De curas, cardenales y humanos

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domingo, 17 de junio de 2018 · 01:04

Allá por los años 70, había un cura en mi pueblo que tenía mujer e hijos (curawawas, les decíamos a los changos). La gente no lo aplaudía ni lo criticaba, iba a la misa indiferente. Por eso, cuando el sacerdote Toribio Ticona, que pronto será ascendido a Cardenal, amenazó con juicio a quiénes dijeron (y dijeran) que tenía esposa e hijos, más me sorprendió la amenaza que la posibilidad de que haya amado a una prójima (en el mejor sentido de la palabra).

No me interesó comprobar si era falsa o cierta la versión que enfureció a don Toribio. Sí me preocupé de verlo en su dimensión humana, con sentimientos y pensamientos mundanos como cualquiera de nosotros. Pues, un Tatacura, como llamamos cariñosamente los quechuas a un sacerdote, es un profesional que se gana la vida intermediando entre Dios y sus criaturas, nomás que por voluntad propia prometió no probar el fruto prohibido que tanto gusta al resto.

Mi profesor de religión y moral, Severo Zamudio, hermano del colegio La Salle, solía decir que un religioso es un hombre como cualquiera que “en cuanto ve las hermosas piernas de una mujer no ve velas, sino, piernas; pero su desafío está en controlar sus instintos”.

Con él aprendí a respetar a un Tatacura no porque no tenga pareja o deseos mundanos, sino por su coherencia en su trabajo con las almas que necesitan ser liberadas de todo tipo de yugo: material o espiritual, de izquierda o de derecha. Severo me convenció que la misión era construir el cielo en la tierra y no esperar morirse pobre para irse al cielo. Eran tiempos de la teología de la liberación.

No sé si viene de esa línea el Tatacura Toribio. Parecía que sí el día después que se supo que el papa Francisco lo había nombrado Cardenal, cuando se estrenó diciendo que el “palacio de Evo” le parecía “demasiado lujo porque habiendo, en nuestra patria, falta de hospitales, educación y otros trabajos fundamentales, principales, hacer ese edificio, solamente para ostentación, no me parece bien”.

Pero parecía que no cuando el mismo Toribio olvidó días después la palabra lujo, se desdijo y señaló que el “Palacio de Evo” era parte del progreso en que se ha embarcado Bolivia en los últimos años. Ese día, percibí al hombre algo veleidoso y afecto a la fama o apegado a los famosos porque apenas apareció ante el público con su nuevo grado se declaró “amigo” del presidente Evo Morales. No está mal, finalmente uno elige a sus amigos según sus convicciones y sus semejanzas.

Creo que la amistad fue comenzada por Morales, que el mismo 20 de mayo saludó la designación a través de su cuenta en twitter: “con mucha alegría podemos afirmar que gracias a la designación del hermano Francisco, el Papa de los pobres, el pueblo de Bolivia tiene, en el hermano Toribio Ticona, a su primer cardenal indígena y obrero de la historia”.

Tras esas fraternales palabras, el lunes 28 de mayo, Morales y Ticona se reunieron, charlaron, intercambiaron sonrisas y abrazos. Días después, don Toribio declaró al periódico El Deber que “se reserva su opinión” sobre el resultado del referendo del 21 de febrero (21F) de 2016 (21F) porque el presidente del Estado Plurinacional es su amigo.

En ese momento, percibí al nuevo cardenal en una senda errática similar al que caminó su antecesor Julio Terrazas el día que fue a votar en un referendo autonómico poco legítimo.

Más allá de mis consideraciones, Morales se anotó una victoria diplomática contra la Iglesia Católica boliviana, cuya cúpula en reiteradas ocasiones pidió al Presidente escuchar y respetar la voz del pueblo expresada el 21F, y resulta que ahora su “nuevo general” borraba con su silencio la demanda.

La Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) rumió por unos días su derrota y emitió un comunicado para ratificar su “línea” política de defensa de la democracia. 

Entendí el pronunciamiento como una estrategia para prevenir cualquier división en su interior. Sin embargo, me quedé con la certeza de que en la Viña del Señor hay de todo. Ayer hubo curas que apoyaron las dictaduras, ¿por qué no tendría que haber hoy? Pero también hubo sacerdotes como Luis Espinal, que hubiera dicho a Ticona: callar sobre el 21F es lo mismo que avalar (el totalitarismo).

Andrés Gómez es periodista.

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