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Dinero público para comunicar, no para la “guerra”

Dinero público para comunicar, no para la “guerra”
Dinero público para comunicar, no para la “guerra”
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domingo, 04 de febrero de 2018 · 00:05

A mediados de este mes, leí que el Gobierno central usará este año cinco millones de bolivianos para sostener una “guerra” en redes sociales. La palabra “guerra” connota que hay un enemigo a derrotar y ese enemigo es otro boliviano. El anuncio oficial se entiende como una reacción contra opositores que consideran al Gobierno también como enemigo.

Si razonamos ese anuncio a partir del significado de las palabras –pues éstas revelan o esconden el pensamiento como escribió el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein–, estamos frente a un deterioro de la democracia o ante una comprensión de ésta como un campo de batalla a muerte entre bandos irreconciliables.

Antes de confirmar una de las dos hipótesis, pienso la democracia desde la lógica de John Locke respecto a la tolerancia, que dejó en claro que los miembros de una religión no pueden ni deben tratar como enemigos a los integrantes de otra religión, y menos imponer sus creencias por la fuerza, porque Jesús nunca convocó a la violencia para expandir el cristianismo, sino llamó a convencer con el ejemplo y el sermón.  

El concepto de tolerancia anula el término enemigo porque denota convivencia entre diferentes e iguales; sobre esta visión se edificaron las libertades de culto, de pensamiento y de expresión; las cuales, a su vez, ayudaron a la humanidad a erigir un sistema político y de vida llamado democracia.

Bajo esa lógica, un Estado no puede ni debe imponer una ideología a sus ciudadanos, lo que significa que debe dejarlos en libertad de elegir. Dicho de otro modo, si una religión no puede ni debe someter a otra, tampoco un partido político puede no debe imponer a otros ciudadanos su ideología.

Mutatis mutandis, en democracia no puede haber enemigos, sí adversarios porque la democracia, que nació en Grecia y se fue amamantando de diferentes lenguas y culturas a lo largo de más de 2.500 años, fue adoptada por la humanidad justamente para evitar la violencia entre los miembros de una comunidad política.

Por tanto, si no hay enemigos, no hay guerra; sino reciprocidad en la tolerancia y respeto entre iguales y diferentes. La guerra comienza en la cabeza de una persona que concibe a otra igual que ella, pero diferente en pensamiento e interés, como a una enemiga con quien no hay trato ni contrato, sino muerte. 

Es antidemocrático, por no decir dictatorial, que un grupo de políticos, a quienes ocasionalmente les dimos el honor de representarnos, usen dinero público para imponer su ideología y armar una guerra contra otros bolivianos, cuyo único “delito” es ser diferente. 

Algo peor, es ignominioso que el masismo saque cinco millones de bolivianos de nuestros bolsillos para encender el odio entre compatriotas.

Ese dinero, si el Gobierno aún se considera democrático, debería ser destinado a tender puentes de comunicación entre mandantes y mandatarios (gobernados y gobernantes), en los términos de Dominique Wolton.

Si fuera así (suelen existir milagros también en política), las cuentas oficiales en redes sociales deberían servir para tres desafíos básicos: 

1) Compartir información y no propaganda. La información es el alimento indispensable de la opinión y la decisión, y la opinión es el fundamento de la participación.  

2) Poner en común temas o problemas públicos para fomentar la participación de la ciudadanía en las soluciones y propuestas. Democracia es participar y la participación obliga a un gobierno a la transparencia.

3) Fomentar el disenso, la deliberación y el consenso bajo la filosofía de que los adversarios negocian, pactan y cumplen sus acuerdos; en cambio los enemigos no disienten ni deliberan ni pactan, se matan.

Es ominoso que el Gobierno boliviano destine dinero público para hacer daño a otros bolivianos. Equivale a que tu hermano con quien compartiste un pan use el mismo pan para envenenarte.  

Los recursos estatales deben estar destinados a cualificar la democracia, que la adoptamos hace 35 años para redistribuir poder y no para que sea acumulado en una sola persona. 

No me explico hasta ahora,  ¿por qué los dos gobernantes bolivianos ven como enemigos a otros compatriotas?

Andrés Gómez Vela es periodista.  

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