Tinku verbal

La corrupción y sus militantes

domingo, 23 de octubre de 2016 · 00:00
El día que el Foro Económico Mundial declaró subcampeón de la corrupción al Estado Plurinacional, hoy sólo superado por la Venezuela del chavista Nicolás Maduro, recordé la Ley de Moisés que condenó el soborno hace 3.500 años y está registrado en la Biblia, Éxodo 23.8: "No te dejes sobornar con regalos, porque el regalo enceguece al que ve con claridad y pervierte las causas de los justos”.

Y cuando escuché en Radio Compañera que la ministra de Transparencia, Lenny Valdivia, descalificó ese informe me acordé de los 20 escándalos de corrupción que sacudieron la gestión del MAS: Papelbol, Catler, Ostreicher, Red de Extorsión, el Fiscal Soza y los sobornos en el caso Rozsa, elefantes blancos, Edgar Patana, Lino Condori, Narcocisternas, Caso Sandy, Clan de Corrupción en YPFB, Catering-BOA, Fondo Indígena, Tráfico de Influencias de la expareja del presidente Evo, puestos militares fantasmas, quiebra de la Empresa Constructora del Ejército, Barcazas Chinas, repuestos fantasmas para aeronaves del TAM, aviones chinos y el puente que se cayó en Cochabamba.
 
Apabullado por los 20 escándalos, me animé a atisbar las causas de la corrupción, entre ellas encontré: la avaricia, el egoísmo, la ambición y el poder. 
 
El avaro no entiende el sentido social del dinero; cree que es un fin y no un medio para satisfacer necesidades básicas y ser feliz. Es capaz de sobornar al diablo o ser sobornado por él para obtener más dinero. Nunca entendí a estas personas que acumulan y acumulan, sabiendo que no se llevarán un dólar a sus frías tumbas; pues, deben saber ahora que están a tiempo que lo más pobre de un ser es dejar a los hijos lo que no le ha servido.  
 
El ensayista y filósofo griego Plutarco decía que "la bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga jamás la avaricia”. Esta sentencia aplica al político sin educación ni ética que tomó por accidente el poder y en la medida que tiene un poco, quiere más, más y más, hasta matar, mentir y violar la ley para tener más poder. 
 
En consecuencia, el corrupto es ambicioso, es un ser insaciable que si tiene un millón, quiere a cualquier costa dos y luego cuatro, cinco y así hasta el infinito. Su orgullo es el dinero y el lujo porque su ser no vale nada; su poder es la plata porque sabiduría no tiene.  
 
En esta parte, una aclaración, cuando hablo de persona ambiciosa no me refiero al empresario que comparte con los trabajadores, a través del salario, los ingresos por los productos que vende. Me refiero al desalmado que no crea empresa, sino sólo roba el futuro de esos obreros.
 
Menos mal que aún hay gente que considera que la gloria pasa por la valentía y la honestidad, aunque a veces temo que hay cada vez más gente que cree que pasa por el dinero. 
 
¡Para qué tanto!, si vivir bien es comer lo suficiente, hacer al amor placenteramente, viajar y tener salud, diría Savater. Pero el religioso del dinero y el poder no entiende que lo que hace bien al resto, le hace bien a él. Es egoísta, se cree irreemplazable, desprecia al resto, incluido al llunkitu que alimenta su ego; y como tal corrompe para que el mundo siga girando a su alrededor.
 
El corrupto tiene una víctima segura: el pobre, que nunca podrá pagar un soborno ni recibir porque no tiene nada que necesite el egoísta, el poderoso o el avaro. 
 
El corrupto está en aquel que nombra a un incapaz en un cargo público y éste acepta sabiendo que su ineptitud afectará el futuro de la comunidad; está en aquel que roba el dinero público a través de una obra mal hecha; está en el fiscal o juez que recibe unos pesos para torcer la ley y en el litigante que paga para beneficiarse con la injusticia.
 
A ratos pierdo la esperanza, pero me aferro a la educación para frenar el espíritu concupiscente del ser humano; no hablo de la "educación” en las escuelas, sino en los hogares, obligados hoy más que nunca a erigir una élite que gobierne con el ejemplo. Y bueno, luego de recordar la Ley de Moisés contra el soborno, me animo con la activista estadounidense, Joan Baez, que canta: "Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”.

Andrés Gómez es periodista.

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