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La Haya, la demanda y el tuit de Evo

La Haya, la demanda y el tuit de Evo
La Haya, la demanda y el tuit de Evo
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domingo, 01 de abril de 2018 · 00:02

Cuando vi el tuit del presidente Evo Morales la madrugada del pasado lunes 19 de marzo, me agarré la cabeza con las dos manos y me dije: ¡Por Dios, esto traerá consecuencias! Luego, constaté que el jefe masista es una máquina tuiteando: En 11 minutos (entre las 04.37 y 04.45) despachó seis trinos. El más desacertado, el último de la tanda antes de la apertura de los alegatos en La Haya.  

Sí, me refiero a este: “La CIJ, en el fallo sobre controversia Perú y Chile, determinó el 27/01/2014 que al momento de su independencia, Perú y Chile, no eran estados vecinos, porque entre los dos países se encontraba Charcas, que desde 1825 es Bolivia. Antofagasta fue, es y será territorio boliviano.

La primera sentencia del tuit no es más que una rememoración. La última oración es un desliz preocupante, en términos masistas hasta sería “una traición a la patria”, pues, como sostiene un amigo estudioso del tema marítimo, pone en riesgo el resultado de la demanda. ¡Ojalá no sea así!

¿Por qué es preocupante? Porque contradice el espíritu y el objeto de la demanda presentada por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).  

Recordemos. Por el Tratado de Paz, Amistad y Comercio de 20 de octubre de 1904, firmado entre Chile y Bolivia, se reconoció “del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por éste en virtud del Pacto de Tregua de 1884”. Dicho de otro modo, Bolivia entregó a Chile, a través de ese Tratado, la provincia de Antofagasta (158 mil kilométros cuadrados de territorio y 400 kilómetros de costa). Y quedó enclaustrada. 

A esta altura de la historia, en el Derecho de los Tratados, hay un principio vigente: el pacta sunt servanda (lo que se pacta se cumple de buena fe por las partes). En el caso de límites fronterizos, un tratado entre Estados es prácticamente sagrado, salvo que los Estados involucrados, ejerciendo su soberanía, decidan cambiarlo.  

Amparado en este principio del Derecho Internacional Público, Chile se ha negado, de forma constante, a una negociación con Bolivia porque, a su juicio, la reivindicación marítima pretende cuestionar un tratado suscrito hace más de 100 años y que según el derecho señalado en el anterior párrafo: las fronteras son irrevisables, cuando fueron fijadas por tratados, a fin de evitar inestabilidad e incertidumbre en los límites territoriales. 

Por esta razón, Bolivia, en su demanda, no exige la revisión del Tratado de 1904, sino pide que el Estado chileno cumpla sus ofertas de otorgar una salida soberana al mar bajo la teoría de los actos unilaterales de los Estados, los cuales hoy se constituyen en fuente de obligaciones jurídicas, según el Derecho Internacional Público. 

En otros términos, el Estado boliviano no planteó ante la CIJ recuperar Antofagasta, sino obtener una salida soberana al Pacífico fuera del territorio entregado a Chile por el Tratado de 1904. 

Tampoco Chile quiso tocar el tratado. Prueba de ello, las ofertas que hizo no pasan por territorios que eran bolivianos, sino peruanos, los cuales no están contemplados en el Tratado de 1904, sino en el Tratado de 1929, suscrito entre Perú y Chile.

No sé por qué a Morales se le ocurrió arengar, como si estuviera en una de los campos de batalla de la Guerra del Pacífico: “Antofagasta fue, es y será territorio boliviano”. Los chilenos tomaron esa declaración y la convirtieron en un argumento a su favor, el último día de los alegatos, para decir a los miembros del Tribunal de La Haya: Bolivia no está en busca de una negociación (buena fe), sino de territorios soberanos de Chile (cedidos a perpetuidad en virtud del Tratado de 1904).

¿Tomarán en cuenta esta declaración presidencial de Bolivia los miembros de la CIJ? ¡Ojalá no!  

Después que los chilenos usaron el tuit, me acordé de una confesión de Morales: “No me gusta leer#. Lo dijo cuando promulgó la Ley del Libro. También recordé el día en que se declaró “feliz y contento” de no haber ido a la Universidad. Pero mínimamente debiera haber estudiado en qué consiste la demanda que interpuso el Estado que preside. Como decimos en quechua: “chastullatapis ñawirinanqjarqja”.
 
Andrés Gómez Vela es periodista.

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