurinacional (OEP) de llevar adelante un proceso transparente y ajustado a las normas, el periodo de cacería de votos estuvo maleado por innumerables violaciones del reglamento. Estas violaciones no fueron sancionadas a tiempo y con vigor ni por los Tribunales Departamentales (TED), ni por el Tribunal Supremo Electoral, donde una de los siete vocales es “delegada presidencial” y otra simpatiza sin disimulo con el partido gobernante.


 A pesar de un reglamento de claridad meridiana, tanto los candidatos, como los medios de información afines al gobierno, lo utilizaron como papel de envoltorio, por no decir otra cosa, desbordando la capacidad técnica del TSE de supervisar y sancionar. 


 El Tribunal Supremo Electoral, que actuó con imparcialidad en el R eferendo del 21F, como prueban los resultados de ese proceso, recibió un presente griego de la Asamblea Legislativa Plurinacional, un caramelo envenenado que hizo saltar todos los fusibles del TSE, tratando de mitigar el daño a su propia imagen. En el nivel departamental los TED mostraron incapacidad, lentitud y poca voluntad de garantizar un proceso electoral transparente. 


 En 2011 el Gobierno metió la pata hasta la cintura manipulando las elecciones judiciales, cuyo resultado fue desastroso, no solamente porque los votos nulos superaron a los votos válidos, sino porque el sistema de justicia sufrió en los años siguientes un deterioro tan notable, que se hizo común la percepción de que la justicia nunca había sido tan ineficiente y corrupta en Bolivia como durante el régimen de Evo Morales. 


 El propio vicepresidente García Linera dijo que “la justicia está podrida” y un estudio reciente del World Justice Project (WJP) se confirma que Bolivia es uno de los 10 países con peor sistema de justicia del mundo. 


 La oportunidad de enmendar y corregir los errores en estas nuevas elecciones judiciales fue saboteada por el propio presidente Evo Morales y sus principales colaboradores, cuando, en contra de las leyes y de la Constitución Política del Estado, así como ignorando los resultados del Referendo del 21 de febrero de 2016 y olvidado sus propias declaraciones, decidió que iba a presentarse nuevamente como candidato en las elecciones presidenciales. En otras palabras: se disparó de nuevo en el pie y va a pagar las consecuencias, porque no deja a los ciudadanos ninguna otra opción que votar nulo. 


 El bochornoso circo montado durante los seis meses anteriores para forzar esa re re re reelección contra toda lógica y contra toda ética, le ha dado un golpe mortal, nuevamente, a la elección de magistrados de justicia. La ambición de poder aleja cada vez más a los simpatizantes del régimen y aísla al autócrata sinvergüenza.


 La arbitraria decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) de convalidar el asalto a la Constitución Política del Estado es el último cartucho quemado. Ahora con más razón, el voto nulo del domingo los hará morder el polvo y despojará a Evo Morales de toda legitimidad para seguir gobernando. 


 Ya no importa quiénes sean los candidatos en estas nuevas elecciones judiciales, ni los méritos que tengan, porque el voto de domingo será un plebiscito sobre el presidente Evo Morales y, tanto los votos en blanco como los votos nulos, serán una clara señal de que la mayoría de los bolivianos, hartos de corrupción y de autoritarismo, le están diciendo: váyase para siempre el año 2020. 


 Y nuestro sistema de justicia seguirá siendo uno de los peores y más corruptos del mundo, hasta que deje de estar influenciado por la política. 

Alfonso Gumucio Dagron  es comunicador social, experto en comunicación para el desarrollo.

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