Quien calla otorga

Autopista eterna

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sábado, 13 de enero de 2018 · 00:06

Podría ser como en el magnífico cuento Autopista del sur, de Julio Cortázar, en el que se inspiró libremente Jean-Luc Godard para mostrar el caos de la civilización en su largometraje Week-end (1967), o la extraordinaria escena de la autopista en Roma (1972) de Federico Fellini… Pero no lo es.

 Sencillamente es un dolor de cabeza.


 Me refiero a la autopista de La Paz-El Alto, más cercana a nosotros, más oscura, menos digna de inspirar a escritores y cineastas a pesar del esfuerzo del gobierno central de convertirla en una pesadilla cinematográfica desde hace más de dos años.


 Los “genios” de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) tuvieron la brillante idea de cerrar dos carriles a lo largo de la autopista, de subida y de bajada, bloqueando el carril lateral con turriles para impedir el paso. El resultado ha sido un caos total en la circulación entre las dos ciudades con más tráfico vehicular de Bolivia.


 Los conductores pueden pasar dos horas haciendo fila en un trayecto de diez kilómetros que normalmente tomaba diez minutos. La ineficiencia es tal, que no se ve gente ni maquinaria trabajando, igual está cerrada toda la autopista, por fregar.


 Pero… ¡milagro!  El presidente Evo Morales, que solamente sobrevuela la autopista y nunca la usa, se enteró que los trabajos de ampliación no estarían terminados para la llegada del Dakar, de modo que se enojó, escupió cuatro carajazos y los puso a trabajar día y noche para que no arruinen su fiesta (que le costó cuatro millones de dólares al país).


 La ineficiencia de la ABC y la mala calidad de los trabajos que realiza es bien conocida y será objeto de auditorías. No pasaron dos meses de la ruidosa inauguración de la doble carretera de La Paz a Oruro, que ya estaban parchándola, tan mal había sido pavimentada. 


 Todos los proyectos camineros del país han tenido al menos 20% de retraso de entrega y de aumento del presupuesto original, lo que indica altos niveles de corrupción. Así sucede con todo lo que se construye bajo la “supervisión” de la ABC, obras inauguradas con fanfarria por el “alcalde nacional”, el que inaugura todo, desde un pozo de agua hasta una posta sanitaria. 


 Sin embargo, nunca estuvo tan activa la ABC como en tiempos en que la dirigía una amiga muy cercana a Evo Morales: Patricia Ballivián (que hoy ostenta otro cargo menos notorio).  Durante su gestión se dedicó con ahínco a perseguir con juicios al que había sido su jefe durante el gobierno de Carlos D. Mesa: el ingeniero José María Bakovic, un hombre íntegro, jubilado, de una larga y exitosa carrera internacional, que regresó para servir al país. 


 Con el “receso de cambio” y alentada por un odio enfermizo, la flamante directora de la ABC levantó más de 70 juicios contra Bakovic, en todo el país, obligándolo a desplazarse todas las semanas para atender audiencias en La Paz, Sucre, Cochabamba, Tarija, etcétera.


 Ya sabemos cómo funciona la judicialización de la política en tiempos de Evo Morales: Bakovic viajaba disciplinadamente, cubriendo los costos de sus pasajes, de su hotel y de su comida, y la mayoría de las veces cuando se presentaba a una audiencia judicial, le decían que se había suspendido a último momento. No tenían siquiera la decencia de avisarle con anticipación. 


 Por supuesto, era una manera de presionarlo hasta el agotamiento.  Nunca probaron ningún hecho impropio en su gestión, simplemente lo tuvieron viajando desde los valles hasta el altiplano tantas veces, que acabaron matándolo. Gran triunfo de la justicia masista y en particular de la señora Ballivián, recompensada con otro cargo. 


 La autopista es solamente un símbolo, pero imaginemos lo mismo en escala nacional. Todo lo que toca el autócrata se arruina. Es un Rey Midas al revés, en lugar de convertir en oro la bonanza económica de Bolivia durante diez años, la hizo desaparecer como prestidigitador.


 Las empresas estatales parecen broma: Quipus, Mutún, Cartonbol, Enatex, Papelbol, Ecelbol, Eepaf, Eeps, Promiel, Envibol, Vinto, Lacteosbol, Eba, Ebih, Satélite Tupak Katari, Planta de Yacuiba y Bulo Bulo, y ahora San Buenaventura… Me pregunto si esos fracasos estrepitosos no son casos de “mala praxis” que deberían ser sancionados por el Código del Sistema Penal que el régimen se empeña en imponer sobre la población. 


Alfonso Gumucio Dagron  es comunicador social, experto en comunicación para el desarrollo.

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