Quien calla otorga

El fantasma de la CIA

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sábado, 24 de febrero de 2018 · 00:06

 En 1975 conocí en París a Philip Agee, exagente de la CIA. Lo entrevisté para mi largometraje documental Señores generales, señores coroneles (1976) en el que denuncié a la dictadura de Banzer. 


 Philip era una buena persona. La CIA lo había reclutado joven, apenas graduado de la universidad, cuando él creía que el comunismo era el diablo. Poco a poco se dio cuenta de que las cosas no eran en blanco y negro, y que las operaciones encubiertas de la CIA no eran nada honrosas. Así se fue decepcionando mientras ejercía como agente de “la compañía” en Ecuador, Uruguay y México. 


 Cuando se convenció de que la CIA actuaba en contra de procesos democráticos renunció, pese a todos los intentos que hicieron sus jefes para retenerlo. Temiendo por su vida se fue a Europa y escribió el libro Diario de la CIA, que se tradujo a más de 20 idiomas. Mientas tecleaba lo espiaban, al extremo de que escondieron en la tapa de su máquina de escribir un sofisticado sistema de transmisión para leer desde lejos lo que estaba escribiendo. 


 No pudieron impedir la publicación del libro pero lo persiguieron, anularon su pasaporte y presionaron a los gobiernos europeos para que no le dieran asilo. Al final obtuvo pasaporte alemán por matrimonio y fue acogido por Cuba, donde el año 2000 creó Cuba Linda, una empresa de turismo de la que vivió hasta su muerte, en 2008, a los 72 años.


 Cuando lo conocí, en 1975, denunciaba activamente a la CIA en países de los que tenía información.

Me proporcionó la lista de agentes de la CIA en Bolivia, que entregué a la agencia France Presse para su difusión inmediata. En pocos días, todos esos agentes salieron de Bolivia, lo cual probaba que la información de Agee era fidedigna.


 En su libro narra cómo la CIA contrata a informantes locales para reunir información política que luego difunde como noticias falsas a través de agencias afines o mal intencionadas. Esos informantes pueden ser militantes de los partidos políticos, periodistas, ministros, etcétera.


 Gracias a la desclasificación de cables de la CIA (que pueden ser leídos en internet en los archivos de la agencia) me enteré, por ejemplo, que la CIA seguía los pasos de mi padre cuando estaba exiliado en Buenos Aires, el año 1949. Aunque el nombre del informante está cubierto por una banda negra o blanca, el texto de los cables deja suponer que era alguien que frecuentaba a los exiliados del MNR y que tuvo cercanía con ellos para informar sobre sus movimientos. 


 En uno de los tres cables que encontré, el informante da cuenta de un viaje que mi padre hizo a Lima.

Dice textualmente (traducción del inglés): “Alfonso Gumucio, boliviano del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), exiliado en Argentina, regresó a Buenos Aires el 19 de febrero luego de sostener una reunión con Juan Luis Gutiérrez Granier y el Coronel Alfredo Pacheco, exiliados bolivianos en Perú. De acuerdo a Gumucio, ambos hombres fueron los principales cabecillas en el fallido intento revolucionario boliviano”.  Y luego, en un segundo punto, añade: “Gumucio era el contacto en Buenos Aires del grupo que complotaba en Perú. Al parecer regresó a Argentina desanimado y sin ganas de hablar del asunto”.


 El segundo cable, del 28 de octubre de 1949, relata que el gobierno argentino ejecutó el 24 de septiembre el decreto de julio de ese mismo año para que 16 exiliados del MNR fueran residenciados en el interior del país. De esa manera a mi padre lo residenciaron en Paraná junto a Raúl Zumarán y Armando Fortún; a Germán Monroy Block y a Julio Zuazo Cuenca los enviaron a Mendoza; a Armando Prudencio, Hernán Boland y Armando Arce a Neuquén, y al Mayor Gustavo Maldonado a Rosario. 


La Policía no pudo encontrar a Emilio Alem, Germán Quiroga Galdo y otros tres exiliados. Carlos Montenegro también estaba destinado a Paraná, pero le concedieron la residencia en Buenos Aires (quizás por motivos de salud). 


 Vale la pena traducir el tercer cable fechado el 13 de enero de 1950: “Se sabe que los exiliados del MNR en Argentina recibieron un pedido urgente de sus camaradas en La Paz de enviarles antes del 15 de enero de 1950 desde Buenos Aires 800.000 bolivianos. Nos informan que ese pedido fue discutido en casa de Alfonso Gumucio en Argentina el 22 de diciembre con Mario Diez de Medina y otro miembro del MNR todavía no identificado”. ¿No sería esa tercera persona el informante? Lamentablemente ya no le puedo preguntar a mi padre. 


 El cable sigue: “Diez de Medina dijo que había que cumplir con el pedido y que el método de envío se discutiría después. Nos dicen que Diez de Medina dio a entender que los 800.000 bolivianos vendrían de los fondos que los militantes del MNR en Buenos Aires tienen a su disposición, como parte del botín de millones de bolivianos tomados de bancos en Bolivia durante la revuelta del MNR en 1949”.

(Mi padre vivía en Buenos Aires desde 1944).


 El cable incluye un comentario: “Informes previos indican que el MNR está planeando un ensayo revolucionario total en febrero de 1950, con levantamientos programados en La Paz, los distritos mineros y en varios puntos fronterizos de Argentina-Bolivia”. Y concluye: “No sabemos si hay una conexión posible entre este intento revolucionario y la huelga general que supuestamente ha sido planeada en la Mina Patiño en Catavi, que tendría lugar el 15 de febrero de 1950”. Varias palabras han sido bloqueadas en ese cable, probablemente el nombre del informante. 


 El apellido Gumucio era seguido por la CIA no solamente en Bolivia sino en Chile, donde el ala izquierda de la Democracia Cristiana era liderada por Rafael Gumucio, sobre quien aparecen varios cables. 


 En el gobierno de Evo Morales hay sin duda agentes dobles e informantes que venden información a la CIA, pero eso lo sabremos con certeza dentro de algunos años. Paciencia.
 

Alfonso Gumucio Dagron es  escritor y cineasta. Twitter @AlfonsoGumucio 

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