Quien calla otorga

Aplanadora

sábado, 09 de septiembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
En semanas recientes hemos tenido la demostración más clara de la prepotencia y soberbia del régimen de Evo Morales, que ya no necesita argumentos racionales para pasar por encima de la sociedad boliviana con la aplanadora del poder, un poder que tiene una frágil legalidad y muy poca legitimidad porque ya no responde a las aspiraciones de la mayoría de los ciudadanos.

La misma aplanadora que parte en dos el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) tiene su equivalente en el rodillo parlamentario que divide a la sociedad boliviana y desconoce los propios instrumentos constitucionales que con presiones y maniobras se sacó de la manga el gobierno de Evo Morales entre gallos y medianoche el año 2009. 

Algo huele mal, pero no en Dinamarca como en la escena de Hamlet, sino en Bolivia, donde las alcantarillas del poder ya no pueden contener tanto autoritarismo soberbio e irresponsable, tanto capricho presidencial, tanta corrupción en todas las instituciones, tanta imposición más allá de las razones de Estado.

Seguramente la corte que rodea al monarca sin corona le miente y le dice que no debe preocuparse, que son agitadores minoritarios los que lo silban en sus apariciones públicas, algo que antes era impensable. Por ello tiene ahora que tomar el helicóptero todos los días para ir a confines del país donde encuentra todavía algunas poblaciones dispuestas a recibir sus migajas, sus obras de alcalde nacional auto-nombrado.

Si su majestad le dedicara el 10% del tiempo que emplea en jugar fútbol a leer en los diarios lo que diferentes sectores sociales opinan sobre su gobierno, estaría preocupado al constatar que la tortilla de la opinión pública se ha dado la vuelta, que los vientos ya no lo favorecen como antes, aún cuando todavía no se siente la crisis económica que se avecina.

El problema para esa mayoría de la sociedad que ya no está alineada con el drástico trazo de la aplanadora, o nunca lo estuvo, es que no tiene posibilidades de detener el rodillo porque la Asamblea Plurinacional funciona como un brazo político de la presidencia. Parece un regimiento bien formado que está esperando órdenes del Palacio de Gobierno.

No conocemos siquiera los nombres de esos soldados que cumplen con el deber de levantar la mano cuando se les pide, y el resto del tiempo callan y están como ausentes, parafraseando a Neruda. Cuando escuchan la consigna o se la pasan por WhatsApp, despiertan y  estiran el brazo.
 
Eso basta para recibir sus jugosos pagos mensuales, sus dietas de engorde, y los beneficios del tráfico de influencia que constantemente ejercen amparados en una posición que no ocupan por mérito.

Así, con una consigna vergonzosamente uniformada aprobaron a mano alzada la destrucción de la integridad del TIPNIS, que es todavía, como su nombre indica un territorio indígena y un parque nacional. 

De nada valen los falsos discursos sobre la Pachamama y la madre tierra, a la que le dan con hacha todos los días. El ex Canciller Choquehuanca, que ejercía con fruición ese discurso en las recepciones diplomáticas y en sus viajes al exterior, está ahora en un exilio dorado, derrotado por el vicepresidente García Linera, su tradicional enemigo. El equipo de Choquehuanca cayó en desgracia y García Linera ganó espacio político con nuevos ministerios, para imponer su "capitalismo andino”, que de "andino” solamente tiene un dejo de sorna. 

¿Cómo desarticular la aplanadora que cada vez más, como en Venezuela, obedece a decisiones arbitrarias y autoritarias que no respetan a la mayoría de los ciudadanos? ¿Cómo evitar que la hegemonía parlamentaria sea un calco del ejecutivo? 

En muchos países eso se ha resuelto con elecciones del Poder Legislativo a medio término, de manera que no coincidan con las elecciones presidenciales. La rotación democrática de asambleístas hace que se refleje la realidad cambiante del país, pero en la Constitución boliviana diputados y senadores se encargaron de amarrarse bien a sus curules. 

Por ello el único camino antes de 2019 es un proceso revocatorio de la Asamblea Legislativa Plurinacional. No hay otra posibilidad para frenar a la aplanadora. Necesitamos un equilibrio y una representatividad genuina en el Poder Legislativo, en lugar de esa masa gris de levantamanos bien cebados a quienes el país les interesa un comino.
 
Alfonso Gumucio Dagron  es comunicador social, experto  en comunicación para el desarrollo.
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