Quien calla otorga

El Gordo

sábado, 26 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
Tuve que buscar su nombre de pila porque no recordaba que se llamaba Jorge. Lo conocíamos como el Gordo Mendoza, el periodista más emblemático del Palacio de Gobierno. Fue allí corresponsal de Presencia más de tres décadas y en las fotografías todos los presidentes parecían chiquitos a su lado. 

Entraba al palacio como Pedro por su casa y desde los Colorados de Bolivia que cuidan la puerta hasta los presidentes que bajaban las escalinatas centrales, todos lo saludaban con familiaridad.
 
En su maletín cargaba la grabadora de casete que era su instrumento de trabajo, con la que recogió tanto tiempo voces que decidían los destinos del país. ¿Dónde estarán esas cintas? Probablemente las borró para poder utilizarlas de nuevo, como hacíamos todos en esa época.

Un día el Gordo desapareció de las fotos y de las calles, y no supe más de él hasta que descubrí hace un año que era mi vecino, vivía en laTorre Zafiro, a media cuadra de mi casa, y solíamos coincidir muy temprano los fines de semana cuando yo salía a trotar y él daba la vuelta a la esquina con un pequeño perro.

Lo encontré bien, como siempre sonriente y bonachón, con esa voz que no se alteraba, con el traje gris que le colgaba por todas partes como saco de payaso, demasiado grande para su cuerpo que se había reducido con los años. Probablemente tenía que ajustar su cinturón y hacerle nuevos agujeros para que no se le cayeran los pantalones, pues ya no tenía la enorme panza de antes.  El Gordo era ahora flaco. 

Cada vez que nos veíamos me reclamaba las fotos con dirigentes políticos que habíamos entrevistados juntos, cuando formamos equipo en el programa radial Facetas primero en Radio Cruz del Sury luego en Radio Stentor, con Humberto Vacaflor, Sandra Aliaga, Minil Ordóñez, Gonzalo López Muñoz, Juan León Cornejo, Luis Minaya y Carlos Arze Castedo, que era el director de orquesta. 

Nunca estaba el grupo completo, éramos cuatro o cinco compartiendo el micrófono. Fue una época que recuerdo bien porque me incorporé a Facetas apenas regresé de Francia a fines de 1977. A veces yo hacía comentarios de cine, como la película cuyo estreno causó escándalo: Emmanuelle, más manoseada que la salida al mar.

Entrevistamos a Siles Zuazo y a Juan Pereda Asbún, entre otros.  Tengo las fotos que me reclamaba el Gordo y que varias veces compartí con él pero creo que las extraviaba. También fotos de alguna parrillada, probablemente en casa de Gonzalo López Muñoz (director de IPE).

Según una tesis universitaria de la época, después de la huelga iniciada por las mujeres mineras, que se extendió por el país llegando a sumar dos mil personas, Facetas habría sido uno de los factores que precipitaron la caída de la dictadura.

A principios de este año, en nuestros encuentros matinales nos prometíamos vernos y conversar sobre los viejos tiempos, pero como tantas cosas en la vida eso no se pudo concretar porque a Jorge Mendoza Zegarra se le ocurrió morirse sin avisar el martes 20 de junio de 2017, a la edad de 83 años. 

Me enteré recién por el Gato Salazar, otro tupiceño, para quien el Gordo "era un apasionado cazador de noticias, con un gran olfato para detectar las novedades, sobre todo las grandes pepas.
 
Si lo veías llegar a la radio o al Café La Paz con una enorme sonrisa, era que había encontrado alguna donde nadie la había visto”.

La escritora Verónica Ormachea fue también corresponsal en el palacio y allí conoció al Gordo: "Nos veíamos en la Sala de Prensa y él, como viejo lobo de mar, me daba una mano en mi primera experiencia como periodista. De vez en cuando íbamos al Rayito de Luna a tomar un café, el boliche de los periodistas”.

Uno de los últimos directores de Presencia, Armando Mariaca, recuerda que el Gordo se jubiló un par de años antes del cierre definitivo del diario: "Era buen amigo, buen reportero, dinámico, jovial y respetuoso con todos”. 

Sandra Aliaga lo recuerda con cariño y agradecimiento: "Facetas fue mi mejor escuela y en ella, eras y serás por siempre mi Gordo amado. Te reías de mi ímpetu revolucionario, me llamabas ‘pone bombas’ y creías en mí. Eras el capo de las fuentes militares, policiales y demás uniformados. Eras un buen cazador de noticias”.

Luis Minaya, también de Facetas, recuerda que "tenía un instinto enorme para ubicar la noticia. Sin poses intelectuales, porque no las necesitaba, fue un auténtico reportero, la etapa superior del periodista”. 

La memoria de los bolivianos es débil. Nos olvidamos de lo malo y de lo bueno. Algunos hechos históricos permanecen más o menos frescos a fuerza de hablar sobre ellos, pero el recuerdo de muchas personas valiosas se pierde rápidamente. Por ello, este breve tributo al Gordo Mendoza. 

Alfonso Gumucio Dagron es comunicador social, experto en  comunicación para el desarrollo.