Quien calla otorga

Desfalcos y pillerías

Desfalcos y pillerías
Desfalcos y pillerías
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sábado, 21 de abril de 2018 · 00:07

 No ha existido en la historia republicana de Bolivia un gobierno más corrupto. Podemos comprobarlo cada día y para el propio régimen ya es imposible ocultar la corrupción que se ha extendido como un cáncer, no sólo en la administración pública, sino que ha hecho también metástasis en una parte de la empresa privada que no podría obtener contratos con el Estado sin pagar los porcentajes en efectivo que exigen los funcionarios. 

 Por el alto número de casos expuestos y por los montos involucrados, la afirmación del párrafo anterior no es ni gratuita ni temeraria. La escribo con la mayor responsabilidad y serenidad, y también consciente de que hay funcionarios honestos que trabajan para mejorar la situación del país, pero que en últimas resultan cómplices con su silencio y su tolerancia.

 Así de grave está el asunto. Cada semana se suman nuevos escándalos de corrupción que son apenas la punta visible de un enorme iceberg porque estallan sólo los casos que ya es difícil ocultar, aquellos que como pus brotan de las heridas con las que la corrupción está hiriendo al país. No sabemos todavía de muchos otros hechos que saldrán a la luz a medida que el poder de contención se resquebraje.

 De los que sabemos, la lista es larga: desfalcos en el Fondo Indígena, contratos truchos para la empresa china CAMC a través de la amante del Presidente, taladros de YPFB, desastre de Jindal, asesinato YPFB-Catler, Papelbol, barcazas chinas, transferencia gratuita del canal PAT al gobierno, Banco Unión, tráficos con equipamientos y medicinas en hospitales públicos, y de equipos de televisión en el canal estatal, concesiones mineras y petroleras que incluyen fracking, tráfico de oro, y, por supuesto, narcotráfico y contrabando en gran escala. 

 Esos son algunos de los grandes negociados, pero hay más: en casi todos los proyectos del Gobierno hay sobreprecios, contrataciones directas sin estudios de factibilidad y sin supervisión, falta de auditorías, y de rendición de cuentas. Los empresarios contratados hablan en privado del porcentaje de coima que tienen que pagar en desmedro del costo total y de la calidad de las obras.

 El resultado es que al cabo de unos meses vemos techos de aeropuertos “nuevos” que se desmoronan, edificios mal construidos que presentan problemas, carreteras inauguradas con bombo y platillo que ya están siendo parchadas, coliseos, y canchas de césped sintético que permanecen vacíos, tuberías de agua mal colocadas que estallan, hospitales y escuelas que carecen de maestros y equipamiento, y así sucesivamente. 

 Si se hicieran auditorías de los proyectos del programa Evo cumple (de clara vocación electoral sostenida), tendríamos una larga lista de anomalías pasibles de un juicio de responsabilidad a quien ha sido el director ejecutivo de ese proyecto y ha dispuesto de miles de millones del erario discrecionalmente: Evo Morales.

 En medio de tanto desvío de fondos de dimensión mastodonte, otras pillerías pasarán desapercibidas cuando llegue la hora de las auditorías. En ese paquete están las alfombras voladoras del ministro Arce, los Toyota y el catering del Vicepresidente, el desvío de productos de EMAPA, las visas chinas, el avión presidencial, los camiones de Quintana, los bienes incautados por Dircabi, las licencias de software y un largo etcétera. 

 Para eximir a sus fieles servidores (pero sobre todo para protegerse a sí mismo) Evo Morales señala como culpables a técnicos de menor nivel, cuando la responsabilidad tienen que asumirla las autoridades que firman los contratos. En última instancia, la culpa recae sobre el mismo “jefazo” autoritario y su famosa frase: “métanle nomás”.

 ¿Recuerdan a Santos Ramírez, el profesor rural a quien Evo Morales entregó la presidencia de YPFB, la más importante empresa del Estado? Cuando lo apresaron por corrupción, Morales salió vehementemente en su defensa (vean los diarios de entonces), pero al tercer día tuvo que callarse, ¡chitón!

 Dicen los del MAS para proteger a su jefe: “Siempre hubo corrupción pero ahora la castigamos…” Pero no es verdad: además de los casos conocidos de personas vinculadas a las dictaduras de Bánzer y García Meza, que han cumplido o cumplen sentencias, este gobierno ha rebuscado bajo las piedras pero no ha podido encontrar casos significativos de corrupción en gobiernos democráticos. Por ello se ha dedicado a perseguir aplicando retroactivamente disposiciones recientes por “daños al Estado” a personas dignas como José María Bakovic, hasta matarlo con una carga de más de sesenta juicios.   

 Es importante guardar memoria (recortes, grabaciones, contratos, fotocopias) de los hechos delictivos del gobierno del MAS, algunos de los cuales han sido publicados en medios críticos al gobierno muy a pesar de las sanalfonciones económicas que se les impone al negarles la publicidad de entidades públicas (como si fuera dinero del MAS).

 En el próximo gobierno democrático, la carrera universitaria más requerida será la de auditor.  

Alfonso Gumucio Dagron es escritor y cineasta. 
@AlfonsoGumucio

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