Tinku verbal

Tu voto vale más que la ambición de Evo

domingo, 24 de septiembre de 2017 · 00:00
En los últimos días, vi en las redes sociales unos memes de humor crudo sobre una frase del ministro de Defensa, Reymi Ferreira. En un principio, pensé que era una exageración, no creía que el exrector de la "U” Gabriel René Moreno haya dicho algo así: la repostulación es un derecho humano por encima de los votos.

Fuera prejuicios, vengan juicios. Quizás Reymi tenga razón. Veamos.  

Antes de las revoluciones liberales, el voto era estamental, se constituyó en universal en el siglo XX (en Bolivia con la Revolución del 52). Desde entonces, el sufragio es un derecho y una obligación; y sus funciones son las de producir representación, gobierno, legitimación y participación en decisiones públicas. En resumen, es un medio de expresión de la opinión de cada ciudadano que sumadas a la de otros se convierte en la voluntad soberana del pueblo. 

El pasado 21 de febrero 2016, Reymi y sus amigos decidieron preguntarte si querías que la yunta masista Evo-Álvaro se repostule una vez más. No sé cómo votaste, pero la mayoría opinó que NO.
 
Un año y siete meses después, ellos, que nos hicieron gastar alrededor de 160 millones de bolivianos en el referendo, te dicen que tu opinión no vale. Entonces, ¿para qué carajos te preguntaron?  

Tal vez no saben que tú, desde el momento que te registraste para votar, eres parte del cuerpo electoral del pueblo, órgano supremo por excelencia, origen y fundamento de todos los demás órganos estatales. Por esta razón, es un derecho humano y está constitucionalmente protegido.

Sólo los dictadores no respetan el voto, mejor dicho, incluso algunos dictadores, como Pinochet, respetaron el No del pueblo porque en su consciencia saben que el binomio voto-democracia es inseparable, puesto que une voluntades individuales para hacer consensos, crear acuerdos y lograr el bien común.  

Por ello, Aristóteles, Bobbio y Rousseau coincidieron que el buen gobierno se preocupa del bien común; en cambio, el malo se inclina al bien propio, así como ahora el masismo que quiere anular tu decisión para satisfacer la ambición de poder de su jefe. 

En términos rousseonianos, el presidente Morales desconoce la voluntad general y se propone imponer su voluntad particular para darse el privilegio de repostularse hasta que le venga en gana.  
Reymi no está defendiendo un derecho humano de Evo sino un privilegio, olvidando que el principio propersona de la doctrina de los DDHH obliga al Presidente a promover, respetar, proteger y garantizar tu derecho humano a participar en las decisiones públicas; y no al revés: que tú garantices un inexistente derecho humano del Presidente. 

La ONU señala que la democracia está basada en la participación de los individuos en los asuntos de su comunidad y se expresa mediante el voto. Es decir, en democracia decidimos todos; en la monarquía, autocracia o dictadura, una sola persona; en la aristocracia u oligarquía, un grupo.

Reymi acaba de decirte que en Bolivia tu empleado público llamado Evo decide, tú no. Dinamitó el artículo 11 de la Constitución que señala que la República de Bolivia adopta para su gobierno la forma democrática participativa (referendo). 

Si esa es la idea, el masismo debiera pedir al Tribunal Constitucional anular el artículo 7 de la Constitución que establece: "La soberanía reside en el pueblo boliviano”. Y reemplazarlo por el artículo 5 de la Constitución de 1931 de Haile Selassie de Etiopía: "En el Imperio etíope el poder supremo yace en el emperador”.

El constitucionalista alemán Karl Loewenstein diría que el masismo quiere archivar la democracia constitucional y camuflar la dictadura en el Estado plurinacional. Entre ambas hay una gran diferencia: en la primera, los destinatarios del poder participan de forma decisiva en el proceso político; en el segundo, tú no decides nada y te callas. 

Si Reymi tiene razón o no, te lo dejo a vos. Pero yo saldré a la calle el próximo 10 de octubre a defender la democracia por una sencilla razón: no quiero que mis hijos vivan en dictadura. 

Andrés Gómez Vela es periodista.
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