Tinku verbal

Quechua, pero no indio ni indígena

Quechua, pero no indio ni indígena
Quechua, pero no indio ni indígena
Por 
domingo, 29 de octubre de 2017 · 00:00
Indio es un sentimiento de inferioridad y no una identidad. Lo discutimos en julio de 2003 en una reunión de Educación Radiofónica de Bolivia (ERBOL). ¿Quiénes somos los quechuas? Nos problematizamos y nos redescubrimos en detalles. El 100 por ciento teníamos nombres y apellidos ibéricos (paterno o materno), nuestra música e instrumentos no eran originarios, nuestra comida, menos. 
 
En general, nuestra cultura era/es una mezcla entre lo que había en esta parte del mundo antes de 1532 y lo que había llegado con los barbudos invasores. En el debate seguimos la huella de la palabra y llegamos a la parte ya conocida: el gentilicio indio fue usado por error (Colón creyó que arribó a la India).
 
Sin embargo, pese a ese error el apelativo fue impuesto a todos los habitantes de esta parte del mundo, lo que borró las particularidades culturales. Pero una identidad no se impone, se construye. Y se construye sobre la lengua, cultura, costumbres, usos, cosmovisión. 
 
En tres siglos, la palabra indio fue cargada de la mayor negatividad posible a tal punto que fue convertida en sinónimo de inferior. La independencia no cambió este prejuicio. La Revolución Nacional de 1952 sí, porque reconoció al indio como ciudadano. La era democrática materializó los derechos que estaban en papel y allanó su acceso a la administración del Estado. En resumen, no fueron las armas que permitieron su llegada a los niveles de decisión, sino las leyes (el Estado de derecho).   
 
El posterior uso de la palabra indígena, que deriva del latín inde (de allí) y gens (población) y significa "originario del lugar”, edulcoró el término indio, pero fue una tautología usada para fines ideológicos de mala cuna y para homogeneizar más que para preservar identidades.  
 
Las personas que nacimos después de la Revolución Nacional y antes de la era democrática ya teníamos derechos que nuestros abuelos y abuelas no tenían; y nuestras madres y padres no habían ejercido plenamente. Uno de esos derechos, la educación, nos ayudó a superar los complejos de inferioridad y de superioridad.
 
Aunque en la escuela nos hicieron odiar a los invasores y a los imperios; en el colegio conocimos la historia crítica que nos ayudó a entender que no éramos la excepción. Es más, comprendimos que éramos el resultado de los invasores y los invadidos; de los hombres que habían llegado y de las mujeres que vivían aquí. Pero la ideología de mala cuna buscaba que odiemos a uno de nuestros progenitores. 
 
El ingreso a las universidades nos ayudó a salir del pantano del resentimiento y a ver de igual a igual a quienes no eran culturalmente como nosotros. Aprovechamos las oportunidades y adquirimos una profesión al igual que aquellos a quienes nos querían hacer odiar, tuvimos éxitos y fracasos como aquellos a quienes nos querían hacer ver que eran mejor que nosotros de nacimiento.
 
Aprendimos a aceptarnos y a sentirnos orgullosos de nuestro ser histórico. Entonces, pese a que padres y madres nos aconsejaron no hablar nuestra lengua para que no nos discriminen, decidimos hacerlo como prueba de superación de nuestros complejos. 
 
Somos hijos de este tiempo, por esa razón no podemos vivir con la mente en los pasados "500 años”, sino con la mirada en el horizonte, y es allá donde nos sentimos quechuas y vemos a nuestros hijos e hijas mezclados con otras culturas. Pues la identidad cambia a la velocidad de las migraciones, será por eso que los quechuas de hoy amamos ser bolivianos y aspiramos a ser universales.
 
Indio es un sentimiento de inferioridad y no una identidad, en cambio quechua sí es una identidad; una identidad consciente de que el pasado ya no se puede cambiar, el futuro sí.
 
Andrés Gómez Vela es periodista.
455
29

Otras Noticias