Tinku verbal

Comer con hambre, no por mera costumbre

Comer con hambre, no por mera costumbre
Comer con hambre, no por mera costumbre
Por 
domingo, 10 de diciembre de 2017 · 00:11

Si hay algo que me fastidia es ir a comer con alguien y ver que éste pida un platazo y después de tomar dos cucharadas o algo más, sobrar. No es porque profese alguna religión, es por simple sentido común: uno debe sentarse a la mesa a comer con hambre y no por mera costumbre.

Quizá, ahora mismo, estás pensando que no debería fijarme en esas cosas que competen a cada uno y yo no soy quien para normar la vida privada. Es probable que tengas razón. Pero déjame decirte que comer significa compartir.

Sí, la palabra comer viene del latín comedere, y está formada del prefijo com (con) y el verbo edere. Y lleva, justamente, el prefijo com para recordarnos, cada vez que nos aprestamos a servirnos alimentos, que no deberíamos comer solos. 

No es una mera palabra con memoria gastronómica, es un significado que representa un acto con consecuencias sociales. Por eso, si en una familia somos cinco, bastarán cinco panes para el desayuno; si compramos 10 y no consumimos los otros cinco, es como si hubiéramos quitado el pan de la boca a otros cinco que no han podido desayunar ese día por diferentes razones. 

Ya sé, no resolveremos el problema del hambre consumiendo lo necesario, pero al menos no nos quedaremos con la sensación de haber cometido una injusticia al comprar más alimentos de lo que necesitamos. 

“Entonces, me estás diciendo que debo comer por demás para no sobrar”, me dijo mi amigo Vladimir, en un matrimonio donde nos pusimos a hablar sobre este tema al ver que algunos borrachitos y algunas borrachitas ni tocaban sus platos. Recuerdo que le respondí con una frase del filósofo español, Fernando Savater: “Comer por demás es quedarse con la comida que podía haber alimentado a otra persona que sí lo necesitaba”.      

Esta preocupación no es sólo mía, hay miles de personas que piensan lo mismo. A una de ellas conocí en, Grecia, un musulmán, cuyo nombre no recuerdo, pero sí las palabras que me dijo: “Siempre hay que sentarse y levantarse de la mesa con hambre”.

¿Por qué?,  pregunté. “Para no olvidar el hambre que sienten millones de personas en el mundo; por eso los mulsumanes ayunamos”, me respondió. Corría el año 2010, estábamos en Atenas, en un hotel de cinco estrellas (gracias a las instituciones que nos habían invitado), donde había en el desayuno panes de todo tipo, huevos hasta de tortuga, salchichas para todos los gustos, además de otros manjares. Y me sentía culpable porque afuera había miles de manifestantes que estaban pidiendo mejores condiciones de vida y en ese hotel se estaba desperdiciando alimentos todos los días. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación  señala que alrededor del 30% de los alimentos se echa a perder desde que se produce hasta que llega a la mesa de los consumidores.  

Los países industrializados y en vías de desarrollo desechan cada año más de 600 millones de toneladas.  De ese total, los consumidores de los países ricos desperdician 222 millones de toneladas de comida cada año, una cantidad semejante a la totalidad de la producción alimentaria de África (230 millones de toneladas). 

Por esos números inhumanos, es un pecado contra la humanidad, no contra Dios, comer sin hambre, sobrar comida o comer por demás. La comida es para cuidar el propio cuerpo, para reponer sus energías y no para cargarlo en exceso. 

Entonces, el comer se convierte en algo estético y ético, diría Savater. Estético porque el exceso sube el peso y baja la autoestima. Ético porque lo que no comes o comes por demás puede servir a otros. 

A propósito de este tema, recién nomás mi amigo de infancia y adolescencia, Edwin Paco Ossio, me comentó: “desde que como sano y bajé de peso, siento que hasta mi cabeza funciona mejor”.

En ese momento, recordé a Séneca: “la abundancia de alimentos entorpece la inteligencia”. ¡Ummm!, creo que el filósofo romano exageró. De todos modos, mejor quedémonos con Cicerón: “el mejor condimento es el hambre”. ¡Provecho! 

Andrés Gómez Vela es periodista.

300
17

Otras Noticias